Un cacique saltarín
Jamiroquai convirtió la noche del viernes en una fiesta; miles bailaron al ritmo de Kay y sus plumas violetas
1 minuto de lectura'
Una noche no muy fría, pero cubierta de nubes de tormenta. El cielo podría haberse convertido en lluvia, pero no lo hizo. En la sede Jorge de Newbery del club GEBA, ahí a pasitos de los bosques de Palermo, algo vibró anteayer y no fueron específicamente los truenos. Eran las casi 25.000 personas que bailaron y saltaron al ritmo de un Jay Kay (cantante de Jamiroquai), esta vez en una versión de cacique andino: con poncho multicolor estilo altiplano y sombrero de plumas violetas.
La jornada había tenido otros protagonistas. Banda de Turistas había hecho lo suyo y Dante Spinetta, que ya había sido telonero de Jamiroquai en 1997, con Illya Kuryaki, le había puesto un poco de rappeo a la escena junto con sus hermanos, Valentín -camuflado bajo una capucha negra- y Vera, que integran la banda, con temas de Pyramide , su tercer disco. Más tarde, Holy Piby le puso un acento reggae a la noche y apaciguó un poco el ambiente antes de la fiesta. Apenas terminó el reggae, una multitud se acomodó frente al escenario a la espera de la banda inglesa.
Música de fondo y 15 minutos después de la hora pautada, apareció Kay, y arrancó un show que duraría cerca de dos horas.
Con versiones extendidas que invitaban a un baile desenfrenado de clásicos, como "Alright", "Space Cowboy", "Little L", "Deeper Undergrownd", "Love Foolosophy" y "Cosmic Girl", el inglés de los sombreros plumíferos hizo saltar a parejas, amigos, jóvenes, y no tan jóvenes que se acurrucaban y tarareaban sus canciones con movimientos frenéticos.
La cancha de rugby, donde se hacen los shows, se había convertido en una discoteca dance , donde lo que prevaleció fue el baile, tanto del público como de Kay, bien conocido por sus saltos y piruetas, que arengaba al resto desde el escenario para que lo acompañara.
"La Argentina es uno de mis top 5 en el mundo", dijo eufórico después de caminar al ras de la valla que lo separaba del público, y extenderles la mano a sus fans que se amontonaban para saludarlo. Las más desesperadas fueron las chicas, que se peleaban por trepar para tocarle la mano al cacique con plumas violetas, que -además de sus obvios atributos como showman - desprende una pasión febril en la platea femenina. "Me muero, está ahí", decía una, que empujaba al resto para estar más cerca.
La banda inglesa, que visitó la Argentina por cuarta vez, tocó temas de su último disco, Rock Dust Light Star , editado a fines de 2010, y los alternó con sus clásicos de los 90. Volaron banderas argentinas, remeras y el show continuaba calentando la noche del viernes. "Una más", pedía la gente cuando la banda después de tocar "Deeper Undergrownd" se retiraba del escenario. Y, como buen músico, Kay volvió con "White Knuckle Ride" para terminar lo que sería una noche no tan fría, sin lluvia, pero cubierta de funk, dance y, sobre todo, de pasos desenfrenados.



