Un furor digital que acá no se consigue
Esta semana, la industria de la música mundial estuvo de festejo. Es que las buenas nuevas -el crecimiento en las ventas de la música grabada en 2012, leve pero crecimiento al fin, tras trece años de marcha atrás- despejaron preocupaciones y alentaron esperanzas hacia el futuro.
Las esperanzas son, mayormente, digitales. Según Ifpi (la federación internacional de la industria discográfica que presentó su informe anual el martes, en Londres), el crecimiento de las ventas globales fue del 0,3; las ventas digitales crecieron un 9 por ciento, y los download , 12 por ciento, respecto a un año atrás. El otro numero que impacta es el que se refiere a los sitios que ofrecen música en streaming por abono o suscripción (como Spotify o Deezer), que han crecido un 44 por ciento, con 20 millones de usuarios que, en su gran mayoría, según las encuestas, están muy conformes con el servicio.
La próxima semana se conocerán los números de la Argentina, según anunció Capif (la cámara que agrupa a las discográficas locales). Claro que aquí vivimos una realidad bastante peculiar. Las ondulaciones de las ventas no han seguido el ritmo internacional en los últimos años; comparado con el resto del mundo, y a pesar de la piratería, no han sido tan malos los números por aquí. Pero a partir de ahora es posible que comencemos a correr con desventaja, ya que todavía no ha llegado ninguno de los mencionados servicios por suscripción. Aunque Netflix, su pariente para cine y TV, sí desembarcó por estos lados.



