Tango y klezmer de primer nivel
El clarinetista argentino Giora Feidman triunfó en Berlín con su original conjunto
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Comenzó en la Buenos Aires de los años 50, animando casamientos judíos con el instrumento que su padre le enseñó a tocar como un juguete. A los 18 entró en el Colón por concurso, como clarinete solista, y a los 21 emigró tras haber sido aceptado en la Orquesta Filarmónica de Israel. Luego, su música lo puso en importantes escenarios y al lado de grandes figuras, como por ejemplo Steven Spielberg, que lo convocó para su premiado film "La lista de Schindler". Simpático, locuaz y carismático como pocos, Giora Feidman es, sin duda, la estrella internacional de la música judía klezmer y más de 3500 personas le confirmaron, en una sola noche, su éxito en Alemania, con una eufórica ovación en Berlín.
Con el mismo título de su última grabación "TanGoKlezmer" (con música de Piazzolla, Gardel y otros clásicos del tango), el clarinetista argentino se presentó días atrás en el reabierto complejo berlinés Tempodrom, interpretando, entre otros, "Libertango", "La cumparsita" y "Balada para un loco", junto al cuarteto que lleva su nombre, integrado por el talentoso uruguayo Raúl Jaurena en bandoneón, el venezolano Aquiles Báez en guitarra y el norteamericano Ken Filiano en contrabajo.
En una charla con LA NACION, minutos antes de su concierto en Berlín, el músico se refirió a la Argentina, a su personal fusión del tango con el klezmer, a la actual situación de Israel y al proceso de reconciliación entre judíos y alemanes.
-¿Qué es el klezmer?
-Son dos palabras: kli y zmer. La traducción es "instrumento de canto". Está relacionado con el cuerpo como un instrumento para cantar. El klezmer es una forma de vida, en la que se está consciente de que uno se despide de una voz interna, de una canción que se lleva adentro y que quiere salir.
-¿Cómo entendés esta mixtura con el tango y por qué este programa, "TanGoKlezmer"?
-Porque tengo que poner títulos y éste es el más acertado, pero hay una sola lengua, que es la música. ¿El título y el compositor? ¡Sacalo! Quedate con la música. No hay tango, no hay folklore, no hay música clásica. No existe música judía y música cristiana: todo es música, y así fui educado.
-¿Es especial tocar en Berlín?
-Para mí es muy importante estar acá. Es un lugar donde siento que practico humanidad, más que en ninguna otra parte. La vida me integró a la parte cultural de este país y hoy me siento verdaderamente una parte integral de Alemania, porque me aceptaron, no por el pasado sino por el presente.
-Hace un año, Wolfgang Thierse (presidente del Parlamento alemán) te condecoró por tu aporte a la reconciliación de los pueblos. ¿Qué importancia tiene la distinción?
-"Cuando cantás una canción, no se puede odiar", dice una frase alemana. Yo camino libre por este país, y hace 50 años me hubieran puesto en el horno por ser judío. Hoy, el proceso para curar las heridas entre judíos y alemanes ya terminó. Debemos compartir esta experiencia entre el judío y el alemán como un ejemplo del proceso natural entre los hombres. No es una condecoración para mí. Imagino que me eligió como representante de una sociedad entera que ama al ser humano.
-Después de tantos años fuera del país, ¿cómo es tu relación con la Argentina?
-Considero que, a pesar de llevar más de 40 años en Israel, tengo una mentalidad muy argentina. Israel fue un milagro para mi generación: después de 2000 años fue volver a la casa de la cultura de uno pero, a pesar de la fuerza y de la energía de ese milagro, mi argentinidad quedó adentro. Y es algo tan natural que ni me doy cuenta. Profesionalmente, soy un producto de la República Argentina: los primeros 21 años de mi vida los pasé allí. Siempre hubo algo hermoso allá y, cada vez que voy a actuar, me reciben como a un hijo que viene a visitar su casa. Hay muchos valores en la Argentina, claro que ahora estamos un poco mareados porque existe un problema social y económico muy grande que nos hace ver un poco oscuro esa sociedad. Pero hay muchos valores.
-¿Tenés previsto volver pronto?
-En general viajo periódicamente (cada dos años hago una gira sudamericana), pero ahora iré en junio de manera privada, porque uno de mis maestros va a cumplir 90 años, el checo Juan Daniel Skoczdopole. El Teatro Colón le hace un homenaje a quien durante muchos años fue su primer clarinete y quiero estar presente. En realidad, también estaba invitado para ir a tocar, pero por razones económicas los conciertos debieron suspenderse.
-De alguna manera, creciste en ese teatro. ¿Qué significa el Colón para vos?
-Mirá... hay muchos teatros en el mundo y yo toco en los mejores, pero el Colón es uno solo. El amor que se ha puesto para construir y conservar ese teatro, la energía que hay en el Colón, la historia que se vive allí... Es una ciudad, un mundo, ¡es algo maravilloso porque tiene que ver con tantas cosas! Como ir a comer a Pipo (en la sala contigua se lo oye a Jaurena preparando su instrumento)..., el tango... ¡Escuchá ese bandoneón!
"No podés salir de tu casa..."
- "A pesar de tener mi casa y toda mi familia, mis nietos allí, voy muy poco a Israel, porque estoy viajando todo el tiempo. Pero cuando aterricé en Francfort y vi a la gente normal, me dije: ¡Dios mío, acá me siento un ser humano! ¡No podés imaginarte lo que se vive allá, no lo sabés! No podés salir de tu casa porque si vas a un restaurante te ponen una bomba y volás. ¡Están todos locos! Viven de manera totalmente opuesta a las fuerzas naturales del ser humano y los problemas no pueden resolverse cargándole el pecho de explosivos a un chico de 16 años, para que se mate volando una aldea entera. Algo no funciona."



