
Una armónica para la emoción
A punto de cumplir ochenta años, y convertido en una de las pocas leyendas vivas del jazz, sigue en actividad permanente
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PUNTA DEL ESTE.- "Me siento vivir entre una sonrisa y una lágrima", dice Toots Thielemans, el armoniquista belga que, pronto a cumplir ochenta años, encarna una de las poquísimas glorias vivientes del jazz. Su reflexión indica el grado de emocionalidad que tiene este músico amigo de Louis Armstrong y que tocó con artistas de la envergadura de Charlie Parker y Dizzy Gillespie, sólo por nombrar a dos, pues la lista sería infinita. Recientemente, en Los Angeles, Brad Mehldau tocó con él en reemplazo de Kenny Werner. "Puede llegar a ser un gran músico", opina sobre el pianista que hoy acapara la atención del mundo del jazz.
Llega sonriente con su armónica al jardín del hotel Barceló. Thielemans es un hombre de una nostalgia agradecida al que nada parece resultarle trabajoso. Todo lo hace con una sonrisa cómplice.
Habla de sus comienzos; músico por naturaleza, tocaba el acordeón los domingos por la tarde en un café, hasta que escuchó al armoniquista Larry Hadler en un film. "Decidí comenzar a tocar la armónica, pero muchos creyeron que eso era un juguete, no un instrumento", cuenta, y le hace gracia su propia revelación. Luego, en 1938, escuchó un disco de Armstrong, en Alemania. "Fue como si me hiciesen una transfusión, su música comenzó a correr por mis venas", dice, dándole un tono a sus palabras que refleja la intensa carga emocional de este hombre, que se pudo apreciar en su show, en el escenario de Lapataia, en el VII Festival Internacional de Jazz de Punta del Este.
Para Thielemans, la música es un lenguaje que tiene vocabulario, gramática y estructuras y lo demuestra cada tanto cuando un fraseo de su armónica ilustra sus ejemplos. El músico tiene una facilidad natural para hacerse entender, habla un poco de castellano, italiano, francés, el inglés lo pronuncia con claridad y, como si todo esto fuese poco,tiene la armónica con la que se expresa en el idioma de su música. De pronto, recuerda a ese músico y armoniquista excepcional que fue Hugo Díaz. "Ponga que lo respeto mucho."
Volvemos a sus comienzos. Dice que no pensaba en términos de jazz, sino de música. Su amplitud mental es ejemplar en todo sentido, ya que no reniega de géneros y cuenta que en una época rechazaba el blusset, mezcla de blues y musset (un estilo de tango balada pegajoso), pero hoy ya no, para él ahora está bien.
También guitarrista...
Durante la convalecencia de una pulmonía aprendió a tocar la guitarra y comenzó a ser influido por su compatriota Django Reinhardt. La Segunda Guerra Mundial le impide a Europa seguir de cerca la música negra de los Estados Unidos, pero en 1945 Thielemans escucha el bebop, "fue mi segunda transfusión de sangre y hoy encuentro que hay un paralelismo entre el desarrollo del jazz y el de la música brasileña; tienen la fuerza del arte", agrega.
Dos años después, en 1947, visita Nueva York con su tío y asiste a un concierto del Nat King Cole Trío y les pide tocar; tras el show participa de una jam sessiom y les gusta el timbre de la armónica.
Sonríe todo el tiempo, como si la vida resultase de las coincidencias, aunque sabe que no es así, que debió trabajar duro para ese nivel de lenguaje musical. La edad le ha dado una perspectiva de enorme vitalidad. Es músico y parece agradecido por ese don que le permitió expresarse.
Señala que el instrumento ayuda, pues su sonido sale cerca de la boca, hay poco espacio y el sound tiene carga de emoción. "El saxo suena muy abajo, la campana por donde sale el sonido de la trompeta está lejos; la guitarra tiene cuerdas, en cambio la armónica suena con el aliento, por eso es tan fuerte su carga expresiva", dice sabiamente.
En Estados Unidos es rápidamente aceptado, intervienen mucho en este veloz tránsito el fotógrafo más conocido del jazz, Bill Gottlieb, y el productor más importante de aquel tiempo en ese mundo, Bill Shaw, que lo apoya de manera incondicional.
El primer tema de jazz que grabó fue "Stardust", con un cuarteto de cuerdas, en un garaje de Bruselas. "Quedó bien, lo llegué a tocar en una gira con Benny Goodman; en el London Palladium todos lo pedían, resultó gracioso", explica con una sonrisa y una frase de aquel tema.
A Armstrong lo conoció en el norte de Europa, "me llamaba seguido "what are you doing?", me decía. Teníamos un gran feeling , era una gran persona", señala. Con Charlie Parker la relación era espléndida. "Me pedía que compartiéramos camarín y mientras no tocábamos, él dormía", recuerda.
El año pasado hizo 250 conciertos que le demandaron 101 viajes en avión, lo cual habla de lo paradójico que suena esa frase acerca de que la edad condiciona. A Thielemans los años le han dado una dorada madurez. "En febrero toco en Moscú con Gary Burton, Joe Lovano, Billy Cobhan, Kenny Werner y otros, que en este momento no recuerdo, y también toco en un disco de Fito Páez", señala este gigante de la música contemporánea.
Es el momento de las fotos y toma la armónica para hacer una versión lenta de "Giant Steps"; de pronto un pájaro canta, "Ahí esta Charlie Parker", dice y larga una carcajada. Toots Thielemans conoce la forma de vencer al tiempo: vivir en el presente.




