
Una propuesta audaz, resuelta con talento
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Presentación de Bárbara Togander, en canto, bajo, laptop y TV, Enrique Norris en piano y corneta, Wenchi Lazo en guitarra y procesadores, Ariel Naón en contrabajo, Lulo Isod en batería y Lobi Meis en Casio Tone. Los jueves de febrero, a las 21, en Virasoro Bar, Guatemala 4328.
Nuestra opinión: muy bueno
Quizá las dos palabras que mejor definan la propuesta de Bárbara Togander sean "audacia" y "talento", dos cualidades que, unidas, deparan interesantes sorpresas.
Un aire de renovación ganó el reducido espacio del Virasoro Bar con la llegada de Togander, una cantante que, además de excelente intérprete, tiene el necesario desenfado y la seguridad como para trabajar sin ataduras.
En algún punto, la propuesta involucró dos mundos: uno cuasi formal, el de Togander cantando baladas y una versión de "Monk s Dream", inefable, y el otro, el de la exploración sonora que tiene su voz como protagonista.
Por cierto, nada mejor que salir de exploración con gente avezada; Enrique Norris y Wenchi Lazo saben de construir climas, y Ariel Naón y Lulo Isod se han convertido en una sección rítmica con mucha química.
Para comenzar, el grupo con Togander en el bajo construyó una suerte de atmósfera, por momentos lindante con el free, en otros, simplemente, una forma de interacción.
Hasta aquí, la fase de exploración, a la que le siguió una balada que cantó con el único acompañamiento de Norris al piano. Su capacidad de interpretación, sin falsas posturas, logró iluminar la noche. Tanto en este tema como en las demás "paradas" baladísticas que tiene la propuesta, Togander sorprendió por cierta sensualidad distante en su modo de fraseo. Por momentos, se canta a ella misma; corta las palabras en lugares impredecibles, como guiada por un misterioso orden.
Su capacidad expresiva tiene algo también de teatral a la manera de Ute Lemper, sin embargo, no pierde frescura; más bien, gana intensidad.
En "Monk s Dream", también acompañada por Norris en el piano, cantó o contó una historia, con avances y retrocesos sobre la melodía escasamente defendida desde el piano, que recreó así un ambiente de soledad. Norris repasando apenas la frase del tema y sobre esa atmósfera se construyó el sueño de Monk.
Pero no todas fueron baladas; uno de los temas se inició con un riff de Lazo, al que se fueron sumando los músicos para crear uno de los climas más fuertes de la velada, con la Togander improvisando con la voz.
Como parte de la experiencia, la cantante también manejó el control remoto de un televisor (con más de setenta canales) que contribuyó a ese clima de caos organizado.
Esos dos mundos podrían parecer antagónicos; no obstante, es la fuerza expresiva con la que se mueve Togander la que los reúne en un solo concepto.

