Sobre músicos y leyes
La música embellece la vida de la gente. Por eso, hay momentos inolvidables que nada más que la música puede lograr. No importa el género. Puede ser un aria, una canción campera, un rock, un bolero, un tango. Por eso, la música es de todos. Todos tenemos la misma sensación. Y los músicos -creadores, recreadores, intérpretes- son los responsables de que esa relación se renueve una y otra vez. Y eso va más allá de cualquier juicio de valor, estilo o gusto personal.
En 1966, cuando el desarrollo de la tecnología impulsaba a los hombres de espíritu innovador a experimentar a partir de esa nueva expresión que entonces era el rock, existió un grupo del que no queda más que su nombre en la página de algún libro. Se trata de los AMM. Un grupo definitivamente raro. Sus performances (vestían batas de laboratorio, usaban luces del teatro experimental y construían sus propios instrumentos) tenían mucho de lo que los compositores contemporáneos exploraban, con la diferencia que todo sucedía dentro de una estética rockera.
Entre los elementos caseros que utilizaban, había un pedal conectado a una radio; cuando lo hacían funcionar en los conciertos, improvisaban a partir de cualquier canción pop que emitiera la señal sintonizada. Sus recitales era eso: intervenir eso que sonaba para todos. Editaron un solo álbum "AMMusic", compuesto por dos improvisaciones, una a cada lado del long play (si alguien llegara a tener alguna grabación de ellos, habrá que empezar a creer en los milagros y, por qué no, ¡avisen!).
Hoy no están en un primer plano de la historia de la música, pero gracias a ellos se abrieron nuevos caminos. Algunos historiadores dicen que Lennon y McCartney fueron parte de su público, y que el Pink Floyd de los primeros años tuvo mucho de esa actitud desinhibida.
* * *
Un par de años después, un tal Miguel Abuelo interpretaba desconcertantes temas como "¿Nunca te miró una vaca de frente?", "Tema en flu sobre el planeta" o "Estoy aquí parado, sentado, acostado". Un tal Tango o Ramsés VII entonaba "Natural" y "Amor de primavera", y Moris se animaba a "Ayer nomás", "El oso", "Esto va para atrás".
Todos ellos, también, rompieron el molde. No eran músicos en aquel entonces. Eran artistas en busca de un modo de expresión de eso nuevo que sucedía en su tiempo, en su mundo.
De haber existido una ley del músico como la que se aprobó a fines del año último y que en los últimos días el presidente Kirchner se comprometió a derogar (ante el ex Almendra Rodolfo García, Marcelo Moguilevsky y Diego Boris, entre otros), no hubiesen podido hacer lo que hicieron. Por eso, uno de los puntos más cuestionados del nuevo estatuto fue el otorgamiento de licencias (carnet de músico) por parte de la Sociedad Argentina de Músicos (Sadem) con previa aprobación de una mesa examinadora. Por primera vez en la historia, los músicos se unieron para pedir que se diera marcha atrás con un decreto que, como mínimo, sonaba irreal (la ley fue redactada en 1958), y con muchos más puntos conflictivos.
De alguna manera, esos músicos se unieron para que cosas como las que hoy son historia puedan suceder. La música no puede delimitarse con cánones exactos. Lo mismo pasa con los músicos. Sin ellos, no sería posible ninguna maravilla.





