
Spinetta o el arte de la resistencia
Recital de Luis Alberto Spinetta, presentando su último álbum, "Silver sorgo". Músicos: Luis Alberto Spinetta, guitarra y voz; Daniel Wirzt, batería; Javier Malosetti, bajo; Martín García Reinoso, guitarra, y Claudio Cardone, piano y teclados. Músicos invitados: Graciela Cosceri, voz; Mono Fontana y Rafael Arcante, teclados, Pricky Priccolo, percusión y Dante Spinetta, guitarra. Grupo soporte: Geo Rama. El sábado 29, en el estadio Obras.
Nuestra opinión: muy bueno.
Voz y guitarra, así tan solo y tan inmenso en esa austeridad, Luis Alberto Spinetta comienza su concierto con "No te busques ya en el umbral (Umbral)". Esas palabras y esa melodía, compuestas hace más de veinte años para el disco "Los niños que escriben en el cielo", producen la magia de crear un estado de suspensión. "Estás fuera de la vida, ganando y perdiendo", canta; que es un "apocalipsis de almas", recuerda. Así se ingresa en el mundo Spinetta, y todos los que poblaron el estadio Obras sienten un remanso en el alma. En medio de tan difíciles momentos, se arma un espacio diferente donde la belleza reina y el arte resisten. Mucho más adelante en las tres horas de excepción que se vivieron el sábado, el Flaco dirá que "son tiempos de resistir", poniéndole nombre a aquello que vibraba en el aire.
Dos temas más, "Ekathé I", de "Los ojos", y su homenaje a George Harrison con una despojada versión de "Don´t bother me", el primer tema que el músico recién fallecido escribió para los Beatles, conforman ese bloque acústico y elemental. El de la pura sensibilidad a flor de piel.
Luego, y ya con el resto de los músicos, comienza a desplegar los temas de "Silver sorgo", su último álbum. Tras un breve paso por "Tonta luz", lanza "El enemigo" y, otra vez, se tiene la certeza de que su música están en extraña sincronía con lo que sucede afuera. Función del arte: tomar aquello que nos abruma y transformarlo, amasarlo a fuerza de belleza. Su voz (¡qué bien canta!) se hace una por momentos con el preciso e imaginativo bajo de Malosetti. Y siguen el bosseado "El mar es de llanto" y "Ni hables", con la voz de duende de Graciela Cosceri, y el canto precioso de "Llamá y verás".
Los músicos acompañan este clima de búsqueda de refinamiento musical en el que se unen diversos orígenes y caminos en una misma ruta, transitando por la posibilidad real del encuentro de diversas músicas y estilos. La batería metronómica y potente de Wirzt, el bajo que nunca quiso tanto ser guitarra de Malosetti, la guitarra áspera de tono definitivamente rockero y casi punk por momentos de García Reinoso y los teclados y pianos llenos de sutilezas de García Cardone.
Spinetta es exigente. Con él mismo, con sus músicos, con el público. No hay tregua para los oídos. Ni concesiones fáciles. Por eso, luego de "Esta es la sombra" y "Correr frente a ti" (en el que Malosetti, hombre múltiple, aporta también coros) sigue con un tema de Fito Páez, "Las cosas tienen movimiento", grabado por Juan Carlos Baglietto en 1985; el tan pleno de groove "No me alcanza", y "Mi sueño de hoy", recientes cosechas de su inmensa discografía. Si el bajista marcó ese ritmo con intensidad inusual, merece, claro, un espacio a solas, en el que su bajo se hace más melodía que nunca y al que se suma Cosceri, en una invitación a dejarnos ir, al sueño, al país de sombras que también es nuestra vida.
La liberación
Los momentos se diferencian y el tiempo transcurre sin que, por lo menos por un rato, duela en los huesos. Fuera han quedado las especulaciones. Pero el arte aguijonea y Spinetta, otra vez casi en soledad, hace aquel "No ves que ya no somos chiquitos" (de "Madre en años luz") y "Al ver verás" (de "Tester de violencia"), acompañado, como entonces, por el Mono Fontana. Entonces, nombrada sin nombrarla la violencia, llega la electricidad total. El formato trío que había desplegado con los Socios del Desierto. Esta vez, con Wirzt y Malosetti, hace vibrar con su rock en "Tony", "La luz te fue", "Es un espejo en una sombra" y "Las olas". Es el momento de furia, donde se gana en intensidad aunque, a la par, es en donde menos se aprecia la tremenda expresividad del canto spinettiano.
Tiempo breve, contundente. Una liberación necesaria que pronto vuelve a dar paso al tono general de este recital y de este momento, en el que prima el trabajo y el arreglo de cada canción. De la maduración incesante para acercarse a la perfección. Perfección que no es frío cálculo, sino la apuesta al despliegue de la sensibilidad. De toda ella. Por eso, tanto se habla de praderas y forestas como de sombras y enemigos. Quedan aún "La verdad de las grullas", "El mundo disperso" y "Perdido en ti", nuevamente con Cosceri, tan blanca, con esa voz tan imposible, unida a la también imposible voz del Flaco.
Han pasado más de dos horas y media. Pero nadie se resigna a irse. Y la insistencia-ruego del público lo hace regresar. Primero para "Abrazame inocentemente" y luego para un clima de final y fiesta con el furioso "Me gusta ese tajo". No alcanza, claro. Y tras los redoblados aplausos y cantos, vuelve y, para que la fiesta tenga un sentido en estos tiempos en que los caminos están borroneados, recuerda a los locos, los marginados, a los que murieron por "esas balas de m..." en Plaza de Mayo, pero también a todas las cosas que seguimos amando y, con su hijo Dante sumando su guitarra, arremete con la más hermosa y feroz versión de "Postcrucifixión". Ese tema, de los también complejos tiempos de Pescado Rabioso, ese pedido a la madre del dolor, esa desolación de un final incierto, ese futuro que se desdibuja entre las manos, vuelve a sonar hoy, cantado como nunca antes, con una vigencia inaudita.
No es juego, no. Sin embargo, también hay un espacio para jugar, crear, crecer, ser mejores y más bellos. Por eso el final de redención llega con "Ana no duerme", sumando a los Geo Rama en un rap que actualiza una de las canciones inaugurales de esta cultura rock. Afuera, claro, todavía está el mundo. Pero todo parece, aunque sea por un rato, menos denso, menos oscuro. El arte resiste.
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