
Tangos con destino de clásicos
Bardos Cadeneros estrenaron sus notables composiciones en Clásica y Moderna
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Recital de Bardos Cadeneros. Hernán Lucero (cantor), Carlos Viyer (guitarras y arreglos), Pablo Budini (guitarra, requinto y arreglos), Sergio Barberis (guitarrón). Los miércoles de mayo, a las 22, en Clásica y Moderna, Callao 892.
Nuestra opinión: muy buena
El concierto de Bardos Cadeneros resultó un doble acontecimiento, por el estreno de un grupo de composiciones nuevas, que demostraron estar a la altura de clásicos legendarios y, por el otro lado, por la sola presencia de la señora Nelly Omar, sentada en primera fila y que bendijo la actuación de esta agrupación con una larga data en revisar la estética de los cantores nacionales con guitarras de los años treinta.
Hernán Lucero es un cantor que evoca las mejores lecciones aprendidas de escuchar los discos de Ignacio Corsini, Carlos Gardel y la propia Nelly Omar. Mientras que el trío de guitarras que conforman Sergio Barberis, Pablo Budini y Carlos Viyer otorgan ese característico punteo orillero, que le da personalidad a la sonoridad de Bardos Cadeneros.
Conceptualmente el grupo rastrea la huella perdida de ese tango urbano, que va recorriendo esa topografía difusa entre el campo y la ciudad, para confundirse con el color criollo que aportan tonadas cuyanas, milongas camperas y valsecitos.
En la recreación de esa atmósfera vintage y de la mano de una nueva cancionística, los Bardos Cadeneros crean su propio imaginario criollo a partir de canciones estreno, compuestas por la dupla de Hernán Lucero en música y Tute en letras y otras de Pablo Budini. La apuesta se completa con otro grupo de temas olvidados donde entran las obras camperas de Homero Manzi, perlitas de Gardel-Razzano, y hasta la colaboración entre el folklorista Raúl Carnota y el dibujante Caloi en "El tranvía de Bartolo".
Lucero es un intérprete cuya sobriedad estilística cala perfecto en esos versos de profunda sencillez y da probada muestra de ser uno de los mejores cantores de su generación, gracias a un fraseo íntimo y sensible. La herencia puntana no pasa desapercibida en su interpretación de las piezas más folklóricas: "Me dijo la cueca" y los aires de marinera de "Las líneas de tu mano".
La sorpresa llega con el estreno del tango canción "Ella de madrugada", uno de esos temas capaces de hacer llorar al más duro de los aficionados y que Carlos Gardel podría haber incorporado a su repertorio. La ovación, al final del tema, es consagratoria y provoca la fuerza emotiva de otros tangos del repertorio como "Mano blanca". Las nuevas "El vals de las sombras" y "Milonga del guitarrero", otro de los números fuertes de su repertorio, son aplaudidas a rabiar por Nelly Omar.
A mitad de show, Lidia Borda forma una exquisita dupla con Lucero para la canción "Mentiras", que muestra otra veta compositiva de Lucero y Tute. Recostados en ese repertorio nuevo y acusando recibo de la influencia y el aura que ejerció Nelly Omar en el sonido del grupo se despiden con un final inmejorable de clásicos: "Llorarás, llorarás", "Campo afuera", "Suerte loca" y "Bajo Belgrano" de Aietta-Jiménez, para cerrar un círculo perfecto de canciones.
Para la agrupación no se trata de un ejercicio de estilo. Los Bardos Cadeneros sienten el sonido criollo e intervienen en ese imaginario -una de las estéticas más sensibles y populares que dio el tango- para trazar una huella propia, gracias a un cancionero maduro y con destino de clásico.




