
Nelly Omar, la gran voz de la canción argentina
El público la bautizó "La Gardel con pollera". Cantará el jueves, en el Alvear
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Inteligente, fresca, vital, sensible, sincera, con gran sentido del humor, Nelly Omar nos habla de la música y de su vida. En ambos se explaya como una confidente. Pero pide discretamente que lo personal no se divulgue. Su desparpajo para decir lo que siente hace perfectas migas con su recato de persona seria y confiable.
En la mesa pide una gaseosa.
"Hay que conservar la línea", dice con una sonrisa la exquisita dama mientras recuerda los viejos tiempos.
"Un té con leche con masas..., nada mejor para la tarde. Pero ya no se ofrece en ningún lugar. Para practicar ese buen rito ya no están ni El Molino ni Las Violetas, la Richmond, La Ideal. No me puedo acostumbrar a estos cambios. Tengo mucha añoranza de aquellos tiempos idos."
- Pero usted se adapta con señorío a estos años...
-Me adapto con facilidad, quizá porque me resisto a envejecer.
Nelly nos entrega en obsequio su último disco. "Por la luz que me alumbra" es el tango de Héctor Oviedo yOsvaldo Tarantino, que da nombre al registro. Es de 1998, año triste para ella porque perdió a su amado compañero. Pero él se llevó, en el tributo de Nelly -porque también pudo escucharlo, y aquí quedó grabado-, el tango que Oviedo compuso con F. Agüero.
"Y todavía sigo cantando, ¡y me contratan! ¿Qué más quiero?"
La vida de esta cantante y también compositora, arranca en Guaminí, provincia de Buenos Aires, un 10 de septiembre. Hoy, con setenta años de canto se la ve espléndida, como si tuviera incluso menos que esa edad.
"Mi vida artística fue muy rica. Me codeé con todos los grandes artistas de las primeras décadas. Tuve ese privilegio. Todo lo que le cuento es real. Incluso desdeñé ofertas, como la que me hizo la Compañía de Blanca Podestá, porque les gustaba mi estampa y mi voz. Yo no quise desempeñarme como actriz. Soy una enamorada del canto. Dios me dio la varita mágica para seguir cantando..."
- ...desde tiempos de Gardel.
-Lo conocí en 1918, pero mi debut fue en 1932, en Radio Splendid. Nosotros habíamos venido de Guaminí cuando murió papá. Con él habíamos escuchado un programa por esas radios que estaban juntas: Rivadavia, Splendid y Mayo. Se llamaba "Cenizas del fogón" y estaba a cargo de don Montiel. Yo le dije a mamá que quería actuar allí. Un día me aparecí por la radio y me recibió su director artístico, el señor Delledique, que era violoncellista. "Yo canto cosas criollas y tango", le dije. Y él me buscó una guitarra. Le canté una zamba. "Baje un tono", me insinuó. Después canté el tango "Barrio viejo". "Baje medio tono", insistió. Y agregó: "Usted tiene voz de contralto y debe cantar en esa tonalidad para no forzar su garganta". ¡Fíjese qué hombre de radio había en ese tiempo! Entonces me dijo: Venga esta tarde a las 6; le voy a presentar a los dueños de la radio. A esa hora había cuatro guitarristas, y canté el estilo "A mi madre". Terminada la prueba me preguntan: ¿Se anima a cantar esta noche? Canté y me quedé allí tres años.
- Eso ocurría antes que Atahualpa Yupanqui asomara.
-Claro. El era un hombre muy solitario. Sabía lo que quería, como yo. Pero no se entendía bien con la gente. La cosa es que después me contrataron en Splendid, junto a Enrique Muiño. Tuve tanta suerte que me dijeron que avisara cuando volvía de vacaciones para retomar el programa. Yo era jovencita y pobre. Ni me pintaba. Tengo recuerdos inolvidables de aquella época.
- ¿Su primer escenario fue la radio?
-No. Un año antes de la radio, en 1931, debuté en el teatro Argos, de Federico Lacroze y Alvarez Thomas. Allí me escuchó cantar Corsini, que cantaba por Splendid, y me contrató. Se ve que yo cantaba muy bien porque me ofreció sus guitarristas. Fuimos amigos espirituales hasta que murió. Amigos en el verdadero y respetable sentido de la palabra.
- Nelly ¿qué cantaba usted?
-Estilos, milongas, cifras y tangos camperos, como "Lonjazos" y "Cruz de palo", de Cadícamo y Barbieri. Yo me inicié grabando temas que cantaba Gardel. Había escuchado sus discos y allí aprendí. A mí el público me bautizó "la Gardel con polleras". Fue en 1938. ¡Claro! Yo hacía ese repertorio. Un día decidí apartarme de esos temas y elegir otros para renovarme. Así canté el tango "Nobleza de arrabal", de Canaro y Manzi, la milonga "Tu vuelta", el vals "Parece mentira", el estilo "Suena, guitarra querida", de Gardel y Razzano.
- Usted carga toda una historia.
-Conocí mucha gente importante de entonces. A Rita Montaner, al trío Demare-Irusta-Fugazot, a Patrocinio Ríos, Martha de los Ríos, Margarita Palacios. Estudié arte escénico con Milagros de la Vega, danza con Irma Villamil, música con el maestro Rubbione y canto con Julián Viñas, que era maestro en el Teatro Colón. Tuve la suerte de aprender a tocar la guitarra con Héctor Ayala, compañero de Roberto Grela. Y de que me acompañaran los mejores guitarristas del país: Prudencio Giménez, Alfonso y Zavala, Baez y Casao (también compañeros de Grela). La única pena que me quedó es que nadie me vio para una película. En cine sólo puse la voz en "Mi vida por la tuya", que dirigió Gabaldon (él, que era mexicano) me preguntó por qué razón no actuaba; que en México él me daría papeles. Yo le dije que prefería quedarme en mi país. También Eduardo Morera me dio la oportunidad de cantar el tango "El aguacero" en la película "Melodías de América".
- ¿Cómo y cuándo llegó al disco?
-Francisco Canaro fue el que me dio la primera oportunidad, en 1946. Grabé diez obras. Después, en 1950, grabé un disco criollo, "El farol de los gauchos", junto al conjunto de Grela, de quien fui muy amiga. Después grabé ocho discos en Magenta y dos en Odeón: uno con Canaro y otro con Grela. Y sobrevino la caída de Perón.
- ¿Qué pasó?
-Que fui y soy peronista. Yo había grabado los temas "La descamisada" y la marcha "Es el pueblo". Y fui y lo soy, porque estoy del lado de la gente de trabajo, de los pobres. Yo conocí a Perón. El tenía las mejores intenciones. Muchos no conocen bien lo que fue. El y Eva me querían, me respetaban. Yo era paupérrima, pero sana. No escondía nada. Conocí a Eva antes de lo que fue, en el aeródromo de Quilmes. Yo y ella, que entonces tenía 17 años, íbamos allí porque queríamos ser aviadoras. Los amigos de papá y mis hermanos lo eran. Me encantaban los aviones. Pero mi madre me insistió: prefiero que cantes; ésa es tu vocación. Y sigo creyendo que este país necesita de una mano fuerte para que los ladrones, sobre todo los de arriba, estén presos.
- ¿Compuso algo?
-Sí. tengo algunas obras. Yo empecé a componer cuando estudiaba piano con Rubbione. Después seguí cuando me acompañaba el conjunto de guitarras de José Canet, que era un excelente arreglador. Con él tenemos varias obras. El primer tema que compuse a los veinte años era un vals y se tituló "Sólo para ti". Más tarde hice un bolero: "Montoncito de arena", y una milonga: "Pa´ Dumesmil". Con Canet tenemos la milonga "Como el clavel y la rosa". Yo me entendía con la guitarra y el piano. Siempre ensayé en casa. Lástima que tuve que vender el piano para pagar deudas. Ahora trato de conseguir uno para entretenerme.
- Usted prefirió quedarse en el país.
-Mire, soy nacionalista en el mejor sentido. Quiero a la gente de aquí. Quiero que esté bien; que tenga trabajo, qué comer y salud. Sé lo que son las privaciones porque cuando murió papá los abogados se comieron toda la plata, y me apena esta desocupación. Incluso a los tangueros nos cortaron el trabajo. Se hicieron grandes festivales pero a nosotros se nos tuvo olvidados. Y, como no hay trabajo, el nivel artístico se ha venido abajo. Ahora, por suerte, con esta movida del tango podré cantar en el teatro Alvear el jueves, junto a las cinco guitarras de Carlos Juárez. También llevo el presentador Rubén Reale. Me invitaron de la Secretaría de Cultura municipal. Y a través del mismo señor Villalba Welsh iré la primera semana de mayo a París, junto a los integrantes del grupo "El arranque". Allá me atreveré a cantar un fox trot que grabó Gardel,"Oh! París", como un gesto de simpatía hacia el pueblo parisiense.
Ella se llama Nilda Elvira Vattuone. Es de Guaminí. Se autobautizó Nelly Omar porque sí. Largas ocho décadas de prestigio la coronan día tras día. Y sigue manteniendo la misma llama de la pasión por lo auténtico de la música nuestra y el canto. Quisiera tener treinta años menos para hacer conocer el viejo cancionero.
"No tengo enemigos. A mí me sostiene el cariño de la gente."
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