
Un mito cada vez más cercano
Acaban de salir a la venta tres álbumes del músico uruguayo Eduardo Mateo
1 minuto de lectura'
"Es nuestro ídolo, nuestro ideal. Mateo es nuestro John Lennon", decía Rubén Rada de Eduardo Mateo.
Por eso, para aquellos que creen en los milagros, en los últimos días se produjo algo que bien merecerá ser calificado como tal: se editaron tres álbumes de ese enorme artista-mito uruguayo que es Eduardo Mateo.
Se trata de "La Mosca" y de dos recopilaciones de inéditos y tomas en vivo, todos cobijados por La Máquina del Tiempo, el proyecto que abrazó en sus últimos años. A ellos se sumará, en septiembre, "Mateo solo bien se lame", su primer trabajo solista. Lo lanzará el Club del Disco, primero exclusivamente para sus socios y luego sí llegará a las bateas locales.
Maestro de maestros
Creador del candombe beat (esa cruza entre la música del Río de la Plata y The Beatles), integrante de El Kinto, maestro de maestros como los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso, Rubén Rada y Jaime Roos, percusionista y guitarrista singular, Mateo continúa dando que hablar a 16 años de su muerte.
Es que en vida estaba ahí, caminando por su Montevideo, encontrándose siempre con alguien y desde el preciso instante en que decidió abandonar la Tierra, este genial intérprete de la bossa nova y prolífico compositor que sólo llegó a editar un pequeño porcentaje de su obra, obtuvo estatus de mito. Cantautor torturado, director de agrupaciones errantes y soñador empedernido, con ayuda de sus amigos logró editar un puñado de discos, pero las huellas de su obra quedaron frescas, listas para ser descubiertas.
A partir de la investigación del principal biógrafo de Mateo, Guilherme de Alencar Pinto, que derivó en la edición del libro "Razones locas" (publicado en la Argentina en 2002), se pudo dar con una serie de tomas caseras, grabaciones de conciertos y pistas rescatadas de estudios y colecciones privadas que vieron la luz en Uruguay en 1995. Ahora, y Acqua Records mediante, se editan en Buenos Aires los dos trabajos, "La Máquina del Tiempo 3er. viaje, Ida" y "La Máquina del Tiempo 3er. viaje, Vuelta".
Estas cuidadas ediciones contienen profusos cuadernillos con textos de Alencar Pinto, todas las letras de las canciones (transcriptas de los originales del autor) y la explicación, dividida en capítulos, de cómo fueron compuestas las canciones.
Los 26 temas incluidos en estos volúmenes abarcan desde 1971 hasta 1988. Comienzan con "Kin Tin Tan", una suerte de canción de cuna que compuso en la casa de su novia Nancy Charquero (a media voz, mientras la madre de Nancy dormía) y finalizan con "Amor", extraído de una presentación en trío en El Galpón de Montevideo. En el medio están "Nene", "El son de Cynthia de Pocitos" y el tercer y último movimiento de su pieza "Ficción solar". Solo, en tríos, cuartetos, quintetos y con invitados ilustres, cada fragmento da pistas concretas para terminar de procesar el rompecabezas de su obra.
La Máquina del Tiempo fue una idea-obsesión que Eduardo Mateo abrazó a comienzos de los años ochenta y que, como el "Say No More" de Charly García, empezó a regir cada uno de sus movimientos.
"La idea central es que el tiempo es una ficción y hay una inteligencia que siempre les da pautas a los hombres de que el tiempo se va porque viene. La Máquina del Tiempo es un mensaje, es una experiencia nuclear", dijo en una oportunidad el músico. El proyecto arrancó como un concierto y dejó dos discos, "Mal tiempo sobre Alchemia" y "La Mosca". Este último es el que acaba de lanzar en la Argentina La Vida Lenta Discos.
La fobia por la muerte y el deseo de experimentar con las máquinas son los pilares de "La Mosca", lanzado originalmente en 1990, un mes antes del fallecimiento de Mateo. A años luz de la producción uruguaya de aquellos días, aún hoy el disco requiere de varias escuchas para quebrar sus intrincadas capas. "El público quedó en shock: era raro un disco de Mateo en el que éste no tocaba la percusión, con textos herméticos, agramaticales y deshumanizados y con arreglos robóticos", sostiene Alencar Pinto en la flamante edición.
Hugo Jasa, socio de Mateo en "La Mosca", recuerda cómo tuvieron que grabar el álbum en los ratos libres del estudio montevideano La Batuta. "Lo grabamos casi todo de madrugada -cuenta el tecladista y coarreglador del disco-, con instrumentos prestados y recién sobre el final obtuvimos el apoyo de un sello [Orfeo]."
Sin una computadora a mano, con una consola fabricada prácticamente en forma artesanal y unos teclados, Mateo logró transmitir la idea de futurismo y ciencia ficción, pero también dejó pistas de cómo superar la transitoriedad ("Somos eras era"). Vaya paradoja, el tema que cierra el disco es su clásico "Yulelé", canción que abre su primer álbum solista, "Mateo solo bien se lame" (1972).
Como diría el Negro Rada, queda extendida la invitación para escuchar "una bendición del cielo", el artista que abrió el camino de la música popular uruguaya ("antes de Mateo, la nada", sintetizó Jaime Roos) y dejó un legado visitado cada vez con más frecuencia.

