Paradojas temporales: Skynet está condenada
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El viaje al pasado implica un pliegue del tiempo sobre sí mismo, es decir, crea una estructura recursiva que conduce a una contradicción (similar a los problemas de la autorreferencia en el lenguaje), expresada con claridad en la llamada "paradoja del abuelo": un viajero temporal mata a su abuelo antes de que nazca su padre. De este modo, el viajero pone fin a su propia existencia porque nunca fue gestado. Pero si nunca fue gestado, no pudo viajar al pasado para matar a su abuelo. Entonces, el abuelo vive, el viajero es concebido, puede ir al pasado y matarlo, y así ad nauseam.
Este es, desde luego, el argumento de Terminator (1984): las máquinas envían al monomaníaco robot del título a los años 80 para matar a la madre de John Connor, el líder de la resistencia, antes de que éste nazca y lleve a la humanidad a la victoria en la guerra contra Skynet. Con este desplazamiento temporal llega un problema que la película ignora: si el Terminator va al pasado, mata al líder y ganan las máquinas de entrada, entonces, como en la paradoja del abuelo, el Terminator nunca sería construido ni habría podido ser enviado a matar a John Connor. Las preguntas existenciales de la franquicia se mantienen: ¿el futuro es inmodificable?, ¿estamos programados? y ¿cuántas secuelas se pueden hacer con el mismo argumento?
La solución a la paradoja del abuelo es la misma que la de los problemas de autorreferencia. El viajero temporal no tiene que referirse a su propio conjunto, sino a otro: el viaje en el tiempo debe crear una realidad paralela, en la que no hay contradicción, porque el viajero mata al abuelo o al John Connor de esa realidad específica. Pero éstas son malas noticias para las máquinas de Skynet porque, en este caso, por más que el Terminator triunfe en su misión, esa victoria se daría en otro universo, y las máquinas que lo enviaron permanecerían en la realidad en la que están condenadas al fracaso.
También existe el dilema del origen de los cambios que provocan los viajes temporales. En Terminator 2 se explica que Skynet y los Terminators se originaron a partir de los restos del Terminator que, desde el futuro, envió la propia Skynet. Es decir, los Terminators son causa de sí mismos y su existencia es una contradicción (todo un tema para hablar en terapia). Los vínculos entre las temporalidades de la muy inconsistente Interestelar (2014), de Christopher Nolan, tienen -entre otros- este mismo problema.
Otros films enfrentan con un poco más de entereza los problemas del viaje temporal. La reciente Predestination, de los hermanos Spierig, se pregunta qué pasaría si un personaje ya no matara, sino que se convirtiera en su propio abuelo, con el descalabro consiguiente. Acaso el relato más sólido de viajes al pasado sea Primer (2004), de Shane Carruth, cuyo argumento es tan complejo que, en Internet, existen cuadros de flujo que explican las líneas temporales de los personajes. El más exitoso de estos films es Volver al futuro (1985), de Robert Zemeckis, cuyo futuro es nuestro presente, dado que los personajes viajan al 21 de octubre de 2015. Las tres películas sacan máximo provecho de los gags generados por el cruce de costumbres de diferentes épocas. Como también demuestra El día de la marmota (1993), de Harold Ramis, es probable que la comedia sea el mejor vehículo para estos relatos, porque el humor y el viaje en el tiempo tienen en común la misma lógica: una enloquecida y desarticulada.






