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En 1977, "O.J. Simpson era una absoluta estrella de rock", recuerda el veterano periodista de Rolling Stone, Tim Cahill, a quien le encargaron una nota de tapa sobre uno de los hombres más admirados de los Estados Unidos. Tras ganar el Heisman Trophy con la Universidad de Carolina del Sur en 1968, Simpson fue elegido primero en el draft de la NFL. Jugó nueve temporadas estelares para los Buffalo Bills, y rompió el récord de Jim Brown de yardas totales en una temporada. Para fines de los setenta, con sus apariciones como conductor de Saturday Night Live y en la tapa de rolling stone, había pasado a un plano que sólo compartía con Alí y Namath.
"Era buen mozo, agradable e inteligente", dice Cahil. Por supuesto, poca gente compartiría hoy su apreciación. En 1996, Simpson fue absuelto por el asesinato de su esposa, Nicole Brown-Simpson, y del amigo de ella, Ronald Goldman, pero fue deshauciado por el tribunal de la opinión pública. Hoy en día, sólo se escabulle de su escondite en Miami para jugar al golf con sus amigotes, o para vender su autógrafo por sumas exorbitantes. "Fue un ídolo en su época, y ahora no lo puedo ni ver", dice Annie Leibovitz, quien tomó la foto de Simpson con el torso desnudo.
Simpson recordó la sesión de fotos en una conversación telefónica desde su refugio en Florida. "Cuando pienso en Rolling Stone", dice, "pienso en mi juventud. La asocio con el movimiento contra la guerra, con Haight-Ashbury. Para mi generación, salir en la tapa de rolling stone era incluso mejor que salir en la tapa de The New York Times".
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