
Tangos al estilo de Peter Capusotto
Originales y delirantes: La Quimera del Tango y Los Hermanos Butaca presentan sus producciones discográficas
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Si Diego Capusotto en vez de reírse al ritmo del rocanrol se dedicara a hacer el lado B (bizarro) del tango compondría este tipo de canciones para sus personajes. Sí, porque tanto La Quimera del Tango como Los Hermanos Butaca apelan al humor absurdo del tango, tocando con acidez los tópicos y el imaginario de la música ciudadana desde una óptica totalmente irreverente. Los dos grupos podrían ser la banda de Peter Capusotto y acompañar a un hipotético personaje llamado Silvio Perón.
La Quimera del Tango sale a la carga con el título del disco: La muerte del tango . El trío formado por Rodrigo Guerra (voz, guitarra, serrucho, flauta celta), Santiago Fernández (guitarra, cavaquinho, bongó) y Gonzalo Santos (guitarra) sigue dándole rienda suelta a ese lenguaje de doble sentido y en busca de malentendidos.
Para asegurarse de hacer honor al título del disco, abren con el tema "Sobre el Puch", una milonga oscura a lo Zitarroza sobre el asesino Robledo Puch; y continúan con "La muerte del tango", que empieza con la introducción de la marcha fúnebre en tiempo de dos por cuatro. En su interpretación, Rodrigo Guerra evoca a la oscuridad del Tata Cedrón y las guitarras buscan el bordoneo sucio de la guardia vieja. Con esa atmósfera solemne y de aparente seriedad (homenaje explícito a Rivero) se regodean con un humor absurdo.
En tiempo de vals, recuerdan a don Jerónimo Pérez: "Te nombro, como vos mismo te nombraste, al bajarte de un avión en movimiento". También hay tiempo para la canción "social" en el tango "Secuestro express" (una historia construida con las marcas de galletitas de la infancia): "Por ser mi vocación, dejé mi Lincoln natal/Y me vine pa la jungla, para la gran ciudad/Dejé mi Criollita por una Porteñita/Que con su Boca de Dama me supo conquistar/Con un amor yo así estaba sin locas Tentaciones, ni nada/Pero un día, una voz desde Lincoln me avisó/que mi rica Criollita desapareció".
La Quimera no se asusta con las posibilidades temáticas e inventa subgéneros como el tango cinéfilo en "El guión"; el tango Discovery, en "Tango del cangrejo", el tango aforismo en "La cuerda" y, entre tanta parodia, aparecen buenas aguafuertes porteñas como "Final de milonga". La vena oculta y rockera de estos tres músicos, que tocaron con Daniel Melingo y forman parte de Me Darás Mil Hijos y Pequeña Orquesta Reincidente, aparece patente en la letra "Universo matrioshka". El final perfecto es con Rodrigo Guerra tocando en el serrucho una versión psicodélica de "Volver".
Tangos de Verdaguer
Los Hermanos Butaca están integrados por Germán Dominice (guitarra y voz) y Carlos Senín (guitarra), autores de todas las canciones. Sus temas recrean la mística peronista y la esencia tanguera (apenas la esencia). A diferencia de La Quimera, estos hermanitos no se proponen recrear los estilos tangueros de forma depurada sino que son la excusa para construir una atmósfera de sainete y vodevil.
¿Se acuerdan de cuando el Zorzal Criollo cantaba desde foxtrots hasta bambuco colombiano? Los Hermanos Butaca siguen ese ecléctico legado para hacer tangos con estética de novela televisiva, contar historias de personajes apócrifos y reflejar viñetas urbanas delirantes, acompasadas por el tango, el twist, la bossa nova y los aires rioplatenses.
El cantante alterna sus personajes. Puede sonar estilo guardia vieja, parecerse a Ciro, de Los Piojos, o regodearse con el decir arrastrado de Calamaro. "Evita", el tema que abre el disco, es un "tangazo" dedicado a Eva Perón e "inspirado" en la melodía de "Barrio pobre". El grupo no se detiene y cambia a los aires bossa de "Canguritos de Uruguay", donde además de las guitarras criollas utilizan programaciones y otros cachivaches sonoros para deformar musicalmente cada tema.
En "El turco Jador" (historia de un travesti de Once) suenan como una banda klezmer y "En el balcón", recrean la típica para evocar una estética peronista que le encantaría al artista plástico Daniel Santoro. Los Hermanos Butaca se divierten cantando: "Quisiera ser Perón en el balcón/Y que me llore el pueblo en el cajón/Y saludar con mi sonrisa de almidón/Y cortejar a la derecha y a la izquierda popular/Y montar el caballo pinto en el cuartel/Con mi traje de coronel".
"En el Pibe del delivery" parecen rendir homenaje a Calamaro. Con Cabra, de las Manos de Filippi, como invitado cantan: "Mori, morí, morí no pierdo nada en este país. La cumbia me anestesió, me durmió el arrullo del río. Mori, morí, morí, soy el pibe del delivery". Pueden pasar de una canción casi pop a una chacarera rara y con una letra de cumbia villera en "Tus rulos bailanteros", como si la hubiera escrito Washington Cucurto. Después se enmascaran de la estética lunfarda para recordar a Rivero y gritar "¡Perra!". Sin embargo, el tema no se lo dedican a una mujer. ¿O si? La ironía del grupo sigue en otros títulos, como "La bolsita llena", "El carnicero Lolo" (¿una referencia al guitarrista de Miranda?) y "Morcilla", una canción que podría ser de Café Tacuba por su afán experimental, pero escrita por el émulo de un Peter Capusotto lisérgico.

