Paul Greengrass y la consolidación de un estilo
El director de Capitán Phillips cuenta todo lo que descubrió detrás de una historia que lleva su sello
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LONDRES.- "¿Por qué me interesó Capitán Phillips ? Porque se trata de una historia criminal", dice Paul Greengrass mientras echa hacia atrás su larga melena llena de canas y se despereza en su silla del modo más elegante posible, como si todavía sintiera algún remezón del tremendo esfuerzo que le significó rodar una de las películas más comentadas del momento, que acaba de estrenarse en la Argentina.
Para el realizador de La supremacía de Bourne y Vuelo 93 resulta indistinto si esa referencia ( crime story , en su idioma) corresponde a obras de ficción o, como en este caso, a relatos inspirados en un hecho real: el abordaje de un buque mercante de bandera estadounidense por parte de piratas somalíes en el Cuerno de África y la captura de su capitán, convertido en rehén.
"Las mejores historias criminales tienen dos aspectos -explica, didáctico, Greengrass-. Uno es el hecho en sí y sus consecuencias, como ocurre en Crimen y castigo , de Dostoievski. Allí todo es bastante claro. El otro se vincula al contexto social en el que ocurre el hecho. Allí tenemos muchas más ambigüedades y ambivalencias."
Para el director, en este caso el contexto está vinculado a las transformaciones de la economía global y a la acción de los piratas, víctimas visibles de ese nuevo escenario internacional. "En el siglo XIX, esta historia hubiese hablado de los robos de trenes, porque por allí se desplazaba la riqueza. En los años 20 del siglo pasado, el lugar hubiera sido algún dock de Chicago, Nueva York o Londres, y el crimen organizado moviéndose allí. Ahora tenemos estos gigantescos barcos con miles de contenedores desplazándose por los mares del mundo y transportando el 90 por ciento de lo que ustedes ven en esta habitación: cortinas, sillas, mesas, muebles, pantallas de TV."
Desde estas premisas, según propia confesión, Greengrass construyó su mirada sobre un hecho que mantuvo en vilo al mundo entero en su momento. "El primer guión -recuerda- estaba basado en el libro autobiográfico de Phillips, pero ese texto es el registro en primera persona de todas sus vivencias. Y yo quería incorporar todo este contexto y también, sobre todo, la cuestión de los piratas. Por eso los hechos parecen claros: el capitán del barco, a priori el inocente, y el capitán de los piratas, a priori el criminal. Hasta que, frente a frente, las cosas resultan menos claras, más ambiguas. Que quede claro: aquí no hay vueltas, un pirata es un pirata. Pero la historia justifica un acercamiento que no demonice ni quede envuelto en un halo de romántica venganza contra lo injusto que es el mundo."
Para el director, el problema somalí es similar en sus ejes centrales al que enfrenta México en su lucha contra los poderosos carteles del narcotráfico. "Aquí y allí tenemos poblaciones locales golpeadas por los vaivenes de la economía global que necesitan sobrevivir, sobre todo cuando las autoridades centrales de ese lugar dejan de tener influencia y poder. Eso les pasa a los pescadores de la costa de Somalia: terminan rindiéndose al poder de los señores de la guerra y los jefes criminales, que, en definitiva, son los únicos que van a ver el gran dinero y nunca corren riesgos. La red criminal armada alrededor de la piratería es enorme y muy compleja. Tiene muchas ramificaciones."
Marcas de estilo
Greengrass reconoce en la charla que Capitán Phillips es un paso más en la consolidación de su reconocido estilo de narración, apoyado en el uso sistemático de la cámara en mano y permanentemente asociado al documental. "Primero fui trabajando esta fórmula de un modo inconsciente y, con el tiempo, de un modo mucho más claro. Me pasa que cuando ya tengo en claro cuál es el conflicto central y logro definir a los personajes, descubro, detrás, varias capas de significados diferentes que suelen ser contradictorias y complejas. Cuando empiezan a aflorar, la historia se torna mucho más auténtica, pero al mismo tiempo riquísima en variantes, porque las cosas pueden cambiar en cualquier momento. Los documentales reflejan los hechos de un modo mucho más literal. Yo no hago eso: hago películas."
Greengrass llegó al proyecto cuando todo ya estaba encaminado y la producción tenía resuelto que Tom Hanks sería el protagonista. Pero se encontró con un ambiente con reminiscencia familiar. "Me siento muy orgulloso de haber dirigido esta película, que de algún modo es un tributo a mi padre, marino mercante. Seguramente por eso disfruté tanto el rodaje en alta mar, por más que las condiciones fueron tremendamente exigentes. Con ese antecedente, la aventura en mi caso debía ser completa. Así encaré el proyecto."
El lugar elegido para el rodaje fue Malta, que por su situación geográfica facilitaba toda la logística requerida desde la producción. "Allí encontramos después de una larga búsqueda la posibilidad de utilizar un verdadero barco mercante como el Maersk Alabama. Y lo mejor es que a 10 minutos del puerto ya estábamos en el océano. Después pudimos filmar en Virginia con la misma fortuna, porque tuvimos a disposición el destructor USS Halyburton, el mismo que la Armada estadounidense utilizó en 2009 en esta operación.
Al hablar de Hanks, lo que más pondera Greengrass es su extraordinaria habilidad y talento como actor para interpretar a personas comunes y corrientes. "En una era dominada por superhéroes cinematográficos, Tom basó toda su carrera en esa maravillosa condición, por eso todo el tiempo pensé que era perfecto para este papel y no me equivoqué. Se trata de un desafío enorme para un actor, que está obligado de este modo a dejar de lado su ego natural. Hay algo que Tom muestra mejor que cualquiera de sus pares: cómo una estrella de cine puede desaparecer detrás de la máscara de una persona común y corriente."




