
Palabras que hacen historia
Los argentinos incorporaron a su vida cotidiana muchas frases surgidas de la TV
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No podrá decirse de ellas que enriquezcan el lenguaje del argentino promedio, pero las frases de la televisión se reproducen sin cesar en la charla cotidiana. Ultimamente, el "Si querés llorar, llorá" propulsado por Antonio Gasalla y aplicado a Moria Casán por "Amor y Moria", saltó de la pantalla de Canal 9 para circular libremente como punto final jocoso de cualquier conversación o como resumen irónico del infortunio ajeno.
No es la primera construcción televisiva que adopta la gente ni será la última. En el mundo de la apropiación de frases que hace el público, el dime qué repites y te diré qué programa de televisión ves, hace las veces de punto de contacto social.
A excepción del nostálgico "Eramos tan pobres" de Alberto Olmedo, reconocido sin distinción socio-económica-cultural, muchos de los latiguillos de la TV se instalan sólo en sus grupos de pertenencia. "Un dos tres, no te calentés" era la frase que inevitablemente repitieron los chicos de jardín de infantes que miraban "Brigada Cola" con Guillermo Francella. "Yo a vos te saco" se expandió entre el público de "Matrimonios y algo más". "Seguime, chango" fueron las palabras de José de Zer que inmortalizó Pipo Cipolatti y que la juventud adoptó a partir de "La TV ataca", de Mario Pergolini. "Simultáneamente" serpenteó al ritmo del brazo de Jorge Corona en la gente que seguía "De lo nuestro con humor", con Quique Dapiaggi, y Alfredo Casero coló en el gusto de sus seguidores dos momentos del ministro de Ahorro Postal, Wilfredo Manhattan Ruiz, que al compás de sus deditos decía: "Y ahora me calenté" y "Me necesitás, Carlos".
La mayoría de estas frases perviven en la medida que los programas estén en el aire y son olvidadas al mismo ritmo de la indescifrable moda que los impone. Tan crípticos son los motivos que las hacen saltar de la pantalla al lenguaje de todos los días como las razones que hicieron que algunas de ellas se recuerden hasta hoy.
La seducción de la comicidad
Cada tanto aparecen, rescatadas del tiempo, el "Mamita, querida", de Jorge Marrone, "Qué fenómeno", de Pepe Biondi, y "Mientras el cuerpo aguante", de Luis Sandrini. Los tres ejemplos nacieron de las expresiones de grandes actores cómicos. Y parece no ser casualidad que la seducción de la comicidad haga que sus exponentes más queridos o seguidos sean los que tengan en su haber más aportes a la cultura popular.
Olmedo, además del "Eramos tan pobres", aportó el "De acá" del dictador de Costa Pobre y el "Adianchi" de su manosanta; Biondi suma con "Qué suerte pa´ la desgracia"; "Mamá, ¿cuándo nos vamos?", "No te calentáseno" y "Pelito pa´ la vieja" llevan la firma de Carlitos Balá; y en estos días Gasalla agregó el "Si querés llorar, llorá", a logros anteriores como "Qué problema, no?", en su parodia a Lía Salgado, y "Me van a buscar...y no me van a encontrar" de la maestra Noelia.
En el terreno de la publicidad, pero también en el contexto de un programa de entretenimientos, la resolución de un juego en "Atrévase a soñar", conducido por Berugo Carámbula vio reproducirse las palabras "Alcoyana Alcoyana". Muestra de que el público no solamente repite sino que también resignifica las frases, esas palabras dejaron de representar a un producto para convertirse en síntesis cuando se quiere expresar que se produjo una coincidencia o, más aún, como metáfora de que un hombre y una mujer mantienen una relación amorosa. Inclusive el "Y dale con Pernía", de Mario Sapag (imitando a César Luis Menotti), se extendió en el uso como demostración de que el interlocutor es insistente o monotemático.
Muchas veces la frase queda, pero la gente se olvida de sus orígenes. Tal es el caso de "Mamita sabe", típicas palabras de China Zorrilla cuando en los años 70 interpretaba la telenovela de Alberto Migré "Pobre Diabla". "Pechito argentino", repetía Jorge Sassi, y también lo hicieron los adolescentes mientras se emitió "Amo y señor", la telenovela de los mediodías con Arnaldo André y Luisa Kuliok. Y lejos en el tiempo también quedó el personaje que Tincho Zabala hacía para "La Tuerca" cuando se convertía en el funcionario Victoriano Barragán (una suerte de inspector municipal) que ante un soborno -o coima, dicho en criollo- contestaba:"No...No. No le puedo decir que no".
Al mismo compás de una Argentina a la que se le va el pelo pero no las mañas, décadas después otro corrupto televisivo llegó junto con los programas de Tato Bores y con un Roberto Carnaghi que pedía: "No me dejen afuera".
Cada vez que alguien repite una de estas frases en el momento propicio de una conversación apela no sólo al humor de su interlocutor sino también al conocimiento previo que éste debe tener para que sea efectiva. En ese momento se produce la intangible satisfacción de la unión, de saber que ambos comparten el mismo gusto, las mismas costumbres -al menos televisivas- y un mismo código. Si el otro falla, el instante gracioso se diluye y sobreviene la amarga certeza de que ese otro no ve aquel programa favorito.
Entonces se podrá apelar a las palabras de Carlos Andrés Calvo en "Amigos son los amigos", ahora actualizadas por Andy Kusnetzoff para "Caiga quien caiga": "Es una lucha..."





