Avión
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La acción comienza en la foto de la tapa: tres azafatas y sus piernas infinitas dominan la escena: un trío de chicas lindas a punto de despegar. Desde el booklet de Avión todo es vida aérea, señalización adecuada y mapas de navegación destinados a seguir los rastros de las nuevas canciones de No Lo Soporto. Viene bien dejar por un rato la rutina MP3 y recuperar el objeto, descubrir cómo se completa la obra en los detalles y en esos signos de diseño que no tienen música. De aquel grupo lánguido que podía llegar a gustar o espantar con cada estribillo de su gélido hit "Insignificante" a esta realidad de aerolínea femenina, Avión gana por lejos la infame categoría de banda revelación en etapa superadora. Aunque sigue presente esa extraña timidez para pararse en la tarima del power pop con desgano, Lara Pedrosa y las hermanas Naila y Lucía Borensztein van mucho más allá de su propia marca. Puede parecer contradictorio, pero la elección funciona y el segundo disco de NLS tiene varias explosiones sin perder la línea de sofisticación de niñas muy afinadas, con originales recursos al momento de elaborar intrincados cambios de tiempo o de trabajar la melodía como anhelo de perfección. El trío sigue las coordenadas eléctricas de Pescado Rabioso, el groove elegante de Spinetta Jade y esa suave agilidad armónica que Gustavo Cerati impuso en Amor amarillo, pero sin citas explícitas ni deudas impagas. El propio Cerati pone su voz en "Nunca iré", casi una bendición de padrino para un tema insignia con destino de hit perdurable. Pero el sistema nervioso de Avión pasa por otro lado, arranca alto sobre la velocidad del tema que le da título al disco y apunta a declaraciones de estilo prepotente como "Cambiar es existir" o el bello candor de "Otro lado". Son doce canciones para provocar al pop desde la dejadez existencial y meter un poco de presión a las acostumbradas fórmulas del indie. A pesar de que la norma indica lo contrario, por suerte aún quedan chicas que no reaccionan como género.




