
Pavarotti y Sosa, hasta el 2005
En medio de los ensayos, la argentina dijo que en el futuro harán la Misa Criolla
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Cada uno trabajó por su lado para terminar de redondear lo que presentarán esta noche en la Bombonera, a partir de las 21.
La trastienda de la preparación del espectáculo mostró un ambiente distendido, diferente del clima más emotivo que tendrá el concierto cuando la cantante argentina presente al tenor italiano ante el público local.
Pavarotti y Mercedes Sosa sólo compartieron una reunión previa para repasar el segmento de las dos canciones que harán juntos, acompañados por la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Leone Magiera, en el Teatro Colón.
Los cantantes no pararon de ensayar en la semana, alternando con otros compromisos dentro del contrato, como cenas protocolares que los reunieron con alguna fundación. Después le dedicaron todo su tiempo a la música.
Mercedes Sosa llegó al ensayo de anteanoche con el Coro Polifónico Nacional en el Teatro Cervantes vestida como si hubiera llegado directamente de Siberia. Estaba muy resfriada, pero eso no le quitó el ánimo.
En medio de gente cercana, Mercedes contó el pedido que le hizo Pavarotti. "Estaba muy entusiasmado con las famosas empanadas tucumanas que hace mi cuñada. Ya le mandamos un par de docenas a su suite y ahora él me prometió que me quería hacer unos tallarines", comenta la cantante.
Pero en el futuro los posibles encuentros entre los dos no serán solamente culinarios. La folklorista, en diálogo con La Nación , adelanta:"Medio en broma y medio en serio, me pidió las partituras de la Misa Criolla, porque le gustaría que la grabáramos juntos en el 2005. Lo dijo con tanto tiempo de anticipación porque le cuesta, estudia de memoria, viaja de un lado para otro y está viviendo un momento de enamoramiento. Quiere aprovechar estar con su esposa y nada más".
La noche increíble
Cuando llega a la sala, habla, se ríe, recuerda cuando cantó en este mismo lugar con Ernesto Sabato y Eduardo Falú, y saluda a los 85 coreutas que están presentes en el ensayo para darle los toques finales a la Misa Criolla. También están sus músicos y recuperado Colacho Brizuela, su guitarrista y amigo, al que abraza durante varios minutos. Todos, asegurándose de que la noche junto a Luciano Pavarotti sea inolvidable. "Es increíble estar con él", afirma Mercedes, que todavía parece no salir de su asombro.
La cantante tucumana está entusiasmada como si fuera su fiesta de quince. Habla del tenor italiano con un tono maternal y un gesto de sorpresa. "No es ningún divo, es una persona hermosa que ama el canto y que no hace esto por la plata. Tiene la humildad de un grande. Tiene un enorme amor por la vida. Hay tanta gente que tendría que aprender de Pavarotti...", suspira.
Director, cantante y arreglador se reúnen alrededor de la partitura de la Misa Criolla, de Ariel Ramírez, para ajustar los últimos detalles. Mercedes aprovecha el descanso para tomar un té caliente. Repone fuerzas, aliento y continúa con el "Credo".
Algunas chicas del coro no dejan de mirar embelesadas a la tucumana. Jaime Torres irrumpe en escena con paso apresurado, llega tarde. Una confusión casi lo deja fuera del ensayo. Pero está contento con poder sumar su charango a un espectáculo inusual.
Un asesor napolitano
"Esto va a ser un acontecimiento para mí muy importante, así que me estoy preparando desde hace mucho tiempo -desliza Mercedes Sosa-. Por eso ahora que vino no puedo cantar cualquier canción. Quería hacer esta Misa Criolla que es amada y respetada en todo el mundo. También me preparé para poder cantar con él "Core ´ngrato". Hasta me hice asesorar por napolitanos, que viven acá, para poder cantarla juntos. Las partes agudas las va a hacer él y las graves, yo. Me tocó la peor parte y con más letra", dice con un tono divertido y buscando la complicidad de su entorno.
La letra de "Caruso" también la tuvo que repasar en el avión, mientras llegaba de su gira por Colombia. A pesar de haberla grabado no recordaba casi nada. "Fue duro volver a aprender la canción de nuevo, pero muy gratificante porque es de un amigo como Lucio Dalla, que le habló muy bien a Pavarotti de mí." En otro momento de la informal charla, en el parate del ensayo, la folklorista aclara: "No voy a cantar lírico porque no sé. Yo canto la música popular con estos coros maravillosos, pero para darle una estatura extraordinaria y diferente. Nadie que vaya a Boca se va a sentir mal porque con mi repertorio no le estoy faltando el respeto a un maestro como Pavarotti. Espero que todo salga bien y estoy orgullosa de haber elegido la Misa Criolla de Ariel Ramírez."
El ensayo prosigue. El encuentro entre Mercedes y el coro sirve de prólogo de todo lo que puede suceder esta noche. El momento es litúrgico, ceremonial y emotivo cuando repasan el tema de Charly García "Cuando ya me empiece a quedar solo". Al final de la canción surge un aplauso espontáneo de todos. Labor terminada.
Al Colón
Luciano Pavarotti eligió el Teatro Colón para repasar el repertorio que recreará en el concierto de hoy. El templo de la música clásica fue por un día para él solo.
Los setenta integrantes de la Filarmónica comienzan desde temprano a afinar sus instrumentos. El director, convocado especialmente por Pavarotti, parece dormido sobre su asiento. Cuando están todos los músicos, menos la estrella, comienzan con las arias de Donizetti.
El tenor llegó una hora después. El personal de seguridad registra que todo esté en condiciones. Después, el italiano entrará sonriente, vestido informalmente y con zapatillas. Los músicos golpean con sus pies en el piso a modo de recibimiento. El tenor se muestra de buen humor y se hace el payaso dirigiendo un saludo, a la platea y al paraíso, inclinándose como si el Colón estuviera lleno. Rápidamente pone manos a la obra. Pavarotti dirige más de lo que canta. Le hace indicaciones al director y a los músicos. "Mezzoforte, no piano", señala a la sección de cuerdas. Todos le hacen caso.
Pavarotti recurre a su equipito de ensayo: una toalla que le cuelga del cuello, un termo con un trago "mágico" para aliviar su garganta y, por supuesto, las partituras, que conoce prácticamente de memoria.
Los curiosos que lograron colarse en el ensayo estallan en un respetuoso aplauso al término de cada pieza. El clima es alegre. "Bravo, bravo", dice Pavarotti, satisfecho, cuando la música suena como quiere. Pero en un momento pierde la concentración, mira a su alrededor, eleva la vista y exclama sin pudor, en italiano: "¡Che bel teatro!"
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