
Un baterista con vuelo propio
Hoy presentará su primer disco solista, "Dahomey Dance"
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Es un baterista de fibra. Un músico que combina el sentimiento con una energía rítmica de contagiosa vitalidad. Pepi Taveira es uno de los artistas más interesantes de la escena local del jazz.
Su estilo, iluminado por la figura del gran Art Blakey, conjuga empuje con riqueza técnica. Acaba de sacar su primer disco, "Dahomey Dance", que presentará hoy en cuarteto.
El grupo, con Pablo Puntoriero en saxo alto, Paula Shocrón en piano y Jerónimo Carmona en contrabajo, suena recio y vigoroso, como la forma de interpretar del baterista que resumió su estilo como un jazz con aires de argentinidad.
"Mi música siempre va a ser jazzística pero con aires de argentinidad. El grupo no busca sonar a la manera de los grupos de Nueva York, incluso diría que ya ni siquiera yo sueno de esa manera", señaló el baterista.
Taveira es uno de los músicos que hicieron escuela en la batería de jazz. Comenzó a los diez años, con latas de galletitas Bagley y algunas cacerolas prestadas a regañadientes por su madre. Dos años después, cansados los padres del laterío, le compraron una batería Nucifor en la que todo (pie de platillo, tom-tom flotante y redoblante) salía del bombo. "No se cómo la vendí; hoy sería de colección", reflexionó dijo Taveira durante un amable diálogo.
Estudió ocho años con el gran baterista Alberto Alcalá, quien lo introdujo en el mundo del jazz, luego siguió estudiando con Oscar D’Auria, discípulo de Alcalá. De niño, su padre ponía discos de Oscar Peterson, Duke Ellington y el Modern Jazz Quartet.
Confiesa que nunca lo sedujo el rock, aunque durante sus estudios secundarios tocó en un grupo música de Hendrix, Led Zeppelin y Deep Purple. "Aunque alguna vez toqué rock, nunca me atrajo del todo. Siempre me gustó la música de los Jazz Messengers, de Art Blakey", explicó Taveira.
En 1985 cursaba el tercer año de bioquímica cuando ganó una beca para la escuela de música Berklee, en Boston. Allí estudió improvisación con el baterista Joe Hunt y con el trombonista Hal Crook, quien lo invitó a formar parte de su cuarteto.
"Ambos provocaron en mí un cambio absoluto; no sólo en mi forma de tocar sino también en la actitud, en la manera de vivir la música. Desde ese tiempo toco con alegría, lo que no quiere decir que no tome en serio lo que hago. Algo así como el trabajo de un entertainer", dijo el músico.
Dice que su paso por los Estados Unidos fue fundamental. "Es algo así como dar todo cada vez que toco", agrega.
Pero no sólo Hunt y Crook han influido en este baterista. Reconoce que el guitarrista Walter Malosetti es una influencia benéfica. "Es un gran músico que siente amor por lo que hace; también siento mucho afecto por su hijo Javier, otro músico gigante con el que compartí grandes momentos", admite Taveira, dueño de una batería Ludwig, cosecha 1974, de hermosísimo sonido.
Entre 1990 y 1994 viajó a Nueva York con una beca para la Manhattan School of Music, que dejó al conocer la escuela de músicos africanos. "Dejé todo y me puse a estudiar con ellos. Fue una experiencia muy valiosa", sentencia.
Tras ser miembro de los grupos de Walter y Javier Malosetti y de Afrojazz, Taveira decidió seguir au propio camino, aunque mantiene su lugar en el cuarteto del guitarrista.
"Intenté ser muy preciso con la elección de los músicos; Paula Shocrón es una joven muy talentosa que tiene una presencia rítmica muy marcada. Puntoriero es un saxofonista de buen sonido e ideas muy abiertas y Jerónimo Carmona es un virtuoso en el contrabajo con una memoria fuera de lo común", explica Taviera que acaba de lanzar su primer disco como líder, una placa donde el énfasis está puesto en las melodías.
"No iba a hacer un disco de tambores por ser baterista; compongo en el piano basándome en melodías. Incluso, más adelante me gustaría que se sumase una voz con percusión", añade este gran músico que se suma al grupo de jazzman que componen.




