
Noventa años y la misma pasión de toda la vida
El conductor radial y actor de cine y TV aún sigue trabajando
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Actor de casi cuarenta films nacionales, de incontables obras teatrales y televisivas y conductor de numerosos espacios radiales, Jacques Arndt acaba de cumplir noventa años y prosigue con la misma intensidad de sus comienzos su trayectoria artística.
"Noventa años -dice con una cálida sonrisa- se cumplen una sola vez en la vida, y haber llegado a este momento con la misma fuerza de mi juventud ya es una bendición de Dios."
Arndt recibió a LA NACION en su casa de Munro y allí, entre infinidad de libros y discos, recordó sus comienzos "en esta profesión -asegura- que fue y es la mejor medicina para seguir subsistiendo".
Nacido en Viena en 1914, el actor refiere que su contacto con la escena proviene de su niñez. "Cuando pequeño -rememora con envidiable lucidez- mis padres me llevaban al teatro y yo era enormemente feliz. A veces, y como todo chico, me portaba mal, y mi madre me decía «no hagas tal cosa, ya que de lo contrario no te llevamos al teatro...» El no ir al teatro era mi peor castigo."
-¿Cuándo dio sus primeros pasos por el escenario?
-Aproximadamente a los quince años decidí que quería actuar. Por casualidad entré como partiquino en el elenco de la Comedia Nacional de Viena y allí representé pequeños papeles en infinidad de obras clásicas y modernas. Posteriormente, y como deseaba perfeccionarme, ingresé en el Conservatorio Nacional de esa ciudad y ya con mayor oficio y soltura representé personajes de más responsabilidad en piezas emblemáticas del repertorio internacional. Se me había cumplido el sueño: por fin era un actor en un elenco de primer nivel.
Los caminos del destino
-¿En qué momento y por qué decidió viajar a la Argentina?
-Mi meta no era la Argentina ni ningún otro país del mundo. Yo deseaba proseguir mi carrera en Austria, donde ya había conquistado cierto nombre y bastante popularidad. Corría 1938 y las tropas de Hitler invadieron mi país. Comenzó una época de terror y persecuciones, fui amenazado y lo único que me quedaba era el exilio. Sin documentos ni dinero, algunos amigos lograron sacarme de Austria y fui a dar a Luxemburgo. Ya había empezado para mí una etapa nómada y aventurera. De Luxemburgo, y casi como un mendigo, llegué a Marsella, y allí me embarqué en un buque carguero cuyo destino ignoraba... Iba de polizón y tras quince días de travesía el barco se detuvo en un puerto. Era el de Santos, y allí me dijeron que debía descender. Estaba en una ciudad extraña cuyo idioma ignoraba, pero otra vez jugó su juego la casualidad, porque un compatriota me dijo que podía llevarme al Uruguay, que era un país muy generoso. Desembarqué en Montevideo sin saber una palabra de español y nuevamente esa luz que siempre me iluminó me puso en contacto con un alemán que tenía un programa de radio titulado "La voz del día", dedicado a los alemanes perseguidos por el nazismo. Allí comencé como locutor, aprendí el español y me fui recomponiendo como actor y como persona.
Arndt es puntilloso en sus recuerdos. No olvida fechas ni nombres, ni reprocha su suerte de aquellos años. "Creo firmemente en que el destino siempre se escribe con dolor y con felicidad -apunta-, y luego de trabajar varios años en radios uruguayas, decidí viajar a Buenos Aires, donde comencé a integrar el elenco del Teatro Alemán Libre, que ofrecía en ese idioma un repertorio muy heterogéneo en la sala Regina. Lo demás es historia reciente. Aquí me casé con una argentina, formé mi hogar y proseguí mi trayectoria de actor y de director."
-¿Cuándo se incorporó al cine nacional?
-Fue en 1948, con la película "La hostería del caballito blanco", de Benito Perojo, a la que siguieron "Esperanza", "La dama del mar", "Los muchachos de mi barrio" y casi treinta títulos más, entre ellos algunas coproducciones con los Estados Unidos. Paralelamente estuve diez años como realizador integral en Canal 7, e intervine en piezas teatrales de notable éxito, entre ellas "Sweet Charity", "El violinista sobre el tejado" y "Así en la tierra como en el cielo", que dirigió y protagonizó Narciso Ibáñez Menta.
-Para usted nunca llegó la jubilación.
-Ni llegó ni llegará. Jubilarse es una especie de antesala de la muerte, y no quiero aguardar allí a la señora de la guadaña. Ahora estoy a cargo de dos programas en Radio Cultura. Uno de ellos, "Pasaje de ida y vuelta", se emite todos los días, de 21 a 22, y el otro, "La agenda de Jacques", va los domingos, de 22 a 23. Mis noventa años los vivo con fervor y con esa inclaudicable magia que cada mañana me hace decir que continúo vivo.
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