
Voces para una joven generación
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Recital del grupo Oasis. Presentación del disco "Don´t Believe The Truth". Con Noel Gallagher (guitarra), Liam Gallagher (voz), Gem Archer (guitarra), Andy Bell (bajo) y Zak Starkey (batería). Anteanoche, en el Campo Argentino de Polo.
Nuestra opinión: muy bueno
"La gente trata de acabar con nosotros solamente porque estamos dando vueltas. Las cosas que hacen parecen feas y frías, espero morir antes de llegar a viejo."
Los versos del himno rockero "My Generation", compuestos por The Who en los años 60, suenan extraños en boca del bocón Liam Gallagher, ese hombre que, veinte minutos antes, cantaba "quiero vivir por siempre", desde uno de los más grandes hits de Oasis, "Live Forever". Pero en medio de esa contradicción irresoluble uno puede hallar el secreto de esta banda de británicos arrogantes que actuó por tercera vez en el país, el viernes por la noche, en el Campo Argentino de Polo y ante cerca de 45 mil jóvenes en estado de adolescencia pura: Liam y su hermano Noel le cantan a su público lo que quiere escuchar.
Ya no son los niños revoltosos de aquella primera visita a Buenos Aires (en 1998, con un concierto en el Luna Park para 6000 personas que todavía ostenta el récord de tímpanos rotos en dos horas de música al palo), pero arriba del escenario la ilusión sigue funcionando. Incluso mejor aún que cuando actuaron por segunda vez, en este mismo escenario, cinco años atrás y para poco más de 20 mil jóvenes almas.
Por eso anteanoche las entradas se agotaron días antes del show (muy a pesar de la gran oferta de conciertos de rock que ha copado la cartelera porteña en los primeros meses de 2006) y su público argentino se duplicó (gracias a una nueva generación de chicos y chicas con la testosterona y la adrenalina bien altas). Por eso también cuando Oasis cierra el show con la adaptación de "My Generation" en el siglo XXI, es cierto, esos músicos de actitud distante parecen no querer morir de viejos. Es sólo un juego, sí, pero tan lúdico como lo es al fin de cuentas el rock and roll.
La banda de los hermanitos cascarrabias que ahora cuenta con Gem Archer en guitarra, Andy Bell en bajo y Zak Starkey en batería (el mismísimo hijo de Ringo Starr que, casualmente, también integra la nueva versión de The Who), llegó para presentar su último álbum, "Don´t Believe The Truth", para muchos su mejor trabajo en la última década. Así lo entienden también los Gallagher: en una lista que no llega a los veinte temas, siete de ellos son de su más reciente placa y, el resto, los clásicos más clásicos de toda su discografía.
Desde el inicio, poco antes de las 22 del viernes con "Turn Up The Sun" y "Lyla", el grupo se muestra en plena forma, aunque una vez más el sonido no los acompañe (hay que estar bien adelante y de frente al escenario para disfrutar ciento por ciento el espectáculo, en un espacio demasiado abierto y con plateas a más de 100 metros de distancia).
Allí nomás se puede corroborar la importancia del hijo del ex Beatles en esta etapa de la banda, aunque no figure en los afiches de promoción de Oasis ni tenga un perfil elevado a la altura de los jefes del grupo. Starkey marca el ritmo acelerado desde el fondo, se encorva sobre la batería y le inyecta al resto de sus compañeros la sangre joven (y beatlesca, en este caso) necesaria para renovarse sin hacer grandes cambios.
Apenas unas lucecitas
Aquí no hay pantallas espectaculares ni escenarios movibles, apenas unas lucecitas de colores ubicadas de manera informal sobre un par de parlantes, un cantante imperturbable que mantiene intacto su look de "estrella de rock" y un puñado de canciones que se han ganado un lugar de privilegio en la historia del género. Las mismas con la que la banda arremetió sobre el final de la primera hora de concierto: "Live Forever", "Wonderwall", "Champagne Supernova" y "Rock´n´roll Star".
Oasis ya no es la "banda más grande del planeta", pero en Buenos Aires, a fuerza de canciones radiables y cierta constancia (disfrutan de girar por América del Sur), se han ganado el título de clásicos. De allí, ese mar de cabezas que se mueve de aquí para allá con cada riff de marca registrada y que obligó al grupo a detener el concierto para pedir calma.
"No intento causar una gran sensación, sólo estoy hablando de mi generación", canta una vez más Liam arrastrando cada una de las palabras hasta lo inimaginable. Es el final y el cantante más cabrón de la última década se queda inmóvil como estatua, allá arriba de las masas, con sus manos en la entrepierna, provocador.
Liam observa la multitud desde lo más alto de su arrogancia durante un par de minutos, pero no resiste la actuación, se quita por primera vez las gafas y lanza un guiño cómplice que hace suspirar a las niñas y soñar con ser alguna vez una estrella de rock a los chicos.
"¿Por qué los jóvenes argentinos deben gastar su dinero en el concierto de Oasis y no en el de los Rolling Stones o el de U2?", se le preguntó a Noel en diálogo con LA NACION, poco antes de su llegada al país. "Porque son jóvenes", sentenció el líder y compositor natural del grupo. Y, en cierta medida, tenía razón.
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