
Para memoriosos
Los historiadores de cine de todo el mundo reconocen que el primer largometraje de dibujos animados fue realizado en Buenos Aires. Se titulaba El apóstol; se estrenó el 9 de noviembre de 1917, su proyección duraba 70 minutos, y tomaba en solfa la personalidad del entonces presidente Hipólito Yrigoyen.
Resultó un éxito sobresaliente, ya que permaneció varios meses, a razón de siete funciones diarias, en la porteña sala del Select (ya inexistente, Suipacha al 400). El film constaba de 58.000 cuadros dibujados por Quirino Cristiani (1896-1984), un italiano que tenía 4 años cuando se radicó en la Argentina. Se anticipó así veintiún años a Blancanieves y los siete enanitos (1938), el primer largometraje de Walt Disney, posterior a otra película de Cristiani, Peludópolis (1931). En ella, el realizador volvía a tratar satíricamente a Yrigoyen, cuyos adversarios políticos lo apodaban El Peludo por sus escasas apariciones públicas. Pero esta película, de 80 minutos, causó poca gracia: fue estrenada cuando Yrigoyen ya había sido depuesto (en el transcurso de su segundo mandato, iniciado en 1928) por el golpe militar del 6 de septiembre de 1930, comandado por el general Uriburu.
Sobre la vida y la obra de Quirino Cristiani trata uno de los capítulos del libro Proezas argentinas (Edhasa, 2005), de Hugo Caligaris, que registra con pluma irónica los méritos, los pesares y las flaquezas de prominentes figuras de la historia nacional. El autor señala que Cristiani produjo otros films, entre ellos el que cuenta las divertidas andanzas de un mono, personaje concebido por un notable cuentista infantil, Constancio C. Vigil (1876-1954), creador de la revista Billiken. ¿Cuál es el oficio de ese pintoresco mono, mencionado en el título de las narraciones de Vigil y en el de esa película? Asimismo, Caligaris destaca que Cristiani cultivó la amistad de un prestigioso artista plástico, ilustrador –entre 1931 y 1936 y entre 1940 y 1945– de los famosos almanaques de Alpargatas. ¿De quién se trata? Las respuestas, abajo.
El mono relojero es uno de los más célebres personajes creados por Vigil, fundador de la editorial Atlántida, en 1918. El dibujante y pintor Florencio Molina Campos (1891-1959) ilustró los mencionados almanaques.





