
Temas navideños
Se ha creído siempre -y según parece ahora, erróneamente- que las canciones navideñas eran tiernas, emotivas, saludables (especialmente saludables), gozosas, sobre todo cuando se las confía a voces infantiles. En España y en América latina el ejemplo típico es el villancico, si bien no todos son sobre temas navideños; pero cada país tiene sus nombres y les imprime su particular temperamento, sean los no‘ls franceses, los carols ingleses, los Weihnachtslieder alemanes y muchos más, según el país e idioma.
Pero he aquí que de pronto, a pocos días de esta Navidad 2003, el mundo se entera de que no es así, ni remotamente. El hecho es que un sindicato alemán de empleados de comercio dispuso pedir a los empresarios de Berlín que concedan a su personal un cuarto de hora más de descanso al día y un sobresueldo para compensarlos por trabajar ocho horas con Weihnachtslieder como música de fondo, algo que provoca, según descubrieron en la inquietante ciudad de los tilos, dolores de cabeza, mareos y trastornos del sueño. Algo así como estados de pánico. ¡Epa! ¡Ni que fueran ocho horas de música heavy con volúmenes apocalípticos!
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Pero veamos de qué nos hablan estas cancioncillas de siglos, ahora demonizadas por los berlineses. En Galicia nos cuentan que "José era carpintero ¡ay! Y la Virgen lavandera ¡ay! El niño vino del cielo en una noche lunera". Y en Aragón: "Esta noche nació el niño, entre la paja y el heno. ¡Quién pudiera niño hermoso vestirte de terciopelo". Y en un no‘l provenzal los chicos apuran: "¡Juanita, Mariana! ¡Una luz, corramos allí! Es Jesús, buena gente del campo". Y en la Argentina, de las tradiciones que cantan a la guagüita de Navidad: "Tiene el dulce niño, que ha nacido ayer, cara de indiecito, manos
de amancay" o esta zambita: "Ico, ico, ico, borriquito feo, quiero ver al niño que bajó del cielo". O de la alta inspiración poética de Luna, cuando le canta al "capullo que se hace flor y se abrirá en Navidad".
Pero, ¿qué horrores nos dicen las canciones alemanas? Aquí encuentro una... Se llama "Stille Nacht, heilige Nacht" ¿La conocen?: "Noche de paz, noche de amor..." Y aquí otra: "Weihnachtsglocken": "Dulce sonar de campanas, cerca de Navidad, vierte en todas las almas paz y felicidad" Y, por si acaso, una tercera: "La noche llegó, mas nadie durmió: Aleluya, Jesús ya nació".
Dolores de cabeza, mareos y trastornos del sueño en este 2003: los expertos en temas de salud física y mental, que tal vez descubran en ellas conflictuadas fuentes de regresiones a la infancia, tendrán la última palabra. A menos que el problema sea por exceso de contaminación ambiental, en cuyo caso las pobrecitas canciones seguirían quedando libres de culpa y cargo. De todos modos, y por las dudas, sugiero una opción al lector: o escapa de ellas y del consiguiente ataque de pánico, o se suma en su alegría a los chicos que, como todos los años, cantarán villancicos en las calles, plazas, templos, hospitales o mercados de su ciudad. Yo opto por esto último. Feliz Navidad.


