Steve Hackett, un músico que no acepta etiquetas
Se presenta aquí este fin de semana
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"Me he pasado la vida escuchando cómo tratan de definir la música que hago. Me lo han preguntado tantas veces... y me es imposible responder, porque es como si me pidieran que me describa a mí mismo." El que elude así las definiciones es Steve Hackett, que fue guitarrista de Genesis y está nuevamente en Buenos Aires para presentarse hoy, a las 21, en el teatro Bristol de Martínez, y mañana, a la misma hora, en el Coliseo, de la Capital Federal.
El intento de definirlo tiene, claro, su razón de ser. Luego de poner su reconocible guitarra en álbumes clave como "Foxtrot", "Selling England by the pound" y "The lamb lies down on Broadway", Hackett ha tocado con orquestas sinfónicas, se especializó tanto en la guitarra acústica como en la eléctrica, se dejó seducir por la música brasileña en "Till we have faces", formó el grupo GTR, con Steve Howe, guitarrista de Yes, volvió al blues de sus orígenes en "Blues with a feeling", recuperó a la banda que lo hizo famoso mundialmente en "Genesis revisited" y hasta, en "Sketches of Satie", una de sus visitas a la música clásica, acomodó la música que el compositor francés ideó para piano para interpretarla con guitarra y flauta.
Sin embargo, dice, éste será un show de rock, en el que lo acompañará una banda integrada por Roger King en teclados, Gary O´Toole en batería, Terry Gregory en bajo y Rob Townsend en saxo y flauta. "Es un show de rock, con temas de 1972 en adelante. Haremos una mezcla de cosas, con influencias de rock, de jazz, algo acústico y música que podríamos llamar atmosférica", define, finalmente, Hackett. Y agrega: "Es que todavía, después de todos estos años, estoy enamorado de la música. Ese es el punto".
Y este amor se reparte, básicamente, entre la guitarra eléctrica y la acústica. "Pienso que ambas son hermosas, de un modo diferente. La primera vez que escuché el sonido de la guitarra eléctrica, hace muchos años, parecía sonar tan enojada y a la vez tan satisfactoria. Era un sonido salvaje, lo más excitante que había escuchado. Esto fue a principios de los años sesenta. En 1965 escuché a Andrés Segovia tocar en guitarra con cuerdas de nylon y me abrió un mundo completo, complejo y romántico. Fue una revelación para mí que la guitarra pudiera sonar como una orquesta. Tenía 15 años, y me cambió la vida".
Hackett desgrana su manera de ver el mundo. "Todos los días pienso en la música. Ayer viajé desde Inglaterra, no dormí y se perdió mi valija en el camino. Un día de muertos vivos. Hoy, en cambio, dormí y la música apareció nuevamente en mi cabeza. Además de la buena noticia de que apareció mi valija. Dormir para mí es importante, porque muchas veces tengo sueños musicales. Escucho música en mis sueños y, a veces, si tengo suerte, puedo escribirlo y después usarlo. En el tema "The golden age of steam", de mi último disco de rock, "Darktown", de 1999, la parte del medio proviene de un sueño. Tengo sueños muy productivos."
Acercamiento informal
El contacto con la música clásica no se limitó a Satie. También colaboró con la Orquesta de Cámara de Londres, en un concierto con obras de Vivaldi para piano y, con la Royal Philharmonic Orchestra grabó, en 1997, "A midsummer night´s dream". Sin embargo, no ha tenido una formación ortodoxa en la música.
"El entrenamiento es importante si lo tomás naturalmente. Aprendí a leer música muchas veces, y aprendí a olvidarlo otras tantas. Finalmente, he descubierto que cada forma de acercamiento a la música tiene algo que ofrecer. Conozco a músicos clásicos que no pueden tocar una nota a menos que tengan la partitura delante, y eso me parece la negación del espíritu original de las primeras músicas. Bach o Haendel eran fantásticos improvisadores. Se trata de la diferencia entre un virtuoso y un compositor. Esas son palabras de Henry Miller, de un libro que venía releyendo en el avión. Lo dice en relación a otro escritor cuya manera de escribir podía aprenderse porque, según él, no tenía nada que ver con la experiencia. La formación clásica, en este sentido, aspira a producir un instrumentista virtuoso, pero incluso cuando lo logra no pueden ir más allá, porque nadie te enseña a escribir una melodía como la que hizo Mozart a los cinco años -dice, y tararea la conocida melodía-. A los 5 años, nadie podría haberle enseñado eso. Por eso, imaginate convertirte en un músico capaz de fabulosas y rápidas cadencias y no poder componer algo tan sencillo y bello. Porque la belleza está en la habilidad de poder reflejar tu optimismo en la página en blanco".
Hackett continúa con otra cita de Miller: "Sólo los tontos aprenden a zafar", que incluyó hace ya varios años en el tema "Camino royale". Para él, se trata de una filosofía simple pero eficaz que incluye el aprender a equivocarse. "Hay que tener persistencia y un toque de estupidez -dice-. Hay que estar dispuesto a ser a veces tonto, a hacer el ridículo, a tener errores, a equivocarte. Es lo que comprendieron los músicos de jazz y lo que siempre estoy tratando de enseñarme a mí mismo. Cuando cometo un error de alguna manera me felicito, porque significa que he estado tratando de hacer otra cosa, algo que puede no funcionar pero que me permite pensar qué pasa. Es importante ser capaz de empezar de nuevo y no estar tan preocupado en el profesionalismo. Es importante ser profesional, sí, pero qué hubiera pasado si Hendrix hubiera sido un perfecto profesional y hubiera desechado su espontaneidad".
Se ha visto que a Hackett no le atraen demasiado las etiquetas y rótulos. Se burla, incluso, de cómo algunas se ponen de moda por un tiempo y luego desaparecen. "Ya nadie habla de art-rock ni de theatrical rock. El rock progresivo todavía se mantiene un poco". Incluye en la ironía a la world music, claro, cuando comenta que está escuchando música folk húngara. "Antes era folk, ahora la llaman world music." El folk, de alguna manera, insiste en la charla. "Al final del día, podría decir que hago folk eléctrico, porque no me estoy fascinando por las formas nuevas", concede.
Buenos recuerdos
Steve Hackett se incorporó a Genesis en 1970, como reemplazo de Anthony Phillips, y en 1977, cuando se editó "Seconds out", y dos años después de la partida de Peter Gabriel, dejó la banda. Para entonces ya había grabado su primer disco solista, "Voyage to the Acolyte", en el que participaron algunos de sus compañeros de Genesis. Habrá varios temas de aquellos años con Genesis en estos conciertos en Buenos Aires, especialmente, aclara, aquellos en los que él estuvo más involucrado.
De esos tiempos rescata el sonido "tan inglés y europeo, con mucha influencia de la música de iglesia, especialmente en los primeros trabajos del grupo. Todavía me enamora el sonido del órgano, tan fuerte, poderoso y que me toca en algún lugar profundo del alma. Suelo ir a la Catedral de Saint Paul, en Londres, escuchar al organista practicar, muy bajito. Es fantástico, en ese lugar extraordinario el sonido parece durar para siempre, la música se une como un río que fluye, siempre y siempre".
Para este músico, su amor por la guitarra no se pone en duda cuando presta atención y se enamora de otros instrumentos. "Me fascinan muchas cosas, el sonido de las flautas, los chelos. En la pintura perfecta tiene que haber lugar para todo. El berimbau de Brasil, por ejemplo, la primera vez que lo escuchás, pensás que no tiene nada que ver con lo que vos hacés, pero la música tiene sus maneras de mostrarte que estás equivocado, que es algo muy bueno. Yo he estado muy equivocado años atrás, he sido despreciativo hacia ciertos instrumentos. Pero a lo largo de los años aprendí a amar tantos otros sonidos, porque te sirve para descubrir nuevas posibilidades."
-¿Qué opinás del rock de hoy?
-Por lo que escucho me parece que están muy apoyados en la tecnología. Los samplers y secuenciadores impiden de alguna manera la interacción de los músicos. La gente se ha vuelto muy autosuficiente con computadoras y tanta tecnología y creo que es importante la conversación musical, que los músicos interactúen unos con otros. Si no, lo que transmiten es una sensación de aislamiento.
-¿Van a tocar algo de "Sketches of Satie"?
-Haremos una sola pieza, con saxo y guitarra, porque mucha gente se confunde cuando la toco, al no conocer la obra de Satie. Es una atmósfera extraña la que crea, de una naturaleza espiritual, con ese sentimiento de París de fin de siglo. Es música que fue concebida en una atmósfera de art nouveau, con los ojos puestos en los sonidos de Africa, de India, algo de argelino también. Allí se ve la influencia cultural de los colonizados sobre los colonizadores. Como la Inglaterra de hoy, tan multirracial. Me encanta, porque la mezcla de culturas es lo mejor que le puede pasar al mundo. No todo el mundo piensa así, lo sé, y es porque la gente tiene miedo de las cosas de las que no puede enamorarse. Con los años uno aprende a dejar de lado los prejuicios y aceptar el mundo como un espacio más amplio.
Para la tarde, Hackett se ha reservado un rato para ir por las disquerías en busca de tango. "Es una música muy bella, es fantástica la combinación de cuerdas y bandoneón. Me encantaría hacer algo así. Es muy interesante y muy sexy, porque te mantiene esperando el próximo fraseo. Lo veo como un hombre seduciendo, casi acosando a una mujer. El amante presionando, avanzando, en la música, porque tenés un pulso que está contenido y de pronto se suelta, y nuevamente vuelve a retirarse. Juegan con esa tensión todo el tiempo. Es una declaración de amor constante, y a la vez es muy melancólico."
Hackett mantiene la curiosidad: "Hay que escuchar mucho para encontrar las verdaderas joyas. Como Edith Piaf, que no la podés escuchar sin llorar. Escuchás su voz y la sentís dentro tuyo, como el aire que respirás. O la tristeza de Tchaikovsky, que al oírlo estás enterándote de alguna manera de las cosas que le pasaron en la vida. O Bach, que sabés que sus hijos han muerto y el está escribiendo música, siempre escribiendo, rodeado de muerte, sintiendo la fuerza de lo inevitable".



