
Paul Newman, en la escena política
Desde posturas de izquierda, el actor cuestionó duramente a los republicanos
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NUEVA YORK (The Times).- Después de haber deslumbrado al público durante varias décadas con sus legendarios antihéroes, Paul Newman se ha volcado hacia un papel novedoso e inesperado: se ha convertido en un experto en política.
Para deleite del moribundo establishment liberal norteamericano -y desaliento de algunos de sus admiradores más derechistas-, Newman comienza a emerger como un crítico de la mayoría republicana en Washington, un fustigador de las incorrecciones políticas y un influyente campeón de polémicas causas izquierdistas. Y todo esto lo hace sin pelos en la lengua.
Si bien nunca ocultó sus simpatías izquierdistas, siempre evitó las bravatas ideológicas obsesivas que acompañaron, por largo tiempo, la carrera de la actriz británica Vanessa Redgrave. Pero ahora, al entrar en su ocaso como astro cinematográfico, Newman se despoja de su reticencia y sale a la calle disparando sus pistolas al mejor estilo de Butch Cassidy.
En abril, debutó como columnista de The Nation -una revista política de tendencia izquierdista de la que es copropietario desde 1995- con un punzante ataque satírico al senador republicano Jesse Helms, el áspero presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Cuestionó su ética y censuró sus métodos para recaudar fondos, así como sus vinculaciones políticas reaccionarias. "En todos estos años, usted ha defendido a matones autoritarios como el haitiano Cedras, el chileno Pinochet y, peor aún, a Roberto d´Aubuisson, que comandó los escuadrones de la muerte en El Salvador -escribió-. ¿Alguna vez conoció a un dictador que no le cayera simpático?" En mayo le tocó el turno a otro republicano: Newt Gingrich (alias Newt el Astuto) presidente de la Cámara de Representantes. Newman se mofó de unos comentarios de él, poco atinados, sobre quiénes deberían financiar el Fondo Nacional de las Artes y exclamó: "¿Newt cree realmente esto? Me pregunto qué habrá estado fumando".
Las columnas no son precisamente modelos de erudición académica -abundan en chistes torpes y oscuras alusiones políticas-, pero han atraído la atención del público en todo el país.
En declaraciones para The New York Times, Newman anunció modestamente que sus estallidos eran tan sólo "un par de hipos", pero dejó muy en claro que hablaba en serio. "Si no hay una voz estentórea y brillante en la izquierda -advirtió-, la gente supondrá que el centro queda a la derecha de Gengis Khan."
Refiriéndose a algunos de los republicanos derechistas menos discretos, que habían salido derrotados en las elecciones de 1996, escribió: "No obstante, las ratas siguen saliendo de sus madrigueras".
Respeto bien ganado
Si Newman fuese uno más entre los astros cinematográficos menguantes que hablan de política arrojando espuma por la boca, pocos le habrían prestado atención. Pero, a diferencia de muchos otros liberales de Hollywood -en especial, Jane Fonda y Barbra Streisand-, Paul se ha ganado un respeto insólito en los círculos políticos. El invierte su dinero en las causas que proclama.
En los últimos 12 años, ha donado para fines caritativos más de 60 millones de dólares, provenientes de las ganancias que le reditúa su floreciente imperio de productos alimenticios. En una nota al pie de su primera columna en The Nation, el editor apuntó con ironía: "Paul Newman, propietario de Newman´s Own, ha anunciado recientemente que su aderezo para ensaladas da más ganancias brutas que sus películas".
El éxito internacional de la línea de productos Newman´s Own ha lanzado inesperadamente a su fundador a la vanguardia de los benefactores norteamericanos. Gran parte de sus donaciones son convencionales. Siente especial compasión por los niños enfermos. Su Hole in the Wall Gang Camp, en Connecticut, cuyo nombre alude al film sobre Butch Cassidy, ha sido aclamado como un proyecto filantrópico ejemplar. Cuando los tornados arrasaron Jarrett, en Texas, despachó inmediatamente varios camiones cargados con sus productos; de hecho, envió más de lo que el pueblo podía almacenar.
Debates delicados
Sin embargo, Newman también ha prestado su nombre y su dinero a proyectos más delicados desde el punto de vista político. Costea una serie de premios a la libertad de expresión, otorgados por el Pen Club. Ha aparecido en anuncios televisivos abogando por el control de la venta de armas de fuego. Ha enfrentado a Charlton Heston en un debate televisado acerca de las armas nucleares. En diciembre de 1996, se unió a Streisand, Oliver Stone y otras celebridades liberales en una protesta contra el gobierno chino que, supuestamente, intentaba prohibir un film sobre el Dalai Lama.
Su esposa, Joanna Woodward, también ha ayudado a los liberales. En la actualidad, dirige una reposición off-Broadway de "Esperando a Lefty" que ha recibido buenas críticas. La obra de Clifford Odets tiene por tema una huelga de taxistas y en ocasión de su estreno, en los años 30, fue condenada como propaganda comunista.
La señal más evidente de que Paul Newman está levantando olas con su creciente perfil político ha sido una respuesta dispéptica de la derecha: "Sí, Newman es un espectáculo de calidad -observó Brent Bozell, columnista del New York Post-, pero cuando los liberales se convierten en políticos, a menudo pierden su dignidad y/o sentido común".
Bozell desechó la campaña emprendida por Newman, en tiempos de la guerra fría, en favor de un congelamiento de las armas nucleares. Asimismo, señaló que sus donaciones caritativas a veces han ido a parar a entidades políticamente discutibles, como el Centro para la Información sobre Defensa, crítico asiduo del Pentágono, y la Unión de Científicos Preocupados, que hizo una campaña contra la iniciativa de defensa estratégica o "guerra de las galaxias".
Los editores de The Nation niegan todo indicio de que Newman se proponga seguir los pasos de Ronald Reagan desde Hollywood hasta la Casa Blanca. Uno de ellos ha dicho que cuando visita las oficinas neoyorquinas de la revista se comporta "casi con timidez".
Tampoco se ha congraciado con la elite del Partido Demócrata. Si bien el matrimonio Newman mantiene una relación amistosa con Clinton, el actor ha manifestado abiertamente su aversión a las tendencias políticas predominantes. "Todo gira en torno de la ganancia obtenible, y no de la moralidad de las cuestiones -le dijo a The New York Times-. Son incapaces de actuar con coraje porque se están protegiendo para la próxima elección."
Sin ambiciones políticas personales, Newman parece disfrutar su papel de disidente solitario, dueño de un perfil y una plataforma. Lo han apodado "el último liberal", pero el evidente placer que le produce el poder expresar sus ideas está muy teñido de amargura frente a la debilitante incapacidad del Gobierno -así la percibe él- para tomar posición respecto de cuestiones morales.
"Si el gobierno es incapaz de gobernarnos -expresó en una de sus columnas-, al menos debería hacernos reír un poco."




