
Un tributo a un genio olvidado del tango
Andrés Linetzky, director del proyecto
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A pesar de su edad, Andrés Linetzky tiene la experiencia y calidad de un veterano. El pianista, compositor y arreglador consiguió lo que todo músico de su generación anheló alguna vez: ser discípulo de Horacio Salgán. Pero su trayecto no terminó ahí. Al frente de la agrupación Vale Tango, que lidera desde 1999, se transformó en un requerido director musical, participó de la banda de sonido de la película de Robert Duvall "Assassination tango", y en su segundo trabajo se embarcó en la tarea casi arqueológica de recrear la obra de Agustín Bardi.
El disco "Bardi", que Linetzky está presentando junto a su grupo los lunes, miércoles, viernes y domingo, a las 22, en el local Madero Tango (Alicia Moreau de Justo y Brasil) recupera los arreglos originales, exhuma reliquias del olvido y se encarga de poner la figura de este genio olvidado en el lugar que se merece. "Bardi siempre fue el músico preferido de los músicos. Mucha gente se fijó en Piazzolla como un revolucionario, pero Bardi además de ser un vanguardista hizo obras muy populares para su época", dice Linetzky, que se suma a la lista de aficionados al Club Atlético Agustín Bardi.
Para quienes todavía no ubicaron a don Agustín Bardi -ese hombre de bigote manubrio y sombrero bombín- le pertenecen "Nunca tuvo novio", "Gallo ciego", "El abrojo", "Tiernamente" y "Lorenzo", piezas fundacionales del tango compuestas entre 1910 y 1930. Linetzky lo admira con una pasión casi futbolera, al igual que varios ilustres maestros del tango. "Troilo una vez quiso hacer un disco entero con la obra de Bardi, pero no lo pudo terminar. Salgán lo idolatra y le hizo el conocido «A don Agustín Bardi» y Pugliese le dedicó «Adiós Bardi». Era un genio", sintetiza el músico.
El respeto por Bardi le abrió la puerta de sus descendientes. La familia del músico le cedió partituras originales de todas sus obras, donde aparecieron varias composiciones inéditas. "Yo me volví loco porque era como tener un tesoro entre mis manos. Lo terrible era que agarraba un tema y era genial, agarraba otro y era genial y no podía dejar ninguno afuera. La selección del material se hizo durísima y ahí me di cuenta de que todo lo que tiene escrito es insuperable", cuenta.
El proyecto no termina acá. Linetzky sigue sacando los arreglos originales de Bardi para darles una nueva impronta o recrearlos. El secreto de la vigencia del músico es claro para el joven pianista: "Su obra es tan importante y original que llegó a resistir cien años, desde que las compuso. Encima no aprendió de nadie y creó todo un estilo para el tango".





