
Pablo Granados: “No soy Hare Krishna ni chamán”
El humorista recibió a Personajes.tv en su casa y habló de su nueva vida lejos de la pantalla argentina
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Recién llegado de Ecuador, el rosarino recibió a Personajes.TV en su casa y habló de todo: su proyecto en el país de Correa, los programas cómicos de la actualidad y su tendencia a enamorarse de chicas de 20.
Un living colorido y luminoso. Árboles, muchos árboles por toda la casa, en lámparas y cuadros traídos de distintos viajes. Un piano negro y un par de vinos. Hace tiempo que no se lo ve por la televisión local. Hay rumores, pero nada concreto. ¿Es Pablo Granados un chamán? Unas fotos circularon y con ellas las teorías no tardaron en aparecer: un cambio de religión, ¿tal vez? Y como esas cosas cada tanto pasan, algunos se animaron a dudar. Sin plumas en la frente, el humorista rosarino recibe a esta cronista. Hace algunos días que volvió de Ecuador, donde estuvo viviendo unos meses para grabar la tercera temporada de Granados en pijamas, el programa que lo tiene con una vida itinerante -desde 2010 que vive cuatro meses en Guayaquil y el resto en Buenos Aires- y alejada de la pantalla chica argentina.
"Con Marcelo [Tinelli] no somos amigos... Es difícil ser amigo de un jefe, ¿no te parece?"
¿Cómo llegó a Ecuador? Granados fue convocado para conducir La noche de los Mundialistas, con motivo de la última Copa del Mundo de fútbol en la televisión ecuatoriana. Fue así que descubrió un país que le cambiaría su rutina por unos años. Empezó sin entender bien qué tenía que hacer, pero como el humor es su arte supo encontrarle la vuelta a aquella propuesta: llegó a destornillar un inodoro e irse a una plaza para hacer un móvil desde el retrete y festejar así un triunfo de Argentina. "Se generó una pablomanía ", cuenta cuando intenta explicar cómo fue que los ecuatorianos terminaron amándolo. Después vino el asado con el presidente Rafael Correa, los paseos por la selva, las curas chamánicas, la ingesta de gusanos y el tatuaje con las dos banderas unidas. Junto a su compañero inseparable, Pachu Peña, Pablo trasladó el humor argentino a otra cultura.
-¿Qué hay de cierto en que te volviste chamán y que estás viviendo en la selva?
- Es increíble todo lo que surge a raíz de una foto. ¡Ecuador no es una selva! Tiene en una parte, pero no quiere decir que uno viva en la selva. De hecho yo estaba instalado en Guayaquil, muy lejos de eso. Lo que pasó es que hice una nota, donde pusieron un montón de fotos (unas con Correa, otras en la selva, disfrazado, laburando). Y, como había ido a hacer una apertura por tres lugares de Ecuador distintos, me disfracé de una tribu para grabar con ellos la nota (ellos mismos me dieron la ropa). De las 10 fotos, las otras páginas agarraron esa sola foto para decir "Granados se hizo chamán". Y después, encima, me raparon en el programa. Yo tuiteé esa imagen y pusieron: "Ahora es Hare Krishna o mahometano".
-¿Qué fue lo más loco que hiciste en Granados en Pijamas ? Hay imágenes donde se te ve comiendo gusanos en vivo…
-Con los gusanos fue así: teníamos una ruleta de la fortuna que tenía gusanos, ají, cosas por el estilo, (obviamente tenía más gusanos que otra cosa) y había que comerse lo que indicara la ruleta. Yo ya los había probado en el Oriente [de Ecuador], son horribles. Tenés que agarrarles la cabeza y quedártela en la mano sino te muerden el labio cuando te lo estás comiendo. También tuve tres víboras en el cuello, eran como 80 kilos. Fue en un pueblito en el que la gente va a la plaza, en vez de con perros, con boas. Y fui a visitar un par de chamanes para grabar, ¡lo que no quiere decir que sea chamán!
-¿Hiciste algún viaje chamánico?
-No tomé, yo no tomo drogas ni naturales ni de las otras. Me dan miedo esas cosas. Viví ese proceso como si fuese una cosa de energía que me iban pasando, lo disfruté. Me emocioné por todo lo que esas personas hacían por mí: tener 10 personas bailándote, cantándote alrededor y tirándote humo para hacerte una limpieza es muy loco. Hice otra en Cuenca en un mercado, una cholita me sentó y me empezó a pasar yuyos, me pegaba con una hierbas aromáticas y me fui de ahí con un olor divino... Después me levantó la camiseta y me hizo algo con una tinta negra y agarró una botella de alcohol y me bañó. Lo viví con agradecimiento.
"Yo no tomo drogas ni naturales ni de las otras. Me dan miedo esas cosas".
-¿Cómo fue entrevistar a Rafael Correa?
-Correa es un tipo odiado y amado al mismo tiempo, como Cristina, como Chávez. Pero no es responsable de mi país, entonces uno puede verlo y hablar con él desde otro lado. El pueblo, la gente, está feliz con él. Los que se quejan son los que trabajan con vos. Lo cierto es que todos lo básico lo tienen cubierto.
-Volviendo a nuestro país... ¿Cómo ves el humor hoy en la televisión argentina?
-Gracias a Dios, Sin Codificar hizo un pequeño cambio en lo que era, porque la verdad se estaba perdiendo el humor. El formato del actor que se pone el bigote, un traje para actuar es lo que se estaba perdiendo. Había ganado el que se hace el gracioso desde un panel. En Sin codificar encuentran una agenda paralela que tiene que ver con otras cosas, parodian a Lanata, a las tetas de Charlotte... Los personajes de Campi están buenísimos.
-¿Qué pensás de lo que hacía Tinelli en ShowMatch ?
- Creo que Marcelo se tuvo que reinventar cuando las patas empezamos a hacer otras cosas. Cuando Miguel Rodríguez, Freddy, Pachu, y yo nos fuimos en busca de nuevos horizontes, porque ya habían pasado muchos años, el vago empezó a buscar un nuevo formato: show de chistes, bailes, para no desestabilizar. Eso hizo que él creciera como conductor/humorista, que se permitiera hacer más el ridículo. Eso lo posicionó en un lugar mucho mejor para mí, más allá de que pueda gustar o no el formato de baile, o lo que haga.
El café está listo. Pablo lo va a buscar. En la cocina aprovecha para mostrar la ventana desde donde puede ver a Jorge Rial, pero a él no le interesa el mundo del chisme. Saca discos de Maccaferri, recuerda lo ricas que eran las galletitas Manón y arranca a contar cómo fue la visita a la casa de Correa con atuendo de Los Locos Addams. Para Granados todo tiene que ver con el humor y la música. Los colores inundan el living y de a poco la charla se va poniendo más picante. "Con Marcelo [Tinelli] no somos amigos... Es difícil ser amigo de un jefe, ¿no te parece?"
-¿Por qué pensás que no hizo televisión este año?
-El formato funciona, tiene rating, gusta a la gente, es muy atractivo. Tiene todos los condimentos que tiene que tener un show: un excelente animador, un jurado conflictivo, personajes que cantan o bailan totalmente disímiles (uno talentoso, al lado uno mediático). Todo está bien pensado, los productores lo piensan, lo arman, tiene sentido. Pero a veces es difícil mantenerlo, son muchos años.

-¿Vuelve o no vuelve?
- Pensé que iba a ir a Canal 9, me parecía una buena idea para activar ese canal, que tiene mucho enlatado. Pero, la verdad, yo me entero como vos. Quizá haya querido correrse en un año tan politizado, ¿no? No me parece mal eso, aunque este es el mejor año para hacer humor político. En los 90, cuando estaba Menem, si había que hacer un chiste sobre él, hacíamos parodias, y un montón de cosas. Ahora hay como un miedo a eso. Ponele, con lo de Báez, si tenés un programa de humor, ¿cómo no hacés la escalera de Báez? ¿Entendés lo que quiero decir? No hace falta ser Lanata. Hace 15 años, no tenías que ser Lanata para hacer humor de ese estilo...
-¿Pensás que es difícil hacer humor político hoy?
-Pareciera que te embanderás si hacés un humor que tenga que ver con la actualidad. Y es brillante, vos agarrás el diario hoy y decís: ¡cuántos sketchs puedo hacer con esto! No sé por qué pareciera que hay ciertos temas que no se pueden tocar. Se están fijando mucho en de qué lado estás. Vos podés estar de acuerdo con una cosa (no hay que utilizar banderas), o con un gobierno y con algunas cosas de ese gobierno no, pero no por eso podés dejar de hacerle una crítica. Es una pena porque para el humor es una agenda permanente. Con Menem, hacíamos lo que queríamos: "Los raporteros", parodias a todo el gabinete... lo que queríamos. Y no era que vos decías es un canal que está en contra del gobierno y, sin embargo, te permitías hacer humor con eso.
"En la Argentina se estaba perdiendo el humor [...] Había ganado el que se hace el gracioso desde un panel".
-¿Cómo lo ves a Pettinato en CQC ?
-Me gusta Petti, porque es muy oportunista para los chistes, cosa que no era antes, los chistes de Mario eran muy armados. Él es muy hábil.
Cada vez que vuelve de Ecuador, Granados tiene la misma sensación: la de no estar en ningún lado. Terminó de grabar Granados en pijamas y tiene ganas de hacer cosas acá, de quedarse estable, de apostar al sedentarismo. Extraña especialmente a sus hijos y a su madre. Los afectos tiran... La luz se va opacando y Pablo aprovecha para contar detalles de su nuevo plan, la cuarta década lo agarró tan activo como la segunda, cuando vino de Rosario a comerse la Capital.
-¿Te pensás quedar acá? ¿Qué proyectos tenés?
-Estoy armando un proyecto que es un programa de aventura, es de un mochilero que viaja por toda la Argentina buscando armar un mapa genético del sentido del humor. Además sigo con la música, vamos a estar con Macaferri y asociados haciendo gira. Estoy viendo si ir o no a Ecuador. Lo más seguro es que no, estoy un poco cansado de ir y venir, necesito estar en un lugar.

-¿Cómo te llevás con la soltería, pasados los 40?
-¿La verdad? Te volvés más selectivo. No es difícil pero a veces te enamorás de la persona equivocada y no funciona así.
¿Te gustaría volver a enamorarte?
-Sí, siempre me enamoro y al final se pudre. Estoy abierto, a mí me gusta la vida familiar...
-¿Es verdad que a los hombres que pasan los 40 les gustan las mujeres de 20?
-Lo cierto es que una mujer de 20 te va a gustar desde los 12 hasta los 80, no sé si me explico. En un momento me clavé en minas de 26 años. Intentaba volver a salir con alguien y tenía 26, ¡la puta habría que jugarle al 26!, pensaba.






