
Alejandra Majluf: de su “inesperada” salida de GH, al consejo de Ricardo Darín y las locuras que hizo de joven
La actriz de 61 años probó suerte en el reality porque quería vivir la experiencia; “La gente se olvida que esto es un juego”, aseguró
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Ante la propuesta de entrar a Gran Hermano, Alejandra Majluf no lo dudó ni se intimidó; si bien la actriz de 61 años es una figura conocida y trabajó en varios éxitos de la televisión, quería vivir esta experiencia. En una charla con LA NACION, repasó su estadía en la polémica casa del reality de Telefe, pero también habló sobre su carrera y lamentó la falta de ficción actual en la pantalla chica.
—¿Te sorprendió tu salida de la casa o era algo que esperabas?
—No me lo esperaba para nada, me súper sorprendió. Se juntó un poco de inacción mía y de mi acompañante —que no me acompañaba— más otra participante que se me tiró encima como una mostra. La gente se olvida que esto es un juego; yo tengo bastante coherencia y nunca perdí de vista eso, tal vez porque soy actriz y el tema de las cámaras me es familiar. He estado muchas veces, no veinticuatro, pero doce horas filmando sí, y se tiene otro timing.
—¿Qué pensaste cuando surgió la posibilidad de entrar en Gran hermano?
—El formato es maravilloso; es lo más visto de la televisión argentina. Yo no puedo ponerme en contra de algo que funciona, pero personalmente nunca lo había visto. Muchas veces porque estaba en España y porque no me aparecía. Una, siendo actriz, quiere hacer ficción y yo tenía los típicos prejuicios como que “ni en pedo voy a entrar ahí, ni loca, esa gente que no hace nada”.
—O sea, te inclinabas por no participar, ¿qué cambió?
—Sí, era un no rotundo, pero, a último momento, cuando se va la Bomba [Tucumana], en junio y después de cinco meses, me llaman y, la verdad, todos los proyectos que tenía se fueron cayendo y necesitaba trabajar y adquirir visibilidad. Hice una constelación familiar y constelé visibilidad. Entonces a la semana me llaman y me guié un poco por la cuestión esotérica, así que fue algo más astral que terrenal.
—¿Sos de darle importancia a lo esotérico?
—Le doy mucho bola, medito, eso me mantiene en eje. Hago reiki desde hace muchos años, atiendo a gente y me gusta. Y por ser terapeuta no convencional, holística, un poco más alternativa, a mis clases también les meto de todo: estudié biocodificación en la pandemia, biodanza, psicología social. Son cosas que te dan instrumentos para una experiencia como Gran Hermano, que es un experimento social que se trata de meter mil ratitas adentro de una pecera, ratitas que quieren salir, que no se miran, que no quieren comer o que comen y quieren comerse lo del otro. Lo miro siempre desde ese lugar.
“Soy una sobreviviente”
—¿Cómo lográs reinventarte?
—Siempre reinventándome, así soy yo. En la pandemia, heredé de mi padre un auto de alta gama y me pregunté qué iba a hacer con eso. Inventé La chofera, que era un personaje que por ejemplo, lo llevaba a Hernán Piquin a Ezeiza y después subía el video a Instagram. Pero me empezaban a llamar de los noticieros porque decían que “Alejandra Majluf ahora es remisera”. No entendieron la onda porque en los Estados Unidos hay uno que los hace cantar y los lleva en el auto. Yo siempre fui de vanguardia. Hace treinta años me puse una peluca azul y unas pestañas gigantes y me fui a Cuba... en pleno quilombo con Guantánamo. Me deportaron a México; quedé aislada y terminé pidiéndole a Coco Fernández [gerente de producción de eltrece] que me trajera de vuelta.
—¿Y qué pasó después de eso?
—Llegué y tenía que grabar Gerente de familia, en la que trabajábamos muchas horas y competíamos con Los Simpson. Así que siento que tengo un training de Ave Fénix, de reinventarme y reinventarme. Tuve momentos hermosos y momentos muy heavys en mi vida. Tuve todo y perdí todo.
—¿Por qué? ¿Qué te pasó?
—Empecé a tener ataques de pánico a los treinta cuando todavía no existían. Me hacían tomografías computadas; no sabían que eran ataques de ansiedad, pensaban que tenía un tumor cerebral. Ahora cuando hay ataques de ansiedad, soy la primera en ayudar con la respiración; sé por dónde es. Desde muy chiquita tuve un maestro espiritual, el señor Agustín, y con él hacíamos retiros a Purmamarca, repartíamos ropa por La Quebrada, siempre lo hice hasta que cumplí cuarenta. Incluso viviendo en Madrid, volvía y me iba a tres mil metros de retiro en carpa.
—¿Cómo pudiste volver a armarte en esos momentos que te resultaron tan duros?
-No sé si todo el mundo lo puede entender, pero creo que hay una protección divina. Soy una sobreviviente. Vengo del palo del rock, de la vida dura, trabajaba con Luca Prodan antes de Cemento. Entonces hacíamos shows que vendíamos con Katja Alemann; ella tocaba el saxo y yo salía de atrás de una barra vestida de pin-up con mi dúo que era Las Pupetas. Así es que presenté a Los Redonditos de Ricota la primera vez que tocaron.
“Invertir en talento”
—¿Cuál es tu mirada sobre la televisión actual y sobre los espacios culturales?
—No hay y me da mucha pena. Te digo Film & Arts porque es lo único que veo, pero ahí hay conciertos y una serie, Vera, la detective, que me gusta mucho y que me encantaría hacer. Ella es una señora de sesenta o más, que es como un Columbo en versión inglesa, y digo: “¿Por qué no me llaman para hacer algo así?”. Hay gente a la que le gustaría verlo. La industria nuestra se va cerrando cada vez más; los negocios pasan por otro lado; a los empresarios ya no les interesa invertir en talento o en calidad porque saben que compran una lata y la gente la ve y eso les garpa. Ya no veo mucha ficción en televisión, las plataformas se comieron todo, está bien que hacen ficción, pero es como la misma familia que hace todas las historias. No renuevan mucho el staff de actores. Vos tenés una Griselda Siciliani que te hace de Moria Casán, que te hace la señora de Menem, y así...
—¿Vos sentís que falta diversidad de caras?
—Ni hablar y ni siquiera estoy hablando de mí, estoy hablando de todos los pibitos que vienen atrás mío, de cuarenta, treinta o veintipico, que no tienen la posibilidad de asomar la nariz. Todas las mismas caras. Vayan por el under, pero claro, no hay más under... Me acuerdo de que cuando laburaba con Sebastián Borensztein descubrimos a Los Prepu en el teatro y lo llevamos a lo de Tato.
—¿Quién te dio el mejor consejo profesional?
—Ricardo Darín cuando me dijo: “Hay que contar una historia porque es muy importante la historia que vas a contar”. Lo importante es el texto, que no es un pretexto. Es muy importante el texto que vas a decir porque lo tenés que hacer tuyo, lo tenés que creer, porque te tiene que gustar. También Inda Ledesma con quien compartíamos camarín. Yo estaba utilizando un método de Eric Morris que dice: “No actúes, por favor”, y ella me dijo que no estaba de acuerdo con lo que decía el libro y me pidió que por favor actuara, que me formara también y aprendiera técnicas. Porque el actor no es alguien que tiene carisma, es lindo y da bien en cámara; el actor es un instrumento como un saxo, como un violín y para saberlo tocar tiene que estar afinado y para estar afinado, hay que trabajar la voz, el cuerpo y los sentimientos. Eso fue genial. Charlábamos mucho en el camarín con Inda. Mirá de las cosas que hablábamos, ¡no había TikTok!



