
Para memoriosos
Durante casi cuatro décadas, los públicos televisivos de casi toda América y de España lo consideraron un libro famoso, aun cuando nunca -hasta ahora- adquirió forma de libro. Es posible que, en el universo de la literatura, tal curiosidad sea exclusiva de El libro gordo de Petete (V & R Editoras, 2009), una creación del dibujante y editor Manuel García Ferré, nacido en Almería, España, en 1929, y radicado en Buenos Aires desde 1947. Petete es un pingüino patagónico que ha sabido repartir conocimientos de variada gama desde las pantallas de cine y televisión y, sobre todo, desde las páginas del semanario infantil Anteojito , publicado entre 1964 y 2002. Otros deliciosos y perdurables personajes de García Ferré son el propio Anteojito, su tío Antifaz, el ingenuo Largirucho, la bruja Cachavacha, el fracasado profesor Neurus y un superhéroe, Hijitus, cómodamente ubicable en las antípodas de Batman. El flamante libro responde a las características originales de aquellos breves programas en los que Petete, un simpático animador de televisión, difundía temas culturales. Profusamente ilustrados, decenas de artículos eslabonan allí los asuntos más diversos: la remota antigüedad, los conquistadores, el mundo zoológico, los funcionamientos del cuerpo humano, la ecología, unos cuantos básicos descubrimientos científicos, los grandes y pequeños inventos...
Un artículo cuenta cierta leyenda mitológica, según la cual la bella Pandora debía transportar, por encargo del dios Zeus, una caja que contenía todos los males, y también la esperanza. ¿A qué otro personaje mitológico debía ella entregar esa caja? Más adelante, el libro recuerda que la fuerza aérea alemana propició, en 1936, el vuelo inaugural de su más enorme dirigible, de 245 metros de largo. El 6 de mayo de 1937, en su viaje intercontinental número 18, esa nave cayó a tierra, envuelta en llamas, en Nueva Jersey, Estados Unidos. ¿Con qué nombre había sido bautizada? Las respuestas, abajo.
Según la mitología griega, la caja de Pandora estaba destinada al titán Prometeo. La catástrofe del dirigible Hindenburg se debió a que portaba enormes balones de hidrógeno, gas altamente inflamable.



