"Tengo una gran admiración por Iorio"
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El último track de Segundo y último acto de noción es la primera canción de otra persona que grabó Marti en su extensa discografía. ¿Algún tema de su hermano? No. ¿Una canción de sus tantos amigos músicos con los que trabajó, como Migue, Javiera Mena, Ezequiel Kronenberg o Juan Ravioli? Tampoco. ¿Quizás alguna composición de su padrino Luis Alberto Spinetta? Nada de eso. Para cerrar su nuevo álbum, Lucas escogió un tema de Ricardo Iorio, "En las calles de Liniers", registrado en 1991, para el disco Acido argentino .
-¿Fue un gesto provocador?
-Siempre existen distintos motivos. No fue una provocación, pero sí fue un desafío. Sabía que hacerlo iba a irritar a un montón de gente. No era un ingenuo total con respecto a eso. Todo lo que hago lo hago por una cuestión que tiene que ver principalmente con la armonía, con la melodía, con la música; después vienen la estética, la pasión y el fanatismo por distintas cosas, pero lo que me mueve básicamente es que esa canción la estuve escuchando un año entero sin parar. Imaginate que cuando salió ese disco, en 1991, tenía doce años, paraba en Sacoa y la música que circulaba era ésa. Yo tenía otra línea por mi viejo y por Emma, yo era más Red Hot Chili Peppers o Rage Against The Machine, pero Hermética sonaba donde yo me movía. Todos mis amigos tenían afiches heavies en su cuarto y a medida que ellos dejaron de escuchar esa música yo la escuchaba más. Hermética, y ese disco puntualmente, era lo que más me gustaba. También me gusta mucho Almafuerte.
-¿Se te puede considerarun seguidor de Iorio?
-Tengo mucha admiración hacia él. Me encanta cómo escribe. "En las calles de Liniers" me gusta mucho porque es como el "Avellaneda Blues" de Manal. Por esa época Hermética también había grabado un tema de Manal y la temática iba en la misma línea. Además, para mí fue un desafío divertido, porque quería mostrar más mi lado de guitarrista. No sé si a la gente le gustó la versión, pero por lo menos generó algo y, en cierto punto, me ayudó a combatir un poco el ego: el disco tenía 23 canciones mías y ya era hora de grabar un tema de otro.



