
Tony Sheridan, un testigo privilegiado
El músico participó en el ciclo y contó cómo, en 1961, conoció a los Beatles y grabó canciones con ellos
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Tony Sheridan estuvo allí, testigo y parte, en el momento en que todo comenzaba. Hamburgo, 1961. Con él, los Beatles tuvieron su primera experiencia en un estudio de grabación. Allí se ocuparon de acompañar a quien era, entonces, el cantante estable del Top Ten, uno de los clubes de la zona más oscura de aquel puerto alemán.
Vino a Buenos Aires, para participar en la Semana Beatle, que concluye hoy, y, con una copa de vino tinto en la mano, confiesa que está sorprendido de que lo conozcan en esta ciudad. Tiene 61 años y canas, pero una definitiva actitud y porte de rocker: saco de cuero, botas de punta fina y gorra de béisbol. Ha grabado unos cuantos discos en su vida. "Todos vendieron poco, pero no soy ambicioso, no me interesa vender de a miles. Lo hice, pero con la ayuda de los Beatles", dice, y parece no haber dejado que el resentimiento crezca en él.
"Hamburgo fue una verdadera escuela para muchos. Era el único lugar en el mundo en ese momento en que podías tocar ocho horas diarias, todas las noches. De esa manera podías desarrollar tus potencialidades", cuenta. Había llegado allí escapando de una formación musical tradicional. Su madre, pianista clásica, se espantó cuando vio que el niño colocaba el violín, que venía estudiando hacía años, como una guitarra. Y mucho más cuando lo vendió para comprarse una verdadera guitarra. Trueque que fue consecuencia de haber escuchado a Elvis Presley, Buddy Holly, Little Richard...
"La escuela de Hamburgo fue única, porque si tenés la oportunidad de tocar tanto no desarrollás tus potencialidades, así que todos los grupos que llegaban a Hamburgo iban a esta escuela, incluidos los Beatles, por supuesto."
Y aunque ninguno de los que circulaban por esos clubes de puerto lo supieran, allí se estaba gestando algo que revolucionaría la música popular. Fue Hamburgo, como podría haber sido otro lugar, dice. "Es un puerto, con mucha historia de actitud cosmopolita frente a la vida. Especialmente la zona roja de la ciudad; eso no era realmente Alemania. Había prostitutas, gángsters, gente no común y mucha violencia. Ahí aparecimos nosotros, jóvenes que no queríamos pelear y que teníamos mucha confianza en lo que hacíamos. Era un lugar donde todo se cruzaba, como sucedió con Nueva Orleáns y el jazz. De esa mezcla es, tal vez, de donde surge la belleza."
En esa ciudad se topó con Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Pete Best, baterista de entonces. Con ellos cuatro grabó, a mediados de 1961, varios temas: "My Bonnie", "The saints", "Why (can´t you love me again)". Nadie recuerda bien, ni él mismo, si en esa misma sesión se registró "Ain´t she sweet", cantada por Lennon, y el instrumental "Cry for a shadow". En las recopilaciones que se editaron luego del éxito de los Beatles también se incluyen dos temas ("Sweet Georgia Brown" y "Swanee river") grabados en vivo, nuevamente con Tony Sheridan, en abril de 1962, en el Hamburg Star Club.
"Yo entonces era el cantante estable del Top Ten, el que estaba todas las noches y tocaba con distintas bandas. Cuando nos conocimos, les ofrecí tocar yendo a medias. Yo tenía más experiencia. Para empezar, era dos años mayor, y eso, a los veinte, es mucho tiempo", recuerda. Lo que sí es claro es que fue "My Bonnie" el tema que despertó la curiosidad de Brian Epstein, quien, tras descubrir sorprendido que no eran alemanes (el simple figuraba como grabado por Tony Sheridan y The Beat Brothers), tomó contacto con ellos y dio por concluida la prehistoria.
-¿Llegaste a conocer bastante a los que luego serían los Beatles?
-Viví con esos muchachos durante varios meses. Día y noche. Eramos como gitanos, vivíamos todos juntos, en algún agujero en algún altillo, en el quinto piso, sin baño muy cerca. Pero no era malo, teníamos un lugar donde tocar y un lugar donde dormir. Y chicas. Teníamos todo lo que necesitábamos. Igualmente, creo que en una ciudad tan dura como Hamburgo algo nos estaba cuidando, de alguna manera, porque pudimos haber caído muy bajo. A algunos les pasó. Pero había un ángel cuidándonos. Ringo no estaba entonces en la banda; era Pete Best. Pero también lo conocí a Ringo porque fue, un poco más tarde, baterista de mi grupo, antes de unirse a los Beatles.
-¿Te seguiste viendo con ellos?
-De vez en cuando. Con Paul es siempre lo mismo. "Hola, Tony (dice, Sheridan, imitando a McCartney), cómo estás. ¿Te acordás de aquel que tocaba el bajo con tal otro. Se murió." Es curioso, hablamos de viejos tiempos y de los que ya no están. Paul es un sentimental y le gusta hablar de la gente que conocía cuando era libre, porque creo que él no se siente libre ahora.
-¿Y a Ringo?
-También lo veo de tanto en tanto. El siempre es el mismo tipo, no ha cambiado nada. Es un vago simpático, al que no le interesa demasiado tocar mejor los tambores. El sólo quiere ser Ringo y decir: "Hola, soy Ringo" (y ahora es la voz de Starr la que imita Sheridan). Sabés, cuando estaba en mi grupo, antes de los Beatles, lo hice trabajar duro. Lo llamé porque necesitaba un baterista, pero él no se imaginó lo que iba a pasarle, porque hasta entonces había tocado con varios grupos de Liverpool, haciendo su misma cosa de perezoso, tocando y mirando a las chicas. En mi grupo tuvo que trabajar, porque yo soy un poco perfeccionista. Yo le decía que tenía que ser como un reloj. Poco tiempo después se fue con los Beatles.
-¿Alguien podía imaginarse lo que iba a suceder con ellos?
-No, todos nos sorprendimos, especialmente ellos. Entonces eran un grupo de rock and roll. Luego se fueron y grabaron esas cancioncitas como "Love me do" y "Please please me". No era lo que hacían en Hamburgo, que era música con más energía, más fuerte. Recuerdo que me burlaba un poco de ellos porque habían limpiado su imagen, se habían cortado el pelo y habían cambiado las chaquetas de cuero por esos saquitos. Claro, después hicieron cosas buenísimas. Nuevo sonidos, temas increíbles y sorprendentes, pero esas primeras canciones me parecían tontas.
-¿Cuál crees que fue el secreto para que se convirtieran en lo que fueron?
-Hay un lado místico en ellos. Eran los tipos justos, en el lugar justo, en el tiempo justo, tocando las cosas justas. Algo pasa cuando gente con esa magia se junta. Yo hice mi trabajo, también; tuve una pequeña misión y la hice. Como lo hizo el que cargaba los instrumentos. No sé explicarlo mejor, pero funciona; cuando los componentes se unen en el momento justo, algo mágico sucede. No es algo lógico ni que se pueda planear. John Lennon no tenía idea, en 1961, en Hamburgo, de que él iba a tener tanto éxito. Y me alegra que no tuviera idea de la manera en que iba a terminar su vida. Era como una fuerza que los impulsaba, pero que nadie sabía hacia dónde. Pero podías percibir de alguna manera esa tremenda fuerza puesta en movimiento.
Ultimas actividades
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