
Acabo de masturbarme viendo a Leticia Brédice por razones estrictamente profesionales. Probé infinidad de métodos para medir el sex appeal de las mujeres
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Estoy ahora en el living de Marisa Brédice, su hermana mayor, en Villa Urquiza, un ambiente colorido, cubierto de tules y papelitos pintados; en uno de e-llos, alguien escribió "todos somos hermosos". Mejor evitar hacer mención de mis métodos. Esta clase de cosas puede hacer que tu nota pise una cáscara de banana y se vaya a la basura.La casa es la misma donde la actriz, que acaba de debutar como cantante, pasó buena parte de su infancia. Sobre la terraza protagonizó sus primeras obras de teatro barriales. Una amiga, Analía, guarda los cortometrajes donde ya interpretaba a mujeres y hombres por igual. Este es el lugar adonde aún viene Leticia cuando busca consuelo y tiene ganas de llorar.Si estiro el brazo para beber el té helado de duraznos, le rozo las rodillas a Nora, su mamá, bonita, delicada, de anteojos y pantalones. Llegué hasta la casa familiar buscando respuestas. Llegué hasta aquí advertido, con cautela. Una editora que cubre la farándula me dio esta clave esencial para entender a Leticia Brédice: "Está básicamente loca".Todos tienen una buena historia para contar. En Punta del Este, una redactora se acercó a pedirle una entrevista: "Quiero hablar con vos", le dijo. Leticia le tomó la cara y le acercó los labios; por un segundo, la redactora respiró de su mismo oxígeno: "Yo también, linda". En una entrevista para la televisión, durante el estreno de El día que me amen, la actriz contestó una pregunta de un modo muy curioso: hizo un buche y lo escupió a sus pies como un sifón. En la entrega de los premios mtv, en medio de la alfombra roja, rió a cámara y se plantó un dedo entre las nalgas. (La Bersuit hizo una parodia de esa escena en un número posterior de Rolling Stone.) Poco después, ingresaba con suma diplomacia en los camarines junto a los Catupecu Machu. Una hora más tarde, las puertas se abrieron y emergió aullando. Los testigos que interrogué compararon la escena con la suelta de toros en las celebraciones de San Fermín. Vicentico, que esa noche recibió un galardón, hizo su propio balance: "No sabía dónde meterme. Me dio vergüenza ajena. Jamás me juntaría con esa gentuza"."¡Esa chica no hila las frases!", me previno una agente de prensa. "Le preguntás la hora y te contesta: «La gaviota tiene un vuelo rasante, pero sólo toca el agua cuando busca algo para comer». Ojalá te toque en un día sensato y pienses que soy una exagerada." "¿Y si no es un día normal?", pregunto. "Ojalá que sea normal."
Marisa Bredice, profesora de teatro, es la versión exacta de Leticia con tres hijos y diez años más, tal como uno imaginaría a la actriz en el futuro si su vida fuese disciplinada. Marisa se pone de pie y agita una acuarela con una luna plateada en cuarto menguante. "¿Ves? Leti además pinta", dice. Luego, recoge una mancha multicolor con la leyenda "Sos la reina mariposa", y también la agita. Entonces las mira con detenimiento, como si acabara de comprender algo, y se encoge de hombros: "No importa, empecemos".La visita es altamente productiva. Al cabo de 90 minutos, esto es lo que obtuve: parece que, de bebé, Leticia era bastante feúcha -"le decíamos la Polaquita, era muy blanca y pelada mal", se ríe la hermana-; parece que, durante dos meses, su mamá la acompañó al jardín de infantes -"no quería despegarse, yo me llevaba unas agujas y tejía durante cuatro horas"-; parece que, a los 10 años, vio a su hermana actuando en el teatro de una parroquia en Devoto y descubrió en un espasmo cósmico el sentido de su vida; parece que, a los 13, ingresó en el taller de teatro de Norman Brisky y, cuatro años más tarde, él la recomendó para actuar en Los años rebeldes [Rosalía Polizzi, 1995], una coproducción italiana por la que recibiría un premio. Desde entonces, su vida fue dando saltos: se puso de novia con el actor Germán Palacios -"divino, un chico de barrio, viste", describe Nora-; luego, pasó a ser pareja de Pablo Bossi, cabeza de la productora Patagonik Group -"un aburrido, se iban los fines de semana a su casa del Tigre y casi no veían la luz", dice Marisa-, y la remató con el empresario Alan Faena, con quien está unida hasta hoy.A la hermana de Leticia se le ocurre una buena definición: "¡Alan es un chamuyero! Siempre tiene un chamuyo nuevo. Yo leo a Osho hace 20 años, pero él viene y te habla del tipo como si fuera un experto. Después está la casa: vas al depto de Puerto Madero y siempre te encontrás con alguien nuevo, o Philip Stark o un ruso no sé qué. El buscaba a mi hermana hacía rato. Leti salía con Bossi y Alan le organizó una megafiesta de cumpleaños. La mamá le hizo una torta gigantesca. Y a los pocos días, estaban juntos. Le encanta sacar fotos. Todo el tiempo va con esa camarita y saca algo. Si visitás la casa, vas a ver de qué te hablo".La carrera de Leticia también fue dando saltos: papeles en ¿Sabés nadar? [Diego Kaplan, 1997], Cenizas del paraíso [Marcelo Piñeyro, 1997], Nueve reinas [Fabián Bielinsky, 2000], Plata quemada [Marcelo Piñeyro, 2000], y un Martín Fierro por su actuación en la tira 22, el loco, de Adrián Suar, que exhibe al lado del teléfono.Mientras eso sucedía, empezaban a elevarse las aguas de un río subterráneo que agitaba su fama de fiestera, reventada y amante del surtido sexual.Esta es la información que obtengo, pero, sobre todo, me llevo un dato vital: Leticia, cuando está sola, duerme con su mamá. Nora trata de encontrarle razones mobiliarias al asunto: "Es una cama grande, caben hasta tres personas". Sin embargo, lo cierto es que me pongo a husmear un poco y capturo otro dato esencial: la mamá la reta. "Le dije: «Tenés talento, ¿qué necesidad hay de ir a los premios mtv y hacer esas fotos mostrando la cola?». Yo no entiendo mucho de esto, pero me da la impresión de que los músicos son gente rara. Son bravos. Fijáte que los que estuvieron antes que ella en la ceremonia rompieron la guitarra y una esquirla le saltó en el ojo a una pobre chica. Le dije todas estas cosas. Ella es muy generosa y muy respetuosa. Creo que entendió."Todo el mundo tiene su opinión sobre el episodio del dedo en los glúteos. Su hermana Marisa me provee esta teoría: "Leti está pasada de rosca con su espontaneidad. Por ahí en casa se tira unos eructos bárbaros y a los sobrinos les encanta". Su amiga Marina Beláustegui, directora de su primer videoclip, tiene esta otra algo más moderna: "No estaba en los Oscar, ni en los Martín Fierro: estaba en los mtv. Eso da un cierto witness rockero que permite expresarse. Y Leti lo manejó como una reina".Para Jorge Ferradas, ejecutivo de Sony y director artístico de Actriz, el álbum debut de Leticia, el gesto fue resultado de la excitación. "Yo estaba ahí con ella. Y fue un modo de expresar su felicidad." "¿Meterse el dedo en el culo es una forma de ventilar optimismo?", pregunto. Ferradas se toma un momento para repasar su disparate. "Lo que sucede es que los artistas se ponen a hacer algo desde el personaje. De cualquier manera, ella tuvo los ovarios para romper el protocolo de los premios. Y es muy valioso."
El dia de mi encuentro con Leticia, apunto la incógnita en una libreta junto a otros treinta interrogantes. Dejo las cuestiones más comprometedoras para el final. Es bueno demostrarle al entrevistado que uno ha venido a preguntarle precisamente sobre aquello de lo que quiere hablar. "Ella está con la contadora", me advierte la empleada doméstica, en el departamento de Puerto Madero que Alan Faena comparte con la actriz. Rodeamos el edificio e ingresamos por un pasadizo secreto. "¿No vino la mujer de prensa?", pregunto a la empleada. "No lo sé", dice ella, y entre unas macetas abre un camino por el cual se accede al deck de Alan, un balcón de cara al río, con vetas luminosas de sol. "Ni idea. Han venido muchas chicas hoy."
Me siento en uno de los sillones del deck. Cuarenta minutos más tarde, achicharrado por el calor, consumido, derretido, pervertido, y con la nariz como una berenjena, tengo esta visión: un ángel salta de una ventana a medio metro del suelo y empieza a acercarse. Uno podría vivir empapado de felicidad, podría raparse y partir a un monasterio zen, si una vez al año saltara alguien así por la ventana del dormitorio -un nirvana lo suficientemente dichoso como para tomar el dedo índice y metérselo, uno mismo, en el culo-. "Perdón, estoy con mi contadora", dice Leticia, descalza. Tiene unos jeans rotos en las rodillas. El mundo se divide en dos: los que se rompen los jeans y aquellos a los que se les rompen los jeans.
-¿Una contadora?
-Sí, tengo que registrar en Sadaic los temas de mi disco. Vení, pasá al living. Me falta poco. ¿Tenés sed? ¿Querés Coca, kiki, caca?
-Caca, por favor. Bien fría -pido-. Leticia enciende unos candelabros y parte riéndose. Minutos más tarde, la escucho exclamar: "¡Me están sacando más plata que los ladrones! ¡Tanta fama al pedo!". La contadora no dice nada. Yo no digo nada. Al cabo de unos segundos, la mujer sale por la ventana como los superhéroes y se despide como lo haría una contadora común y silvestre.
Leticia se zambulle en un sillón enfrente de mí con las piernas estiradas. No observo indicios de chifladura. Su discurso es coherente y, hasta el momento, no escupió gaseosa en el suelo.
-Tenemos la casa para los dos solos -indica-. ¿Qué tenés ganas de hacer?
No lo dudo ni un segundo.
-Quiero conocer tu heladera por dentro.
-¿La heladera?
-Sí, primero la heladera. Después la cama. Y luego el baño. En ese orden.
-¿Estás loco?
Le cuento entonces mi sistema para conocer a las personas: éste es uno de los métodos sobre los cuales uno puede explayarse sin temor a reacciones violentas. Se resume así: uno recién conoce a fondo a alguien cuando hace un paseo por la heladera, la cama y el baño, las tres áreas donde se satisfacen los bajos instintos.
-Andá si querés, yo te espero acá. La heladera está al lado del horno, escondida. Parece una parte del mueble.
Leticia me sigue con la mirada mientras hago el siguiente inventario: dos champán importados extra brut, tres tipos de mostaza, un vodka Absolut a medio llenar, dos clases de salsa de tomate, seis aguas minerales, dos Coca-Cola light pequeñas, frutas, tres recipientes cubiertos con nylon, uno con ensalada, otro con quesos y el tercero con una porción de tarta. "Las tartas las cocino yo", comenta ella desde atrás.
Faena sigue en Punta del Este, de vacaciones. Intuyo que durante sus estadías en Buenos Aires la heladera estará más concurrida.
-Atravesá el living y, a la derecha, está la puerta del dormitorio. Desde ahí vas a ver el baño.
Sigo sus órdenes: camino entre cuadros de San Martín y el desembarco a la Luna. Entre un ángel con velas a sus pies y un televisor con pantalla plana, del tamaño de mi bañera. Un disfraz del osito Winnie Pooh, tomado del pescuezo, cuelga del retrato de Evita. No termino de descifrar su origen: más tarde, Leticia me dirá que se lo compró a un niño amigo. Pero después contará que, durante una fiesta celebrada por su novio, un invitado se disfrazó de Winnie Pooh y fue una risa total, la clase de risa con la cual uno toma el dedo índice y se lo... Esa risa.
Si se abren las ventanas de la habitación, es posible escuchar el rumor del río, el murmullo de los enamorados que vienen a besarse a Puerto Madero. El cuarto está lleno de ventanas y tiene una antesala con un espejo de dos metros, al que algún romántico le pegó un par de alas de ángel. La cama es abrumadora. La alcoba es la que elegiría uno si fuera un príncipe excéntrico amante de las pieles y la espiritualidad. Durante la noche, cada vez que Leticia o Alan cambian de posición de cara a la Costanera, se enfrentan a la mirada de la Virgen María, la estatuita dorada que eligieron para que los cuidara de cerca. A los pies de la Virgen, una biografía de Fanny Navarro, la amante de Juan, el hermano de Evita, el personaje que Leticia interpreta en la película que pronto estrenará.
A un costado de la habitación, parte de las fotos de Alan; otra buena parte se despliega a lo largo de la cocina, junto a un cartel que dice animate a todo: veo desde una toma de la nuca de George Clooney -"la sacó Alan en Nueva York", explicará ella luego- hasta un pitulín de bebé sobre el que no pedí precisiones.Una tina blanca con cuatro patas ocupa el centro del baño. En la cabecera hay dos estampitas de Buda personificado en un elefante -o un elefante que, de pronto, se volcó al budismo, no puedo saberlo, soy un licenciado con honores, pero nada sé de teología-. En la repisa, una loción Aqua di Parma, varias cremas de afeitar, velas, jabones. Y en un rincón, una silla forrada en piel con manchas negras, apuntando a la tina. Entiendo al instante la función de la silla. Es lo primero que haría cualquiera que no fuera ciego o tonto o párroco de barrio si estuviera en pareja con Brédice y pudiera contemplarla sumergida en la espuma, mientras se unta jabón.Regreso al sillón, tomo la libreta y hago mi primera pregunta. Quiero saber cuál es su primer recuerdo. Es algo que siempre sirve para romper el hielo, una puerta lateral para conocer anécdotas de infancia que hayan dejado algún tipo de marca.
-Estoy en el patio de mi casa, en el barrio de Saavedra. Tengo 3 años. Mi papá nos regala a mí y a mi hermana del medio, Valeria, unos patitos. Puedo describirte aquel patito a la perfección. Mi papá es tano, constructor, vivió mucho tiempo afuera. Es de noche y nos sienta mirando a la cornisa de la casa, y nos cuenta historias de su pueblo, San Marco, cerca de Nápoles. Otro recuerdo: estoy en jardín de infantes. Termina la hora, se van todos y nadie me pasa a buscar. Me quedo sola con la portera durante dos horas. En un momento, ella me dice: "Mirá, te voy a tener que dejar porque me tengo que ir". Y justo llega mamá. Desde entonces, tengo terror al abandono. No hice el preescolar ni fui a las fiestas de cumpleaños por el pánico que tenía a que se repitiera.
Me pongo blando y condescendiente: le digo que todo el mundo remarca su carácter divertido. Le digo también que me han comentado que la invitan a las fiestas porque suele ser la más divertida de todas.
-Vos me decís eso, pero ¿sabés lo que sufría de chica cuando iba a bailar? Yo la pasaba pésimo. Era muy tímida y no me levantaba a nadie. Estaba enamorada de un tipo medio patovica. Un tipo bastante grande, porque me acuerdo de que se estaba quedando pelado. Un tarado. Pero una vez me la hizo tan, pero tan bien. Estaba en la puerta de una disco y me llamó desde el coche. Tenía un autazo, un Torino que hacía rugir. Yo me había puesto unos zapatos con plataforma. Fui caminando y cuando me agaché sacando el culo, porque todo el mundo miraba, el tipo aceleró y se fue a la mierda. ¡Me quedé como una boluda! Pero me di vuelta y volví caminando como una lady. Seguí hasta la puerta, puse un pie en la escalera y me caí para atrás. Todos se cagaban de la risa. Nunca sufrí tanta vergüenza en mi vida. Después, empecé a ir a teatro y superé el miedo al ridículo.
Necesito hacerle una pregunta de actualidad, la novedad que la puso en la portada de la revista y que hizo que yo no esté escribiendo ahora sobre lo bien que suenan los Divididos. Necesito que ella vea que tengo un flanco inofensivo, un perfil tarado y cholulo.
-¿Por qué sacar ahora tu primer disco, estando ya consolidada como actriz?
-Dale, esa pregunta la hacés de compromiso.
-No, en serio, es interesante.
-Sos un hijo de puta.
Y tiene razón. Hay que aceptarlo. No necesito que me lo cuente. Soy licenciado con honores. Entiendo de estas cosas. Un día antes de verla, entrevisté a su director musical, a su guía vocal, a la directora de su clip y al jefe de la compañía discográfica. Y, por supuesto, escuché Actriz, catorce temas con una introducción de su amiga Cecilia Roth. Brédice no canta, actúa las canciones. Vira de Missy Elliott y Tita Merello a exploraciones peligrosas sobre la línea interpretativa de Marcela Morelo y Sandra Mihanovich. Iván Wyszogrod, el director musical, recuerda: "Armábamos las canciones como si fueran un guión de cine. Yo le tiraba escenas para que se inspirara. Y funcionaba bárbaro".
El tema "No" es Cecilia tratando de cantar como Rafaella Carrá en el estadio de Vélez. El tema "No Love no Sex", primer corte del disco, es Cecilia tratando de cantar como si caminara por la Quinta Avenida en Nueva York, un día de invierno. Hay uno de Charly García, su amigo, cantado a dúo. Y un cover de "La rubia tarada", de Sumo, y otro de "Amada amante", de Roberto Carlos, versiones felices que prefiero no saber si fueron inspiradas en Buda, en un elefante o en las túnicas de Alan Faena.
A Sandra Baylac, su asistente vocal, se le ocurre una comparación geológica: "Leticia es como un volcán. A veces, saltaban chispas para todas partes y teníamos que apagar el incendio".
En ese momento, descubro que tiene mi libreta de anotaciones.
-A ver si está la pregunta sobre el disco -dice-. Qué hijo de puta, pusiste que canto como Marilina Ross. Sabés: yo de chica me paraba frente al espejo y cantaba los temas de Virus, de Sumo, de git. Los que más me gustaban eran los de las Viudas e Hijas de Roque Enroll. A este disco le puse Actriz porque ése es el lugar desde donde lo puedo defender. Me encantaría cantar como Mariah Carey. Pero todavía tengo mucho que aprender.
Wiszogrod asegura que Leticia tiene el mismo timbre que Madonna. A Marina Beláustegui, su mejor amiga, directora del clip "No Love no Sex", que este mes está en rotación, le recuerda la profundidad áspera de la negra Macy Gray. "Si esperan un video en el que se meta el dedo en el culo, los va a decepcionar", aclara. "Es sensual, pero implícito. Tenerla a la piba en el encuadre es una cosa increíble. Cada poro de la piel es expresivo. Leti es la mujer más auténtica que conozco."
-¿Qué te dijo Charly del álbum? -pregunto a la actriz.
-"Buena voz, flaca." Y agregaba: "A estos temas les falta estribillo". Y después: "¿Qué significa «tururudán, tururudán»? Ponéle una letra, loca".
Olvidemos mejor el disco y metamos las narices donde no corresponde. Es para eso que hemos llegado hasta acá. Aprovecho la ocasión y hago una metralla de preguntas irreverentes.
-¿Es cierto que en las fiestas que organiza tu novio terminan todos desnudos?
-En las fiestas pasa de todo. Pero sanamente.
-¿Sanamente?
-Sí, claro, nadie se pelea.
-Dijiste en entrevistas que te gustaban las mujeres, pero que nunca te habías enamorado. ¿Te acostaste con muchas?
-No te lo voy a decir. Si te lo digo, se acaba el misterio. Es mi as en la manga.
-Pero vos explotás eso. Hasta en la comedia Almejas y mejillones [Marcos Carnevale, 2000] tenés una escena desnuda en una bañera con una española muy bonita.
-¡Ni me hagas acordar! ¡En esa escena, a la mina le pongo las manos en las rodillas y me saca cagando!
Una lástima, pienso. Releo mi libreta y tacho doce preguntas sobre la bisexualidad. Entonces me pongo un poco cruel.
-Me hablaron maravillas de tus eructos. ¿Qué otras especialidades tenés?
-¿Quién te lo dijo? ¡Qué guacho! No me ofendo con esas cosas. Soy tana. Tengo una amiga que estaba durmiendo con su noviecito y a ella se le escapó un pedito. Y el pibe le gritó: "¡Te vas de acá!". Y ella se fue caminando sola y llorando por San Isidro. ¡Te lo juro por Dios que no me pasó a mí, eh! Pero no quiero contar nada sobre este tipo de temas. Prefiero conservar el glamour y un tinte de rock star. Andás preguntándome cosas como si fuera Ozzy Osbourne.
-¿Qué significaba el dedo en el culo en la entrega de los MTV?
-Ay, ¿de nuevo me salen con eso?
-Escuché hipótesis que señalan como motivaciones tu felicidad, tu exceso de espontaneidad, tu excitación.
-Yo ya había hecho las fotos oficiales. Bien paradita. Y qué querés, se me metió la bombacha ahí dentro. Tenía un miriñaque transparente. No te podés hacer la señorita fina. Me di vuelta y había un fotógrafo enfocándome, entonces metí la mano igual. Pero dijeron cualquier pavada, que yo me había tomado todo y que fui después a la fiesta de mtv. Mentira, no tomé nada y nos fuimos con Alan antes de la fiesta. Los de Catupecu estaban arengadísimos.
-Me dicen que esas reuniones playeras en Punta con Adrián Suar, Nicolás Repetto y Marcelo Tinelli son un bodriazo total. ¿Es verdad? (En realidad, me lo contó su hermana Marisa: "No sabés, cuando está en Punta, Leti llama y quiere saber todo de nosotros. Parece que los Repetto son aburridísimos. Y la mujer de Tinelli admira su excentricidad".)
-No es lo que imagina la gente. Se habla de cosas de todos los días. Del clima. El otro día hice tal cosa. O ayer el nene vomitó. Eso.
-¿Es cierto que dormís con tu mamá y que te reta?
-¡Qué hijo de puta! ¿Te dijo eso mi mamá? ¿Andás sacándole información a mi familia? Bueno, es verdad. Soy una mujer conservadora. Mi mamá me retó por lo de mtv. No me gusta que se sienta ofendida. Me dolió. Mi mamá no fue a ver Cenizas del paraíso porque se impresiona. Dormir con ella me hace bien. Dormimos abrazadas. Me da mucha contención. Yo le cuento todo.
-¿Todo?
-Todo.
-Pero ¿todo todo?
-Sí. Hasta si fumo porro.
-¿Te acordás de los sueños?
-Sí, bastante. ¿Qué querés saber?
-Un sueño erótico.
Leticia se pone de pie y tira una rodaja de pan lactal en la tostadora. Se toma su tiempo, los panes se doran, les pone queso encima y se sienta. Parece que di en el blanco. Soy licenciado con honores. Sé de estas cosas.
-Me acuerdo de uno. Pero es muy tonto. Si es una pavada, ¿después lo sacás de la nota?
-Vamos, vamos. Estamos solos. Nadie nos escucha.
-Soñé que venía a mi casa Sylvester Stallone. Y me decía: "Bueno, ahora desnudáte y vas a ver". Me re-calentaba. Yo estaba enamoradísima: "Sylvester", le confesaba, "aprendí inglés para poder hablar con vos".
-¿Era bueno Stallone en la cama?
-Era bárbaro, como si fuera el amor de mi vida. Pero ¿sabés una cosa? A mí no me gusta Stallone. Todavía no sé por qué tuve un sueño erótico con él.
-Una vez, escupiste una bebida en cámara. ¿Querías decir algo en particular?
-Debe ser en una nota que hicimos con Adrián Suar. Me hizo reír tanto que tuve que escupir el agua que tenía en la boca. Nada del otro mundo.
-¿Nunca se te acercó un director con una propuesta indecente?
-Nunca me encamé con ninguno. Fueron todos muy respetuosos.
-En dos películas, aparecés haciendo tus necesidades. Incluso en una, ¿Sabés nadar?, estás, cómo decírtelo...
-¿Cagando? Sí, qué bueno que te hayas dado cuenta.
-Hasta se te hinchaba la vena.
-Totalmente, fue un juego mío. Nunca nadie me lo comentó. Supongo que por timidez. Me encantó ese papel. Una chica marplatense que cree que se está comiendo al mundo y se la están empomando.
-En Plata quemada, hay una escena en la que entrás en la comisaría a denunciar a la banda. ¿Es cierto que estabas mal de salud?
-Me sentía pésimo. Como en los 50 se fumaban los cigarrillos sin filtro, yo le di varias pitadas a uno. Era a la mañana temprano. Me empezó a dar vueltas todo. Me tiré en el suelo del baño. Le dije a Marcelo Piñeyro, el director: "Necesito irme a casa". Y él me contestó: "¿Estás loca? ¡Usá el bajón en la escena!". Y grabé así. En Cenizas del paraíso, pasó algo similar. Yo entraba en un pueblo cabalgando desnuda. Iba sentada de costado como lady Godiva. Grabamos la escena y cuando corta, el caballo sigue corriendo. Cuando lo quieren frenar, salgo eyectada y me pasa por arriba. Otra vez quedé en el suelo, hecha mierda, haciendo pucheros. Marcelo se acercó y me dijo: "Dentro de poco, cae el sol y nos quedamos sin luz, así que llorá después". Esas son las cosas que te hacen madurar profesionalmente. Aprendés a controlar y capitalizar tus emociones.
Toma unas pinturas de uñas con brillos y las hace rodar por la mesa.
-¿Te puedo pintar? -pregunta.
-Mejor no. Tengo que escribir.
-Es uno de los grandes placeres de ser mujer: pintarse. Pobres aquellos hombres que no se animan a pintarse. Dale, dejáme que te pinte un poquito. ¿No te gustan los hombres a vos?
-Por el momento, no.
-Yo pensé que eras gay. Me dijeron por ahí que eras gay. Te vi pelado y con esa camisa hawaiana, y dije: "Este es gay". ¿A ver tus manos? Ay, ¿y este tatuaje que tenés acá? Este es un tatuaje raro. Vos tenés manos de drogadicto.
Leticia arroja brillitos dorados sobre mi mano y sobre la libreta. Es hora de mi pregunta berreta amuleto.
-¿Cómo te gustan los hombres en la cama?
-¡No me podés hacer esa pregunta trucha! No te la voy a contestar. ¿Sabés qué siento? Siento que ni quiero leer esta nota porque sé que va a ser horrible.
Zumba el celular y atiende con fastidio: "Sí, sí, sí". De golpe, lo apaga y lo arroja sobre la mesa. "Un periodista de Mar del Plata. Me dejó mil mensajes, un pesado."
-¿Cómo es Alan Faena?
-Pasemos a otro tema.
-¡Pero es tu novio!
-Alan ve la vida con arte. Tiene una revolución interna. Le gusta hablar del amor desde la profundidad. A mí me calienta que me cuenten historias y que me hagan el coco. El observa algo y lo mira, qué se yo, de otra forma. Esperáme que voy al baño.
Leticia desaparece y vuelve con dos figuras de colores.
-¿Te gustan? Estos muñequitos los hago yo.
Me pasa uno con cuerpo de almohadón. Trato en vano de localizar la cabeza.-Lo estás agarrando al revés. Es así, mirá. ¿No están bárbaros? No se los muestro a nadie. Sólo a la gente que me cae bien.Antes de irme, me obsequia una página de su diario de viaje por Italia, con tickets impresos en Roma y en la isla de Capri, y una rosa seca desprendida de algún jardín mediterráneo. "Interpretálo como quieras", dice. Parto satisfecho y confiado. Esta mujer me quiere, es coherente y los medios la malinterpretan.Un día más tarde, entiendo el significado de la hoja. Durante la producción de fotos para la portada, me pongo de pie para saludarla, pero ella agita la mano y sigue de largo. Minutos después, pedirá expresamente que abandone el estudio. Que me vaya lo más lejos posible. En definitiva, me manda de viaje.
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