Reynols: el regreso de la banda inclusiva más rara y famosa de la Argentina

Reynols: Courtis, Tomasín y Conlazo
Reynols: Courtis, Tomasín y Conlazo Crédito: Nikinoto
Un sello noruego acaba de editar un monumental box set de este inclasificable grupo local, liderado por Miguel Tomasín, un músico con síndrome de Down; lo presentarán en junio, en el Malba
Sebastián Ramos
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3 de mayo de 2019  

Esta bien podría ser la historia de una banda que no existe. O la de un grupo que en una dimensión paralela llamada Minecxio es considerado como los mismísimos Beatles. Una banda que se formó antes de que sus integrantes nacieran y que en el fútil intento de etiquetarla la prensa del mundo ha inventado géneros como avant-dadá, post-Fluxus, posmodernistas sintéticos o experimentalismo conceptual, aunque probablemente la definición más cercana a su obra corra por cuenta de un fan egipcio: "Cada vez que cruzo el Nilo, pienso en Reynols". Reynols, entonces, es una agrupación argentina prolífica hasta el surrealismo: tiene más de 120 discos editados en todo el mundo.

Con fanáticos que van desde Thurston Moore -el ex Sonic Youth contó alguna vez que visitó el Parque Rivadavia para tratar de comprar sus discos- hasta Pauline Oliveros, la compositora experimental que desarrolló el concepto de "escucha profunda", pasando por Henry Rollins y Steve O'Malley, referente de un subgénero del metal como el drone doom.

Y Reynols es también una banda única, liderada por un músico con síndrome de Down (Miguel Tomasín), que el año pasado tuvo una muestra dedicada a su historia en la Mediateca de París, en el marco de un festival que trabaja sobre la música inclusiva, y que tuvo sus "quince minutos de fama" como grupo estable del programa La salud de nuestros hijos, del doctor Mario Socolinsky (para quien corresponda, un pediatra pionero en llevar su profesión a la televisión).

"La historia de Reynols comenzó antes de que empezara. Según Miguel Tomasín, Reynols nació apenas unas horas después de que naciera él, en 1964; o quizá fue tres años más tarde, cuando decidió golpear ollas y sartenes en la cocina de su familia. No importa que Anla Courtis y Roberto Conlazo, los otros dos integrantes de Reynols, ni siquiera hubieran nacido aún. Por otro lado, según Miguel también, Reynols no existe".

Así empieza "Lo que viene después de la inteligencia: la historia de Reynols" -texto incluido en el box set que acaba de editarse como una suerte de antirretrospectiva del grupo-, escrito por Marc Masters, crítico musical norteamericano, quien plantea desde un principio la imposibilidad de la existencia de una banda como esta.

¿Ciencia ficción? Por ahí ha deambulado la vida y obra de Reynols, pero aquí están Courtis y Conlazo, de carne y hueso, para hablar del monumental box set que un sello noruego acaba de lanzar, Minecxio Emanations 1993?-?2018 (que incluye seis CD y un DVD), del regreso a los escenarios del grupo después de varios años de ausencia -aunque por más no sea por dos shows en el Malba-, de la repercusión que ha tenido Reynols en el último tiempo alrededor del mundo del arte, del reconocimiento a Tomasín como una de las personalidades con síndrome de Down más destacadas por su obra y de los múltiples proyectos que seguirán ampliando la obra de su agrupación.

"Cuando empezamos todo esto el único plan era ser lo más libres posible. Y en eso Miguel nos enseñó todo, porque con el tiempo fuimos siguiendo a Miguel y terminamos fundiéndonos en una sola cosa, en un organismo", dice Conlazo, que durante un tiempo estuvo alejado del proyecto, dedicado full time a su paternidad (hoy tiene tres hijos). "Siento que Reynols tiene eso de los robots japoneses que se van armando con distintas partes. Se juntan todos y se hace algo superpoderoso. Cada uno de nosotros aporta lo suyo y Miguel, que es completamente abstracto, dispara para cualquier lado. Puede aparecer un Sandro, pero un Sandro Tomasín, que es otra cosa, y de ahí saltar a ser Evita o a algo inclasificable".

Ya que la excusa es esta suerte de antirretrospectiva hecha box set -funciona como compilado, pero el contenido es en casi su totalidad material inédito-, habrá que contar una vez más que su primer disco, Gordura vegetal hidrogenada (1995), era una cajita de CD vacía, con un texto que afirmaba: "Este CD se desmaterializó hace 15 segundos" -"un souvenir de la inmensidad, pero también una estafa", en palabras de los músicos-; que una de sus piezas más reconocidas es 10.000 Chickens' Symphony (2000), grabada en un criadero de pollos; que su primer concierto en los EE.UU. fue en el Lincoln Center de Nueva York, como parte de la Lunar Opera de Pauline Oliveros; y que en Francia fueron calificados como "grupo faro" en la integración de personas a nivel mundial.

Sin embargo, en la década del 90, cuando la banda comenzó a tener una fuerte exposición mediática, debida más a la presencia de Tomasín como líder de una banda que a la obra en sí, algunos colegas y críticos locales apuntaron contra ellos acusándolos de aprovecharse marketineramente del asunto.

"Para mí siempre es una fuente de inspiración tocar con personas con discapacidad, aunque a algunas personas les pueda parecer extraño", dice Courtis, además docente de la Asociación de Artistas Discapacitados. "Uno conoce un montón de músicos muy técnicos, que tienen mucha habilidad, pero los chicos con discapacidad tienen una conexión tan directa con el sonido que nos enseñan un montón en esa área, que no tiene tanto que ver con lo técnico sino con lo humano y lo espiritual, la cuestión del vínculo y cómo uno se expresa con la música".

Según Courtis, los proyectos como Reynols no son muchos en el mundo en cuanto a la inclusión. "Digan lo que digan, no creo que haya alguien con semejante catálogo de grabaciones como el de Miguel y por eso varias instituciones lo consideran una de las personas con síndrome de Down más reconocidas por su trabajo, como músico".

Entre los 52 temas incluidos en el box set, que tendrá su presentación oficial el 3 y 5 de junio, en el Malba, aparece "el primer tema de jazz del grupo", en el que Tomasín toca un saxo andino, hecho con cañas. "Fue la primera vez que tocaba un instrumento así y hubo críticos que lo compararon con Albert Ayler, un tipo que está a la altura de Coltrane: ?no puede ser tan free', decían".

Conlazo: -Miguel tiene eso, él te dice soy un excelente bailarín, dibujante y pintor y realmente lo es. Porque lo hace muy de adentro y con una pureza tan grande que quizá alguien que estudia pintura por 50 años necesita otros 50 para conseguir esa pureza que Miguel tiene de manera natural.

Courtis: -Para nosotros Miguel es un músico tan importante como cualquier otro músico del mundo y hablamos con conocimiento, porque tocamos con Damo Suzuki y con los Acid Mothers Temple, entre muchos otros. Miguel no tiene nada que envidiarle a nadie.

Conlazo: -Yo hacía un chiste que sirve para entender lo que es Tomasín. ¿Viste que se decía que el ser humano usa el 10 por ciento del potencial de su cerebro? Bueno, Miguel usa el otro 90 y el 10 por ciento ese le parece aburridísimo.

Los músicos cuentan que están preparando un libro y repasan algunas de sus anécdotas, que van desde una frustrada actuación en el Madison Square Garden ("Thurston Moore quería que teloneáramos un show conjunto de Sonic Youth y Pearl Jam, pero el manager de Pearl Jam se negó porque dijo que éramos muy freakies") hasta un documental especial sobre la banda producido por la BBC. "Nosotros vamos de la BBC a Lía Salgado en Canal 9, de una reseña en la revista Wire a una nota en la Para Ti. Reynols es todo eso".

Courtis: -Sí, y las cosas que no pasaron a mí entender también son obra de Reynols. Como la vez que no fuimos a lo de Susana Giménez porque querían que vaya nada más que Miguel y el padre les dijo que si no iba con la banda, Miguel no iba. Nosotros ya habíamos pensado la obra, que era ir a lo de Susana y regalarle 100 dólares, Darle plata a Susana, en su programa.

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