
Cuando yo salia en los 80, podian darte una patada en el culo si ponías “(Not Just) Knee Deep” de Parliament en una fiesta en una casa.
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Cuando yo salia en los 80, podian darte una patada en el culo si ponías “(Not Just) Knee Deep” de Parliament en una fiesta en una casa. Algunos djs no pasaban esa canción ni “Flash Light” porque se armaba una guerra: los locos de las fiestas se sacaban. Con casi quince minutos, “Knee Deep” era tan larga y tan buena que te hacía sentir que ése era el momento para hacer lo que fuera. George Clinton me demostró que todo es posible: tenés que hacer lo que sentís.
Obviamente, él tenía músicos geniales en esos álbumes: Bootsy Collins en el bajo, Bernie Worrell, el mejor tecladista que jamás haya escuchado. Clinton trabajaba con gente como el saxofonista de James Brown, Maceo Parker, y con todos los que quisiera. Ciertamente, los arreglos eran impredecibles. Sonidos de sintetizador altamente distorsionados que nunca antes se habían escuchado, seguidos por música directa y hermosa. Podía transformar las cosas más cursis en funk.
Mi tío Jerry era dj y me mostró todos los discos de P-Funk cuando yo era muy chico: The Clones of Dr. Funkenstein, Mothership Connection. Me encantaban porque me hacían acordar a los dibujos animados, pero eran locos y psicodélicos, y los superhéroes eran hombres negros. Incluso hasta ahora, tienen las mejores tapas de discos que jamás haya visto: te atrapan tanto como un videoclip. Me acuerdo de sentarme y simplemente mirar la tapa de Motor-Booty Affair. Yo era demasiado chico para ir a los recitales, pero había oído de ellos a través de mis hermanos y hermanas mayores: me contaban de los shows con escenarios enormes, y una historia de un fan que se sacó la ropa y corrió por la platea. Eso me perturbaba.
Al final, nadie describió la música de George Clinton mejor que él mismo. Es “Cosmic Slop”, es funkadelic: funky más psicodelia. Se siente una conexión cósmica. Clinton era un gran vendedor, en el mejor de los sentidos: entregaba lo que prometía. Su música nunca desapareció, y todavía puede escucharse su influencia en toda la música actual, desde Outkast hacia abajo. Parliament y Funkadelic ya no existen, pero todavía están treinta años adelantados a su tiempo.




