Otra oportunidad para el Café de los Angelitos
Intenciones: hay interés municipal de que el tradicional recinto sea rescatado de la piqueta y del olvido, para transformarlo en un centro cultural y en la sede del futuro Museo del Tango.
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El viejo y famoso Café de los Angelitos, por Rivadavia y Rincón, parafraseando la letra de Cátulo Castillo que lo inmortalizó, será pronto un punto de reunión obligada, no sólo del tango sino también de otras expresiones culturales.
Así quedará establecido tras la gestión personal que el jefe de gobierno local, Fernando de la Rúa, hizo para que la Municipalidad quedase como propietaria del deteriorado establecimiento, hoy abandonado.
Luego de visitar el lugar y recorrer lo que queda de la casa, el doctor De la Rúa instruyó a sus colaboradores más inmediatos para interesar al propietario en la operación del traspaso y los términos del mismo.
La gestión ya se hizo. Rafael Pereyra Aragón -titular del inmueble- escuchó ya algunos números posibles para concretar la operación, y volverá a conversar con los funcionarios.
La Municipalidad, se sabe, no nada en la abundancia, pero las cifras tampoco son siderales, lo que acerca la posibilidad concreta de que allí funcione pronto un centro cultural y el Museo del Tango.
Pasará a depender de la Secretaría de Cultura. Su titular, María Sáenz Quesada, comparte el entusiasmo de De la Rúa. Este, ni lerdo ni perezoso, se cruzó el jueves en el acto de presentación de su equipo cultural con Mario O`Donell, y lo invitó a participar del proyecto.
Logró interesar a su ex correligionario. Finalmente, ésta es una vieja idea de los radicales. Tanto, que 1992 fue el año de la ofensiva del por entonces concejal José María García Arecha, que presentó y reiteró los proyectos de ordenanza -suyos y de su bloque-, que fue aprobada y nunca concretada por la intendencia justicialista.
La Academia Nacional del Tango podría volcar allí muchos de sus tesoros y actividades. Es una de las posibilidades. La otra es convertir al legendario café en un centro de actividades culturales y de espectáculos, o todo eso junto.
Algunos lo alegrarán pronto con sus gritos, parafraseando una vez más a Cátulo, pero no ya en los tiempos de Carlitos, sino en éste, en el que una ciudad quiere recuperar para sí lo que es digno de quererse. Y mucho.
Encuentro entre dos grandes maestros
La actualización de este proyecto movió un recuerdo grato al cronista.
Hace ya varios años -mejor no contarlos- caminaba un atardecer por Rivadavia al 2000 y se encontró casualmente con el maestro Osvaldo Pugliese. La charla se demoró en la vereda por los saludos y algún autógrafo que el maestro debió firmar. Como corresponde al ritual porteño, se impuso un café. Pugliese puso una sola condición: que fuese en los Angelitos. Allí fuimos y a los 15 minutos ocurrió otro hecho imprevisto. Entró, solo, don Julio De Caro y, al ver al autor de "Recuerdo", se sentó a la mesa tras un fuerte abrazo. De lo mucho que hablaron sobre tango no hay sino un leve registro de la memoria de alguien muy joven por entonces.
Allí quedó evidenciada, una vez más, la admiración y el respeto recíproco de estos dos grandes maestros. Y a propósito de las formas, Pugliese lo llamó en todo momento así. Nunca dijo Julio, ni otra cosa. Siempre, maestro.




