Un guitarrista con la pasión intacta
Miguel Vilanova presentó sus nuevas composiciones con espíritu rockero
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Presentación del guitarrista Miguel Vilanova, con Federico Pernigotti en guitarra, Hernán Zamora en teclados, Rafael Pravettoni en bajo, Luciano Scalera en batería y Franco Capriati en armónica como músico invitado. Próximos shows: los miércoles de este mes, a las 21, en el Velma Café, Gorriti 5520.
Nuestra opinión: muy bueno
Un concierto tocado con la gracia del entusiasmo. El guitarrista Miguel Vilanova (ex Botafogo), probablemente el guitarrista de blues más interesante de la Argentina, conserva una pasión con la que convierte a sus actuaciones en verdaderas fiestas musicales.
Su show podría definirse con las tres es: elegancia, entusiasmo y elevación.
En el ciclo que inició en el Velma Café mostró varios cambios; por ejemplo, una nueva banda, en la que mantuvo sólo al bajista Rafael Pravettoni, que sonó potente, y un repertorio más inclinado hacia el rock, pero desde el blues.
En efecto, sus nuevas composiciones dejan en evidencia las influencias de músicos como Jeff Beck, los Stones, Led Zeppelin, los Allman Brothers y, por supuesto, Pappo y Freddie King. Hay riffs, rock n roll y baladas.
El show comenzó con una especie de tributo a Pappo, "Desconfío de la vida", tocado con el estilo fresco de Mississippi John Hurt, lo cual le hizo perder ese dramatismo contenido, aunque en su canto se notó cierto tono de lejana tristeza, como un pasado superado. Luego, "Blues para mi guitarra", con arreglos al mejor estilo Muddy Waters.
Ya con la banda, hizo una versión de "Little Red Rooster", en la que combinó los arreglos clásicos con un moderno lenguaje, como también en "No quiero", un tema que se inició con una introducción de batería que desembocó en un poderoso riff. Aquí, Vilanova hizo un solo en el que, tras un penetrante ataque fue desarrollando un discurso claro y directo. Por cierto, el guitarrista tiene mensaje en su guitarra. Un músico seguro, con una gran técnica y muy creativo.
Sus temas ganaron en concisión y suenan contundentes. Hay una musicalidad que surge naturalmente de la banda y, además, su manera de cantar evidenció un progreso vertical.
Hay baladas, algunas de puro corte spinettiano, como "Astrónomo", y hasta un reggae; una apertura estilística que sirvió para reavivar su fuego interior.
Respecto del grupo, Pravettoni sobresalió no sólo como conductor rítmico, sino también como un inspirado acompañante. Sus líneas son muy abiertas y, sin descuidar el pulso, abandona la esclavitud rítmica para mostrarse como un músico con ciertas lírica.
Entre los descubrimientos que deparó la noche del Velma, estuvieron las baladas; un tipo de composición poco tocado por el guitarrista y en el que mostró buen gusto y talento para los arreglos. "No soy" es un impactante ejemplo del talento del guitarrista. Las letras de las canciones tienen un tono de fuerte actualidad, aunque la mirada no pierde el color metafísico. El guitarrista se da tiempo en el escenario hasta para pasar recetas de cómo preparar leche de sésamo, haciendo del vegetarianismo un estandarte. Y siguió la música con "Siempre es lo mismo, nena", con un interesante solo compartido por Vilanova con Pernigotti y "I m Going Down", tema de King, que salió algo precipitado.
Vilanova dejó atrás su sobrenombre, su barba y el pelo largo, pero evidentemente, lo que más resaltó es que el cambio está en su música, más directa y contundente.



