Ornette Coleman: el saxo que cambió la historia de la música
Para el documental 1959: The Year That Changed Jazz, la BBC le consultó a Lou Reed sobre la importancia de Ornette Coleman, y él respondió: "Cuando se dice que alguien habla a través de su instrumento, como lo hacés al escuchar a un ser humano... eso es Ornette Coleman. Él cambió todo", le decía Reed a la señal pública británica sobre la trascendencia del saxofonista y compositor que cambió para siempre la historia de la música y que falleció ayer en Nueva York, de un paro cardíaco. Tenía 85 años.
Coleman nació en Fort Worth, Texas, y comenzó a tocar el saxo en la banda del colegio, donde su espíritu libre se manifestó de manera tan prematura que las autoridades lo expulsaron por improvisar mientras tocaba las marchas en los actos escolares. Al finalizar la década del 50, ya radicado en Nueva York, acuñó el término free jazz y con él, una nueva forma de interpretar el mundo.
Basta con traducir los títulos de sus primeros discos como líder para hacerse una idea de la cosmogonía de Ornette: ¡¡¡Algo Más!!! (1958), Mañana es la pregunta (1959), La forma del jazz por venir (1959), Cambio de siglo (1959) y Free Jazz (1960). Con las premisas de futuro y libertad, las melodías del saxo alto de Ornette fueron el grito descarnado de la América negra que aún no terminaba de romper las cadenas de la esclavitud.
Improvisación colectiva
Esta música de "improvisación colectiva", según la definía Ornette, independiente de cualquier estructura previa, vino a patear el tablero no sólo del jazz, sino de la música toda. En el ámbito académico, los intentos de barrer con la tonalidad de Schoenberg no hicieron más que sentar los cimientos para que Boulez levantara las murallas del serialismo integral, un sistema más estructurador que la propia tonalidad. En un mundo mucho más hostil y lejano de tanta partitura, estaba el vanguardista del jazz que ya había adoptado su saxo alto de plástico para ganarse el desprecio de buena parte de sus colegas antes de soplar una nota. La iniciativa de Coleman fue el salto más grande que dio el jazz hacia el alejamiento definitivo del American Songbook.
Se trataba de una música que no dependía de un tema principal y que iba marcando su propio rumbo a medida que se desarrollaba la improvisación. Lejos de renegar del pasado, el free-jazz retoma el ideal de los primeros ensambles del Dixieland de Nueva Orleans y lo lleva a otro nivel.
En 1959, The Shape Of Jazz To Come, junto con Kind Of Blue (Miles Davis) y Time Out (Dave Bruebeck) firmaban el acta de defunción del bebop. El cuarteto de Coleman, que se completaba con Don Cherry, en trompeta (también de plástico); Charlie Haden, en contrabajo, y Billy Higgins, en batería, obligaba a los músicos y al campo intelectual a tomar posición. Dizzy Gillespie afirmaba no entender qué tipo de música hacía Coleman, pero que con seguridad eso no era jazz, y Leroi Jones declamaba que el compositor de "Lonely Women" representaba una música exenta de cualquier componente burgués, un jazz que la crítica eurocentrista nunca iba a poder entender.
No obstante, Ornette Coleman comenzó a ser considerado referente por los círculos artísticos y filosóficos de Nueva York. Así fue como Free Jazz, un disco que experimenta con dos cuartetos enfrentados tocando en estéreo que se oyen uno en cada canal, contó con una pintura de Jason Pollock para su portada. El action painting del artista plástico veía en el sanguíneo Coleman a su homólogo musical. La abstracción del álbum es tal que cada lado consta de una sola pieza: "Free jazz", parte uno, y "Free jazz", parte dos, ambas apenas segmentadas por indicaciones y pequeños separadores a cargo de los vientos.
Siempre mirando hacia adelante, Coleman continuó grabando discos disruptivos y expandiendo su figura entre los ámbitos culturales más revolucionarios. Sus aportes teóricos y sus incursiones en temas de política se convirtieron en características significativas de su personalidad. En 1970 cambió el saxo por la trompeta para acompañar a Yoko Ono en "AOS", un contrapunto de gritos estridentes de siete minutos que da inicio al lado B de Yoko Ono/Plastic Ono Band. Ya en el siglo XXI pondría su saxo al servicio de Lou Reed para The Raven, el disco conceptual en torno al poema homónimo de Edgar Allan Poe. Aunque cada vez más recluido, el reconocimiento le llegó en 2007. Sound Grammar le valió un Pulitzer y en la ceremonia de los Grammy fue reconocido por su legado artístico.
Don Cherry en 1995, Billy Higgins en 2001 y Charlie Haden en 2014. Ornette Coleman vio morir a sus tres laderos más importantes y fue el último en irse. La línea fundadora del free-jazz despidió a su último y más valioso representante.
El caos expresionista de Coleman atravesó los límites de una sociedad y propuso un "cambio de siglo" cuatro décadas antes de que termine. Resulta difícil encontrar otra música que condense de manera tan aguda el salvajismo musical más liberador con las raíces más firmes del jazz.
Jacques Derrida entrevistó a Ornette Coleman en 1997 y éste contestó directamente ante la primera pregunta, con una frase que lo define a la perfección: "Es mucho más democrática, porque no necesitás del alfabeto para entender mi música". Escuchar el saxo de Ornette Coleman es escuchar al hombre antes de que exista el lenguaje. Mucho más que imitar el habla, Ornette logró definir su propia forma de comunicar.






