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Peteco Carabajal, entre otro CD y el recital de hoy en familia
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"Hoy se produce folklore como si vendieran latas de tomate. Por eso, sigo apostando a la belleza de nuestra música. No se puede escribir con liviandad", sostiene Peteco Carabajal, que lleva bajo el brazo su nuevo disco, "Andando", donde volvió a trabajar con el Chango Farías Gómez, y del que adelantará algunos temas hoy y mañana, en el Luna Park, en el espectáculo "El Carabajalazo", acompañado por el resto de su familia.
En la actualidad, Peteco es un artista de referencia. Lleva compuesta una veintena de canciones que representan indefectiblemente la esencia popular. Posiblemente, el cantor sea uno de los más interpretados por sus colegas en festivales y recitales.
Ningún grupo que haga chacarera se priva de hacer "Puente carretero" o "El bailarín de montes". La "Negra" Mercedes Sosa siempre le pide una canción para poder incluirla en sus discos. Y es uno de los mejores representantes de ese sello de la chacarera que otorga el apellido Carabajal.
Pero el folklorista siguió su propia huella. Esa que había heredado de una familia de musiqueros: en su casa de La Banda, la chacarera era el pan de todos los días. Y despegó en busca de un horizonte musical nuevo, mas allá del paisaje rural y de su Santiago del Estero. "Yo fui creciendo con lo que me dio mi pueblo, intentando equilibrar todo el verdadero sentir de la tierra con mi crecimiento personal en la ciudad", cuenta el compositor. En este nuevo trabajo, que empezó a presentar de a poco en el interior, esta búsqueda lo encuentra en su mejor momento. El disco reúne 16 canciones, entre nuevas y clásicas con diversos ritmos, donde se destaca la chacarera, "todas muy distintas", revela. Y se incorpora el sonido del bandoneón, uno de los hallazgos de este trabajo, junto a temas que seguramente se convertirán en himnos, como la "Copla de los marginados", que lo define por completo: Soy copla, soy instrumento/ del latido natural/subterránea voz urbana/copla chúcara y rural/voz de la calle, voz humana/ grito popular .
Su virtud principal es haber congeniado su herencia santiagueña con una visión más universal. Esa actitud ha marcado una diferencia. "Siempre quiero hablar otros idiomas musicales. Tengo la suerte de juntarme con músicos que tienen la misma idea que yo de la música y con un tipo como el Chango, que pulió mi sonido y aportó ideas como la incorporación del grupo percusivo La Chilinga, con el que logré que una chacarera suene africana sin perder su esencia", dice el folklorista. Música y letras fluyen naturalmente de su imaginario. Pero cada palabra, cada sílaba, lleva un cuidado especial. Es un admirador de la obra de Yupanqui: una influencia que aparece cada vez que se sienta frente al papel en blanco. "Si uno lee a Atahualpa después no puede andar escribiendo liviandades y subestimando a la gente. Hay que intentar dar un mensaje profundo, con imágenes que puedan visualizar y una ideología clara, que son los condimentos que pongo sobre la mesa a la hora de escribir y que, además, represente lo que somos".





