Ricardo Arjona: "Ahora quiero emocionarme yo"
Bate récords de venta y con "Santo pecado" persiste con su romanticismo transgresor
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NUEVA YORK.- Es alto y morocho. Lo suficientemente alto como para que se haga difícil sustraerse del hombre y concentrarse en el compositor, autor, cantante, productor, fumador de habanos -últimamente, a su pesar, también de cigarrillos-, guitarrista y muchacho guatemalteco que es Ricardo Arjona y que presenta, hoy por hoy, "Santo pecado", su última producción.
La concentración en el disco lleva al detalle, a la cuestión de la hiperracionalidad en sus letras, al amor o al desamor lógico, y también lleva a hablar de esa repetición del tiempo contado en minutos que se produce cuando da la hora con neurótica exactitud en tres de sus temas, "La nena", "Duele verte" y, por supuesto, "Minutos" (canción que él bellamente describe como "un cuadro imaginario de Dalí" en el que los minutos, ya muertos, cayeran del reloj).
De modo que, finalmente, de tanto hurgar razones, en este jardín terraza con vista a lo mejor de Manhattan, a pesar del frío -o gracias a él-, se le arranca a Arjona la siguiente confesión:
"Te digo una cosa: me gusta el asunto empírico de escribir canciones saltándome un montón de reglas. Los escritores, los cantautores o los poetas, analizando mi trabajo, podrían decir que cometo unos atrevimientos tremendos que no deberían ser. Podrían criticarme en exceso por mucho de lo que hago. Hay canciones que están sumamente estructuradas y en las que serviría como amparo decir: "Esto es el oficio". Y hay otras en las que quiero dedicarme mucho más a mi emoción. En lo musical, como casi todos los cantautores, soy un descuadrado, no respeto la cuadratura de la música y si me tengo que saltar un compás me lo salto.
-Si sos recurrente o no no te importa.
-No me importa nada. Ahora quiero emocionarme yo, aunque con algunas canciones no vaya a emocionar a nadie. Esto es como cuando en las reuniones se habla de un libro de moda y todos dicen que es fantástico y uno no dice lo contrario por miedo a quedar mal con su entorno cercano. Ya pasé esa etapa. Ahora, a un libro le exijo yo. Y si no me da un batazo emocional en las primeras 35 o 40 páginas lo mando a la basura, no me importa de quién sea. Por eso cuando me preguntan qué le diría al público para que compre mi disco pienso al revés: se trata de que una persona lo quiera porque haya algo en él que la emocione, que le haga sentir que era lo que buscaba.
-La canción "Señor juez" habla de un muchacho que le tira una piedra al presidente en "la huelga de Dolores". ¿De qué se trata?
-En época de gobiernos militares era la única pincelada de democracia que había en Guatemala. El viernes de Semana Santa los estudiantes universitarios se reunían en la plaza Central, donde la embotelladora de ron y la de cerveza llenaban dos fuentes inmensas. Uno pasaba con su vaso y tomaba todo lo que quería. Se hacían carrozas que podían ser, por ejemplo, del Congreso con los diputados, aunque todos teníamos una insistencia en disfrazarnos de mujer. En esa época yo salí de primera dama. Desfilábamos por la ciudad, borrachos, protestando por la situación sociopolítica del país. Y pasábamos por el Palacio Nacional y el presidente tenía la obligación constitucional de permanecer parado en el balcón del palacio con un vidrio blindado al frente. En la canción eso se mezcla con otra cosa que pasaba: muchos jóvenes eran llevados a juicio por agarrar una piedra y estrellarla contra el carro del presidente.
-¿Qué estudiabas?
-Ciencias de la Comunicación.
-Preguntaba porque "El problema" parece una canción psicológica o de alguien que por lo menos ha hecho terapia.
-Suena espantoso lo que te voy a decir... Cuando estudiaba Comunicación, como carrera intermedia estudié Publicidad, y mi primer trabajo fue hacer folletos farmacéuticos y luego fui creador de slogans. Esa canción tiene, de manera subterránea, un ejercicio muchísimo más de creativo publicitario que de alguien que asistió a terapia. Es como decir "Coca-Cola... la chispa de la vida". En la canción te digo: "El problema no es que mientas, el problema es que te creo". Eso, claro, lo descubro después. Pero entiendo que me amarro de las frases como una intención de golpearme emocionalmente.
-Pero hay una aceptación de la subjetividad del otro y de la propia. "El problema no es que no estés, el problema es que te extraño", tiene que ver con la aceptación.
-Lo que tiene que ver con la terapia es que en la canción hay una codependencia fuertísima, que viene a ser una de las tantas enfermedades que padece el amor para poder existir. El amor conjuga un montón de enfermedades pequeñas que en la medida en que crecen arruinan la historia, pero que hacen que el asunto tenga su chiste.
-Pero en la mayoría de las canciones de este disco hay un registro de la pérdida.
-Puede ser, puede ser. En mis canciones suele haber un desahogo de mi entorno. Por eso a veces me pasa que años después no esté de acuerdo con algunas canciones. Me pasa con "Te conozco", que hoy me parece una barbaridad, porque creo que cuando uno llega a conocer a alguien de esa manera lo único que queda es aburrirse. Líricamente, por ejemplo, "Señora de cuatro décadas" tiene cosas que no me gustan. Quizá porque no estaba pensada para un disco. Era una canción que yo cantaba en un bar en México donde iban muchas señoras de edad. Yo no tenía plata y sabía que si cantaba "Señora de cuatro décadas" me iban a llover los tragos de cortesía toda la noche.
-Era una estrategia de marketing.
-Totalmente. Era la canción que nos patrocinaba, a mí y a un amigo, los tragos de jueves a sábados.
-Pero, ¿por qué, en el presente, este nivel de pérdida?
-Yo no soy el tipo que dice: "Mira, hoy tuve una desavenencia emocional de carácter sentimental con mi pareja, permíteme un segundo que la escribo". No tengo esa capacidad. Escribo cuando las cosas ya están superadas. Ahora estoy pasando por un momento de separación y, sin lugar a dudas, hay pinceladas de eso ahí metidas, porque los divorcios no empiezan de dos semanas para atrás, empiezan mucho tiempo antes.
-¿Muchos años de casado?
-Muchos. Diez años.
-Claro, no es fácil. ¿Tenés hijos?
-Sí.
-El tema "La nena" relata un secuestro. ¿Hay ahí una preocupación personal?
-Hay el ejercicio de la hoja en blanco inventándote un mundo o transformándolo. Y hay la posibilidad de aferrarte a cualquier cosa para crear un personaje. El personaje de "La nena" tiene que ver con mi hija, aunque nunca (toca madera), por suerte, sufrió nada como eso.
-¿Tiene nueve años como la nena de la canción?
-Tenía nueve años cuando la estaba escribiendo. Fijate que estaba leyendo "Vivir para contar", de Gabo...
-(Interrumpiendo) Ese libro esta de moda.
-Sí (continúa)... y me daba cuenta de que el tipo no inventó casi nada. Macondo era una finca por la que él pasaba con su tío Aureliano cuando iba en tren. Y así, todo. Lo que hizo fue acomodar de una manera maravillosa los elementos que tenía.
-El secreto es saber contarlo.
-Exacto. Hay muchos rasgos en este disco que tienen que ver con los últimos tres años de mi vida, aunque no sé si los disfrazo un poco para transformar el mundo a mi antojo.
-Pero ¿se puede cantar lo que se quiere o el éxito condiciona esa libertad?
-Yo empecé a cantar canciones en reuniones de amigos a los 15 años para ver si podía darle un poco de solidez a mi personalidad transparente.
-¿No te veía nadie?
-Exacto. Y en esa época lo que uno quiere es tener la aceptación no tanto de los amigos, sino de las mujeres. Y a mí me costaba un trabajo impresionante. Pero me daba cuenta de que cuando agarraba una guitarra y cantaba una canción me volvía "material". Algunas hasta daban el primer paso, cosa en la que yo era malísimo.
-O sea que cantabas para que te vieran. Y ahora que cantás tanto...
-Ahora no me gusta que me vean tanto. En este cristiano conviven el intérprete, acostumbrado a todo eso, y el compositor, al que no le gusta tanto que lo vean, sino que lo dejen ver. Mantener a los dos en paz es difícil.
"Santo pecado" salió anteayer a la venta en todo el mundo, incluida la Argentina. Pero para ver a Ricardo Arjona Buenos Aires tendrá que esperar a marzo o abril, época en que hará, probablemente, un estadio. En tanto, el muchacho guatemalteco no descansa. Además de la gira promocional piensa en otras cosas. En parte sueña con hacer música para películas -quizá junto al argentino Fernando Otero, responsable en este disco de los arreglos orquestales, tipo comedia musical, de "Quesos, cosas, casas", y del aire de tango de "Mujer de lujo", entre otros-, y además está escribiendo dos novelas. Y aunque una noche 70 páginas volaron de su computadora confía en que encontrará ese final perfecto que valga la pena, una y otra vez, volver a escribir.
Discografía
- Santo pecado (2002). Lanzamiento: 22 de noviembre. Ya es disco de Oro en la Argentina y el single “El problema” está primero en el ranking en los Estados Unidos.
- Galería Caribe (2002). Con este disco realizó una gira mundial de un año de duración. Actuó ante un total de dos millones y medio de espectadores.
- Sin daños a terceros (1998). Superó las 700 mil copias a sólo dos meses de su lanzamiento. Recibió más de diez discos de Platino en América.
- Si el norte fuera el sur (1996). Fue 16 discos de Platino y 1 de Diamante.
- Historias (1994). Obtuvo 27 discos de Platino y 2 discos de Diamante.
- Animal nocturno (1992). Ganó 13 discos de Platino y 1 disco de Diamante.


