
Sobrevive y reinarás
Marianne Faithfull apeló a los clásicos e hipnotizó a todos
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Musa, leyenda, sobreviviente. De Marianne Faithfull se dijeron y escribieron muchas cosas, la mayoría ligada a sus días junto a los Rolling Stones, a su rol de novia del Mick Jagger de los 60 y a su estirpe social, pero sobre el escenario del Coliseo la que se paró fue una cantante de 64 años que tenía su corazón para ofrecer y un puñado de sólo 14 canciones. ¿El resultado? Memorable.
Acompañada por la guitarra de Marc Ribot, la Faithfull apareció lentamente en escena, como si sólo fuera a buscar algo que se había olvidado. Primero un breve saludo y luego "Horses and High Heels", de su nuevo álbum del mismo título, abrirían la puerta a un mundo que tuvo mucho de mágico, algo de nostálgico y bastante de clásico.
Sin artilugios ni demagogia y apenas con unas pocas palabras para introducir a cada uno de los temas, la figura icónica del swinging London construyó en sólo una hora y cuarto un clima tan íntimo como profundo y tan hipnótico como emotivo.
La voz de Marianne luce cavernosa y siempre está a punto de quebrarse. Ese hecho que, incluso, puede verse como una metáfora de su vida, mantiene en vilo a una audiencia que sabe que no asistirá a ese momento. Todo lo que se interpone entre las interpretaciones sentidas de la Faithfull y el público es su tos. Ella, sólo se encogerá de hombros y contará que aún fuma.
Para la cantante y actriz inglesa que lleva años radicada en París, cada una de las canciones son adorables. Lo dice y se aprecia en su canto. Como la guitarra del líder de Los Cubanos Postizos, Marc Ribot, que colma el ambiente de sonidos profundos y desgarradores, pero también íntimos e imperceptibles. Se luce tanto por su destreza como por sus silencios y es capaz de evocar la finura de un guitarrista de jazz y la elegancia de João Gilberto.
Ella tiene un secreto y es la facilidad de resumir una vida en un concierto. Puede cantar un tema de The Decemberists incluído en su último disco, "That’s How Every Empire Falls", y también el single con el que empezó su carrera, el mítico "As Tears Go By"; puede interpretar con dulzura "Love Song", de Elton John y cerrar el puño hacia el final de "Working Class Hero", de John Lennon; puede expulsar los demonios por la boca al cantar "Sister Morphine" ("Ya saben, esta canción la hice en los 60 con aquellos chicos") y citar a Billie Holiday en la ellingtoniana "Solitude". Puede irse aplaudida y lo hace, para luego volver sin Ribot y cantar a cappella una canción irlandesa que grabó hace años con los Chieftains.
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