
Rodolfo García: un músico en el laberinto de la gestión cultural
El baterista sigue con su pasión por la música abajo del escenario
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No bien se traspasa el hall de entrada de la casa de Rodolfo García se descubre una habitación en obra, con trastos y pertenencias apiladas aquí y allá. Un problema de humedad en el techo lo tiene a maltraer a este baterista pionero del rock argentino; el músico que a mediados de la década del 60 cruzó su destino con el de un joven Spinetta, cuatro años más chico que él, y encontró un amigo musical de por vida. Pero nada dentro de este caos doméstico impide que en un rincón una pila de discos de vinilo brille con luz propia.
¿Ésos son de verdad?
Sí, de la primera edición, de 1980. Son ejemplares que me quedaron porque ése fue el primer disco de Almendra que editamos de manera independiente. Ahora por Internet los venden por miles de pesos, se han revalorizado mucho, pero yo se los doy a un amigo que tiene una disquería y los vende ahí.
El disco en cuestión es El valle interior, el último y menos recordado álbum de estudio de Almendra, toda una rareza para muchos melómanos y el de la tapa ilustrada por Eduardo Santellán, en la que el dibujante e historietista replicó el frente del Gran Hotel Villavicencio, de Mendoza.
Desde aquella época en la que Almendra se reunió con un temprano espíritu de autogestión, e incluso desde unos años antes, García fue algo más que el baterista de sus bandas. "En los últimos grupos que tuve siempre me ocupé de la parte organizativa. Arranqué con Aquelarre, porque con Almendra todo lo que tuvo que ver con el «managereo» y eso había sido un desastre, no servían ni para espiar. Cuando armamos Aquelarre, después de un par de idas y venidas decidimos repartirnos las tareas entre los músicos y en el reparto me tocó organizar un poco las cosas, conseguir las fechas. La verdad es que aprendí muy pronto y era una tarea que me gustaba hacer. Además de tocar, era como el mánager del grupo, el que hablaba con las discográficas y todo eso".
En 1989, Litto Nebbia con su impronta de padre del rock argentino e impulsor de la independencia artística con su sello Melopea, llega a la dirección del Centro de Divulgación Musical de la ciudad de Buenos Aires y convoca a García a formar parte de su equipo. "Fue mi primera experiencia en la gestión cultural y a partir de ahí me empecé a dedicar a eso de una u otra forma. Porque más allá de que a mí lo que me gusta es tocar, le encontré un sabor y hoy te diría que también me apasiona poder armar ciclos aquí y allá, tener un presupuesto y pensar en cómo utilizarlo para desarrollar mejor la música en todo el país", dice este hombre de melena canosa que desde fines de los 80 cultivó su faceta de gestor cultural en varios proyectos locales y nacionales hasta que, en junio de 2014, fue nombrado por la entonces ministra de Cultura, Teresa Parodi, titular de la Dirección Nacional de Artes.
"Cuando me lo ofrecieron pensaba que me desbordaba, porque era una dirección muy amplia, con nueve organismos estables, además de una infinidad de programas para desplegar en todo el país, desde muestras hasta programas de promoción del tango y el folklore, muchísimas tareas. De entrada asusta pensar si uno dará la talla. Pero la verdad es que me nutrió muchísimo, porque me vinculé con gente interesante de diversos géneros y de ellos uno aprende si se les presta atención. Fue una experiencia corta, porque en estas cuestiones a veces se necesita más tiempo."
Por estos días, García continúa ligado a la gestión a través del ciclo Puro Rockandroll, que programa para el teatro Roma de Avellaneda y en el que cruza a músicos consagrados con bandas emergentes.
¿Qué es lo más difícil para un músico que se mete en el entramado político y tiene que gestionar?
Creo que una de las cosas es el tema de la amistad, porque tiene que tratar con colegas y a veces hay gente que cree que porque uno es amigo y está en tal cargo va a tener el camino allanado y no va a parar de trabajar con eso. La amistad está por un lado y la tarea profesional por el otro. Yo no programo sólo por mi gusto, sino que tengo que programar para la gente. La otra cuestión complicada, y fundamental, es generar público, porque tampoco se trata de hacer un ciclo en el teatrito tal, con tal artista al que sólo van a verlo los amigos y la familia. Hay que buscar siempre la forma, dar una vuelta de tuerca más para generar público, para que ese tipo que va a ver tal espectáculo, que por lo general es de entrada gratuita, lo valore y que en una proporción de ese público despierte algo. Generar ese tipo de interés es para beneficio de todos. Es dinero bien invertido por el Estado, el artista crece y se vincula con nuevos públicos y la gente ve algo de alta calidad a lo que de no ser por este tipo de iniciativas quizá nunca podría acceder.
Imaginemos que te nombran hoy ministro de Cultura, ¿qué sería para vos lo primero que habría que hacer para el desarrollo de la música popular argentina?
-Creo que habría que federalizar cada vez más todo lo relacionada con la cultura. Pero de ida y de vuelta. Es decir, no solamente que de Buenos Aires vayan a las provincias, sino que del interior vengan para acá. Se hace, pero se debería duplicar. Tenemos que conocer qué están haciendo los artistas jujeños o los riojanos y retroalimentarnos de esa federalización. Sobre todo teniendo en cuenta que tenemos un país inmenso.
Los Amigo, el no proyecto
García otra vez está ensayando con amigos para volver a poner su energía en la música, pero sentado detrás de su batería. "En todos estos años tocaba si alguien me invitaba, pero no podía armar un proyecto propio, porque mis tareas en la gestión cultural me reclamaban actividad exclusiva."
El hombre que acompañó la obra de Spinetta de principio a fin, del iniciático Almendra a Los Amigo, el álbum póstumo que se ganó el Gardel de Oro en la Argentina y que el mes próximo competirá por un Grammy latino, recuerda entonces aquellas últimas sesiones junto a su amigo. "Ése fue el no proyecto, porque la idea era sólo juntarnos a disfrutar de tocar, pero no grabar un disco. Pero después pasó lo que pasó y hacer ese disco fue una satisfacción impresionante, mucho más pensando en todo lo que me unía al Flaco, de habernos conocido de tan chicos, de haber tenido la primera experiencia importante con Almendra y poder terminar el ciclo tocando juntos. Es un disco del que estoy muy orgulloso. El material está bueno, está tocado con mucha frescura, refleja exactamente lo que pasaba cada miércoles cuando nos juntábamos a tocar en la sala de ensayo. Esas reuniones eran esperadas, como cuando empezamos. Nos juntábamos a las siete de la tarde y en punto estábamos como soldados, nadie faltaba ni llegaba tarde, como los pibes. Cuando empezamos en mi casa, a las siete menos cinco sonaba el timbre y ahí estaba el Flaco con una guitarra en la mano y un equipo en la otra. Es un recuerdo que me quedó grabado a fuego."
Avellaneda blues y rock
El ciclo Puro Rockandroll que García programa se lleva a cabo los jueves de cada mes en el teatro Roma de Avellaneda, Sarmiento 109. Allí, cada jornada está dedicada a un músico consagrado y a una nueva banda oriunda de la zona. En octubre pasarán por este coqueto teatro restaurado el año pasado Diego Frenkel y Stereosónica (el 13), Circo Paranoico (los ex integrantes de Ratones menos Juanse) y Kolmena (el 20) y Emilio del Guercio y Jureos (el 27).




