
Junto con Diana Krall y otras figuras jazzeras, el Beatle se calza el traje de crooner
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No es la primera vez que Paul McCartney edita un álbum de covers. Lo hizo anteriormente con Choba B CCCP, parte del Unplugged y Run Devil Run; pero en estos casos los temas versionados eran oldies de rock & roll, como un tributo a sus raíces en el género. Esta vez ha decidido remontarse aun más atrás en el tiempo, con canciones de los 30 y los 40: la música que escuchaba su familia, y en especial su padre, que incluso tocaba en el piano algunas de ellas. Canciones de compositores clásicos como Irving Berlin, Frank Loesser y la dupla Harold Arlen y Johnny Mercer, entre otros. El music-hall y el teatro musical de Broadway son estilos que también forman parte de las raíces musicales de McCartney, a los que ha recurrido en composiciones propias como "When I’m 64" o "Martha, My Dear". Un repertorio que ha sido frecuentado por crooners clásicos (Sinatra, Tony Bennett) y contemporáneos (Rod Stewart, Michael Bublé).
Justamente, el propio Paul confiesa que era una idea que tenía hace mucho, pero cuando Stewart se "volvió loco" con los standards del American Songbook, esperó lo suficiente como para que no se dijera que estaba haciendo "la gran Rod", y además eligió interpretar canciones no tan frecuentadas (lo cual es cierto, con algunas excepciones como "Bye Bye Blackbird"). Al encarar estos temas, románticos en su mayoría, el cantante no sólo mira hacia el pasado. El álbum también contiene un guiño hacia su presente: es el primero que Macca graba desde su reciente casamiento con Nancy Shevell, y los ramos de flores que acarrea en la foto de tapa parecen estar destinados a ella.
Desde el vamos, arrancó con polémicas por el título: Kisses on the Bottom podría traducirse como "besos en el trasero"; y Paul trató de sacarse el problema de encima diciendo que es parte de la letra del tema que abre el álbum "I’m Gonna Sit Right Down and Write Myself a Letter", un éxito de Fats Waller de 1935.
Como no podía ser de otra manera, el británico se rodeó del mejor personal disponible en la materia: el productor es el veterano Tommy LiPuma (colaborador de George Benson y Miles Davis); y el acompañamiento está a cargo de la pianista Diana Krall –responsable también de los arreglos de la sección rítmica– junto con miembros de su banda, a los que se suman grandes sesionistas, como el vibrafonista Mike Mainieri, el guitarrista John Pizzarelli (que también tiene su propia carrera como crooner) y su padre, el legendario Bucky Pizzarelli, que aporta una cuota extra de swing en "It’s Only a Paper Moon".
Los temas fueron grabados a la antigua: todos tocando juntos en tiempo real, con el mismo micrófono utilizado por Nat "King" Cole, en tres estudios clásicos (Abbey Road en Londres, Capitol en Los Angeles y Avatar en Nueva York), en muchos casos con suntuosos arreglos orquestales. Con un entorno tan tradicional, Paul no pretende innovar: sus versiones son respetuosas de las melodías, a las que impone su inconfundible personalidad como cantante.
Por las inflexiones, los diversos registros de voz, los contornos melódicos, puede deducirse que Macca se divirtió en grande con la posibilidad de exteriorizar su delicada sensibilidad de estilista. Se destaca especialmente cuando se pone intimista y jazzy en "More I Cannot Wish You" y "The Glory of Love", y añade un sabor de blues en "Get Yourself Another Fool", con la guitarra de Eric Clapton, que cada día toca mejor. Pero lo mejor son los dos temas propios, para los cuales se reservó invitados muy especiales: tanto "My Valentine", nuevamente con Clapton (esta vez en acústica) como "Only Our Hearts", con el increíble Stevie Wonder en armónica, podrían integrar cualquier álbum de Paul sin desentonar.
Por Claudio Kleiman
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