
"Soy un OVNI para el mundo tanguero"
El pianista y cantante, radicado en París, estrena su disco "Murga argentina"
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Un lamento africano abre el último disco del tanguero Juan Carlos Cáceres bautizado "Murga argentina". No es un lamento casual, sino el eslabón musical que el cantante, pianista, trombonista y compositor -referente de gente como Eduardo Makaroff (Gotan Project), Flavio Cianciarulo y Ariel Prat- viene rastreando con obsesiva dedicación desde que se mudó a París en mayo de 1968.
"«Murga argentina» es un homenaje al primer grupo constituido del tango que tenía ese nombre y llegó a París antes de la guerra del catorce. Pero a la vez es el pretexto para graficar con anécdotas musicales lo que yo pienso sobre la cultura negra del tango, y apropiarme de ese pasado que no nos contaron", dice Cáceres, con el tono seco de un peleador callejero y la actitud francófila de un bon vivant, que mostrará su particular universo de milongas, candombes y murgas negras, hoy, a las 20, en el ciclo gratuito "Tango 05", en la sala A-B del Centro Cultural San Martín.
Vinculado con la cultura francesa desde niño se sumó a la ola del movimiento surrealista; participó del magma creativo del Di Tella, donde se cruzaba la vanguardia artística con la intelligentzia porteña; tocó jazz en el Bar Florida, donde los primeros beatniks de blue jeans y las chicas de faldas cortas llegaban con sus libros de Kerouac y Rimbaud; y terminó afincándose en el centro de París, desde donde proyectó su fusión de milonga negra y murga porteña.
"Paradójicamente yo estuve donde había que estar. Pensá que llegué a París en mayo del 68 y una semana más tarde cerraron la frontera. Y antes de irme, estaba en la movida del underground porteño. Circulaba por el Bar Florida y era parte de toda esa bohemia existencialista del centro de Buenos aires, entre la calle Viamonte, San Martín, y Córdoba; era habitué de lugares como el Moderno o el Di Tella; y tocaba jazz. En los ratos de ocio hacía un tango cuando ya estaban todos borrachos y terminábamos con esa barra de chicos de Belgrano jugando al póker y escuchando a Piazzolla."
-¿Cómo fue que pasaste del jazz a esta fusión de la cultura negra del tango y la murga?
-La curiosidad me llevó a la búsqueda de descubrir una ciudad y una historia oculta como la de los negros en Buenos Aires. El tango es el resultado y la consecuencia de todo lo que nos ha pasado. Pero todavía no estamos conscientes de nuestra herencia: el pasado negro, indio y gaucho, que tenemos y que forma parte de la historia oculta de la Argentina.
-¿En ese sentido, te sentís un poco como el eslabón perdido del género tanguero?
-Soy como una especie de OVNI para el mundillo tanguero, pero es porque durante un tiempo fui a contracorriente de la cosa. Finalmente esto ya está haciendo su camino y ahora, en estos últimos meses, veo que las cosas están como a punto. Ya no hay planteos sobre lo que hago, si es candombe, milonga, habanera o murga porteña. Se recibe la emoción y listo.
-Pero sí hay una reivindicación de varios artistas, como Flavio de los Cadillacs.
-No lo busqué. Hago las cosas desde un lugar del privilegio como París, pero la distancia me permite hacer un aporte y a la vez dar un mensaje nuevo al tango. Creo que en esta mezcla de la cultura negra con la murga porteña hay un potencial fabuloso.
-¿Podría ser el nuevo tango?
-Es que el tango oficial ya está constituido hace rato. Pero lo que hace gente como Flavio o Ariel Prat no, y me parece que son apuestas legítimas hacia una revisitación de nuestra identidad. Junto a otra gente formamos una movida que no trata de entrar en esa sistematización cultural de un producto para turistas. Todo el mundo tiene derecho a ganarse el filón, pero no me digan que ésa es la nueva movida del tango.





