
Sin definición para la música en vivo
A casi dos años de la tragedia de Cromagnon, la mayoría de los espacios siguen cerrados o con habilitaciones precarias
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Así como en los 80 el Bar Einstein y La Esquina del Sol albergaron a Soda Stereo, Sumo y otras bandas que luego se volverían referentes de los más jóvenes, en los 90 el germen del llamado nuevo rock argentino se esparció por sitios como El Dorado, El C.O.D.O., Cemento y Ave Porco. En la década actual, el desarrollo del under, ese primer eslabón en la vida de todos los grupos, se vio paralizado, el 30 de diciembre de 2004, por la tragedia de Cromagnon. Por eso tanto la Unión de Músicos Independientes como el Sindicato de Músicos (Sadem) convocan a reunirse el próximo martes, de 18 a 21, frente a la puerta de la jefatura del gobierno porteño -Avenida de Mayo 525-, para reclamar por la pronta habilitación de los espacios.
Según el subsecretario de Control Comunal, Rafael Federico Peña, hasta el fatídico concierto de Callejeros, en el que murieron 194 personas, había una normativa que no se aplicaba. "Y después de Cromagnon la aplicación de la normativa vigente afectó a todos los lugares de hasta 300 personas que eran ámbitos de expresión artística." El decreto de necesidad y urgencia N° 3 (DNU N° 3) del ex jefe del gobierno porteño Aníbal Ibarra y la reciente ordenanza N° 878, promovida por la administración de Jorge Telerman, no hicieron más que remendar la situación de los dueños de espacios que programan música en vivo. El primero contempla una extensa lista de obligaciones en materia edilicia y de seguridad difíciles de cumplir por la exigua capacidad de inversión de los dueños de los espacios del under y el segundo incluye a los clubes y entidades barriales, quienes organizan ocasionalmente conciertos.
Un primer vistazo al circuito de bares y pubs del rock vernáculo arroja un resultado desalentador: Marquee, Salón Pueyrredón, Imaginario, Cemento, Ruca Chalten, Hangar, El Sótano, The Road y 50 espacios más que funcionaban dos años atrás debieron cerrar sus puertas o abrirlas sólo en calidad de bares. Diego Boris, presidente de la Unión de Músicos Independientes (U.M.I.), remarca las contradicciones del caso. "Si vos contás con un bar habilitado para 50 personas y tenés 49 más una que está pintando, está bien -describe-, pero si son 49 espectadores más uno que toca la guitarra, ya no, necesitás de una habilitación especial. Esta situación coarta la libertad de trabajo y afecta a asistentes, sonidistas, iluminadores, músicos, mánagers... Se ha puesto un piso muy alto que nadie puede cumplir. Si estas normas las trasladamos a los trenes y los subtes se paraliza la sociedad."
Para Peña, se le debe dar un rápido marco a las necesidades del sector. "Porque tiene que ver con el perfil de ciudad cultural, cosmopolita y dinamizadora de las relaciones humanas a través del arte que pregonamos." Sin embargo, más allá de los festivales y ciclos que organizaba la Ciudad mediante su Dirección General de Música (como Gira Mínima y Músicas de Provincia), este año no creció la oferta de conciertos promovidos por Cultura. El rock conserva el Ciclo Nuevo, pero no se sumó en forma sostenida a la programación de los centros culturales barriales.
La situación también afecta al jazz, al folklore, al tango y a las demás músicas. La puesta en vigor de la categoría de Club de Cultura (contemplada en el decreto de Ibarra) no alcanzó ni para normalizar la situación ni para que los espacios que funcionaban hasta diciembre de 2004 continuaran haciéndolo. Es más, los boliches que antes abrían la noche con un show en vivo se vieron imposibilitados de continuar con esta práctica. Son los espacios enmarcados en la categoría Clase C, que tienen al baile como su actividad principal. La música en vivo es opcional y para organizar un concierto se debe pedir autorización a la Dirección General de Habilitaciones y Permisos con 48 horas de antelación.
"Existe un problema tangible y otro subyacente", señala Hernán Greco, presidente de la Cámara de espacios con Música en Vivo (Ca.Mu.Vi.) y programador del Centro Cultural Torquato Tasso. "El tangible -agrega Greco- es que cada día se cierran más espacios. Cerró el Club del Vino, un lugar emblemático y no pasó nada. Y el subyacente, imaginémonos que mágicamente mañana habilitan todos los clubes de música. Ahí aparecerá el problema financiero por la cantidad de tributos que se deben pagar y por las deudas contraídas por los locales que estuvieron mucho tiempo sin funcionar. Nosotros iniciamos gestiones con el gobierno de la ciudad, nos asignaron 150.000 pesos para los clubes pero eso sólo sirve para achicar las deudas."
Por lo bajo, algunos legisladores coinciden en que la música no es prioritaria y que los inspectores están muy asustados porque sienten que el decreto vigente no los protege. Sin embargo, el redactor del D.N.U. N° 3, el ex secretario de Cultura Gustavo López, asegura que la norma contempla a los bares, pero se aplica sólo a los teatros.
¿Prioridad número uno?
Sergio de la Cruz, propietario de The Road e integrante de la Cámara Empresaria de Bares Culturales con Espectáculos en Vivo (Cebcev), tuvo que limitarse a abrir sólo como bar, ya que no consigue la habilitación para volver a organizar conciertos. "Hace poco hablé con la secretaria de Peña, me dijo que lo mío ya estaba, que en unos días salía la habilitación. Me contacté con Permisos y Habilitaciones y me remitieron a Planeamiento. Allí me comentaron que tienen que estudiar mi caso, que es lo mismo que me dijeron en junio del año pasado."
Para la legisladora María Florencia Polimeni, miembro de la Comisión de Cultura de la Legislatura, el tema está madurando. "Es un tema muy sensible y a los que estamos trabajando en él nos cuesta encontrar herramientas y justificarlas frente al resto de los legisladores. A veces, indirectamente, se estigmatiza la actividad. Hoy por hoy no es prioridad y no creo que nos movamos del decreto vigente por un largo tiempo."
Tanto funcionarios como legisladores coinciden en que la situación es injusta, pero que deben velar por la seguridad de los asistentes. Así es como lo insólito está a la orden del día: en un club de cultura no se puede bailar, porque no tiene la habilitación correspondiente, y si la música tienta a los cuerpos a moverse, entonces los responsables del lugar encenderán las luces y le explicarán al público que corren el riesgo de una clausura.
A comienzos de mes, la resolución 878 puso en vigor una ordenanza más antigua que el rock: data de 1910. "Afecta a los lugares que hasta ahora quedaban al margen de la regulación -comenta Esteban Agatiello, abogado de la U.M.I.-, como los clubes de barrio, que no estaban contemplados porque su actividad principal no es organizar shows. Ahora los incluyen y lo hacen de la peor manera: pidiéndoles la planificación anual de los shows que van a realizar, algo que ni siquiera tienen los grandes lugares."
La legisladora porteña Inés Urdapilleta presentó un proyecto que tiende a crear la figura de Club de música en vivo. "Todos los lugares que conocemos, como el Tasso o Café Homero, tienen algún tipo de habilitación precaria o para otros usos y esta denominación lo que hará es reunirlos y contemplar sus necesidades. Muchos son espacios donde se empiezan a mostrar los músicos nuevos y los que vienen del interior y creo que el proyecto los va a beneficiar. Los empresarios van a tener que invertir, sé que no es fácil el tema de la rentabilidad, pero hay que trabajar sobre eso."
Recientemente, la U.M.I. le envió una carta documento a Jorge Telerman e intimó al Ejecutivo a responder en diez días hábiles. "Y como no tuvimos respuesta -advierte Cristian Aldana, miembro de la U.M.I- convocamos a todos los perjudicados por la situación a reunirnos el martes en la puerta de la Jefatura de Gobierno."
Todos los consultados coinciden en que debería resolverse con prontitud la situación, pero..."hay actividades que implican un riesgo distinto -agrega el subsecretario Peña-. No es lo mismo un espectáculo de jazz, con todos sentados, que un show con escaso nivel de iluminación, por una cuestión estética, donde el público interactúa con el artista y está parado". Sí, es lo mismo, lo que no coincide es el resultado espontáneo que produce en la gente un concierto de rock y eso no hay norma que pueda regularlo.





