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Entrevistas

Cecilia Roth: “A lo mejor el poliamor es maravilloso y me lo estoy perdiendo”

Gustavo Lladós
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14 de marzo de 2019  • 00:41

Es la actriz argentina más española y también la de mayor fama internacional. Por haber vivido en la madre patria desde 1976 (cuando sus padres se establecieron en Madrid huyendo de la dictadura militar) hizo carrera ahí y se ganó el respeto de sus colegas y el público europeo. Su amistad y trabajo junto a Pedro Almodóvar ayudaron, claro. Fue musa del director manchego y participó en siete de sus films (la mayor participación que una intérprete ha tenido en su obra hasta el momento). Su trabajo en Todo sobre mi madre fue, sin dudas, su más alta colaboración con Almodóvar; y le granjeó todos los premios posibles.

No obstante, Cecilia Roth no es, principalmente, "una chica Almodóvar". Cuando regresó a la Argentina, en 1988, retomó su carrera cinematográfica local, esa que había quedado trunca tras haber filmado No toquen a la nena (1974) y Crecer de golpe (1976), y de la mano de Adolfo Aristarain filmó Un lugar en el mundo (1991) y Martín (Hache) (1997), dos grandes películas que le dieron lustre como actriz dramática y reconocimiento entre el público argentino.

Desde entonces su historia es bien conocida. Ha trabajado en más de 30 películas y en varias obras de teatro y programas de televisión. Si bien vive aquí, en un hermoso departamento frente al Jardín Botánico, junto a su hijo Martín, su destino es ir y volver continuamente a Madrid. Es que el público español no la olvida y la reclama igual (o más) que el argentino. Será por eso, seguramente, que la contrataron para participar en El embarcadero, una serie española de ocho capítulos junto a Alvaro Morte (El Profesor de La casa de papel), que se filmó el año pasado en Valencia, y que se puede disfrutar en la Argentina a través del nuevo servicio de streaming Movistar TV.

Trailer de El embarcadero. Fuente: YouTube.

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-Pese a que contás con una larga e importante carrera cinematográfica en España, éste es tu primer trabajo para la pantalla chica de ese país, ¿por qué?

-Es que allí antes sucedía lo mismo que aquí: había una distancia entre los actores de cine y los actores de televisión. Hasta que hace unos diez años empezaron a mezclarse todos cuando surgieron programas y series como Los hombres de Paco y Siete vidas, con grandes actores como Javier Cámara y Anabel Alonso. A partir de ahí, cuando en la televisión pasan a desarrollarse proyectos cada vez más interesantes, el prejuicio se termina y los actores de cine son convocados asiduamente. De alguna manera es lo mismo que pasó en todo el mundo.

–Claro, hoy, por ejemplo, en una serie de HBO comparten cartel Nicole Kidman, Reese Witherspoon y hasta la mismísima Meryl Streep...

-Exacto. Y eso también pasa porque ahora se están haciendo más series o miniseries que películas. Por eso todos están trabajando para canales de cable o plataformas de streaming como Netflix y Amazon. Y ahora también está Movistar, justamente la productora de El embarcadero. Hoy filmar cine cuesta cada vez más, para rodar una película deben juntarse un montón de productores. De ahí que resulte tan difícil concretar cada proyecto. En cambio, estas empresas de televisión, de streaming o como quieras llamarlas, cuentan con muchísimo dinero y hay que reconocerlo: sus producciones son impresionantes. Tal vez puedan permitirse tal derroche de dinero (¡y ojalá que lo sigan haciendo!) porque a través de sus plataformas cuentan con millones y millones de espectadores. Una película independiente, en cambio, nunca obtendrá semejante respuesta de público ni el necesario retorno económico.

-A diferencia de las series de Netflix o Amazon, El embarcadero se puede ver exclusivamente a través del servicio de streaming de Movistar. ¿Te interesan las nuevas tecnologías? ¿Qué importancia tienen en tu vida?

-La tienen, no estoy fuera de ellas, pero podría vivir también sin ellas como lo he hecho. No tengo un enganche muy fuerte, pero de golpe me aparece en el celular la cantidad de horas que lo he estado usando y me sorprendo. Eso significa que –más allá de enviar WhatsApp o buscar alguna información en Google- suelo estar metida en las redes más de lo que creo.

"Suelo estar metida en las redes más de lo que creo (...) Posteo un poco, subo fotos, a veces escribo un tuit, pero fundamentalmente soy una voyeur"
"Suelo estar metida en las redes más de lo que creo (...) Posteo un poco, subo fotos, a veces escribo un tuit, pero fundamentalmente soy una voyeur" Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

-¿Cómo y para qué solés usar las redes sociales?

-Posteo un poco, subo fotos, a veces escribo un tuit, pero fundamentalmente soy una voyeur. Me divierte chusmear. De todas las redes la que más me gusta es Instagram, pero no subo fotos todos los días ni exhibo la mayor parte de mi vida. Tampoco lo reservo a cuestiones profesionales. No tengo un Instagram estratégico.

-Un signo de estos tiempos es que los productores convoquen a un actor por la cantidad de seguidores y de likes que tiene en las redes, ¿estás de acuerdo?

-No sé si estoy de acuerdo o no, así funciona el capitalismo. Vende más algo que es mirado que lo que no, obviamente. A veces el exceso de publicidad personal de un actor puede estar reñido con lo artístico, pero no lo juzgo. Cada uno puede elegir cómo manejarse en lo profesional, sobre todo en un país que está en una crisis económica bestial. En fin, cada uno hace lo que puede.

-Hablemos de El embarcadero, un thriller emocional que hace foco en un tema polémico: el poliamor.

-Exacto. La serie no habla de la doble vida o de la poligamia sino de la posibilidad de amar a dos personas a la vez y con la misma intensidad. Es una nueva manera de mirar o atravesar el amor.

-El año pasado hubo un amplio debate sobre el poliamor en la Argentina luego de que Florencia Peña confesara que tenía una relación de este tipo con su pareja, el abogado Ramiro Ponce de León. ¿Qué opinás al respecto?

-El poliamor en realidad es algo muy antiguo, no es que lo haya inventado Flor. Así que siempre ha existido, tal vez no tan abiertamente. Siempre existió la posibilidad y la realidad de que aparezcan otros vínculos mientras estás en pareja y mucha gente los ha incorporado a la pareja. No me parece ni mal ni bien. Creo que cada uno lo vive de la manera que puede vivirlo. Si alguien lo vive mal no tiene la obligación de vivirlo y quien lo viva bien y pueda manejarlo, allá él o ella. No tengo ningún prejuicio en relación al poliamor.

-¿A vos te ha pasado? ¿Has vivido alguna vez una relación de poliamor?

-No, no, realmente no me ha pasado de enamorarme de dos personas a la vez... O de tres o de cuatro. Cuando se me corta una situación amorosa, se me corta, pero no creo que se corte el amor sino el modelo de relación, el tipo de vínculo. Si vos amaste a una persona no vas a dejar de amarla nunca. El amor está ahí siempre, lo que cambia es el modo de amar.

"Si vos amaste a una persona no vas a dejar de amarla nunca. El amor está ahí siempre, lo que cambia es el modo de amar"
"Si vos amaste a una persona no vas a dejar de amarla nunca. El amor está ahí siempre, lo que cambia es el modo de amar" Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

-La duda tal vez no sea si se puede amar a dos personas a la vez, sino si se puede hacerlo equitativamente.

-¡Y que no aparezcan los celos o los impulsos de posesión! Los seres humanos tenemos todo un conjunto de emociones y sentimientos que pueden aparecer en situaciones que uno no maneja realmente. Si es difícil de a dos me imagino que será aún más complicado de a tres, de a cuatro o de a cinco. O tal vez suceda todo lo contrario y sea más fácil cuando se puede subdividir ese sentimiento tan profundo que es el amor y equitativamente amar a dos o más personas a la vez. A lo mejor el poliamor es algo maravilloso y me lo estoy perdiendo.

-Tu personaje en El embarcadero, Blanca, no forma parte del triángulo amoroso de la serie, pero se las trae...

-Es un mujer extravagante, siempre está en el límite de la locura, de la exageración. Para mí está medio chiflada, está más allá del bien y del mal. Es manipuladora, controladora, impune y dueña de una comicidad particular que no es deseada por ella. Tiene a todo momento reacciones inesperadas, es demasiado curiosa y metiche. Y está muy involucrada en la vida de su hija, con la que mantiene una relación complejísima y hasta, diría, simbiótica.

- Si bien ya has interpretado a varias madres, esta es la primera vez que te toca serlo de una hija adulta, por lo cual tu rol es prácticamente el de una abuela. ¿Sentís que estás ante una nueva etapa en tu carrera y de roles? ¿Cómo la afrontás?

-Mmm... no lo sé. En El embarcadero el personaje de mi hija tiene 40 años y se supone que el mío tiene 60, que es más o menos la edad que tengo yo, y a esa edad una va cambiando y van cambiando las elecciones que los productores hacen sobre una también. A veces por prejuicio. En la tele hoy las madres son jovencísimas y tienen hijos grandísimos. Hay una edad en que las actrices (y sólo les sucede a las actrices porque con los actores no pasa) ya no son consideradas una atracción sexual y pasan a ser la madre de quien ahora es la atracción sexual y a partir de ahí a las actrices maduras no se nos permite componer determinados roles y se nos relega a otros que en realidad deberían ser para actrices aún más mayores. Pero, bueno, esto es lo que marca hoy la industria. La industria cree en eso: en la eterna juventud.

-¿Es difícil para una actriz de tu edad conseguir buenos papeles?

-Yo no sé si es difícil encontrar buenos papeles a esta altura, lo que es difícil es dar con buenos proyectos, que es lo que más me importa a mí, los proyectos en general. La semana pasada, por ejemplo, me llegaron ocho proyectos interesantísimos, ¡ocho proyectos a la vez! Y en un año dificilísimo como el que estamos viviendo todos los argentinos a nivel laboral, no sólo los actores. Yo creo que inconscientemente ayudó para que esto suceda porque aún tengo puesto el deseo en mi profesión y espero que sea así por mucho tiempo más.

-¿Cómo te llevás con el paso del tiempo?

-Y... es difícil. No es tan fácil como creía uno cuando era chico. Es como si internamente uno quisiera hacer todo lo que hacía antes y después el cuerpo no te lo permite. Yo tengo ganas de todo, pero ¡el cuerpo no me da! (Risas). Esto me confunde, aún me estoy adaptando a este cambio. Trato de ser inteligente y no combatir el paso del tiempo. Más que molestarme, el paso del tiempo me sorprende, de golpe recuerdo que hace "nada" yo estaba haciendo tal cosa y esa "nada" son ¡30 años!

Yo tengo ganas de todo, pero ¡el cuerpo no me da! Esto me confunde, aún me estoy adaptando a este cambio

-El año pasado, además, estuviste en España filmando la nueva película de Pedro Almodóvar, Dolor y gloria, de próximo estreno en ese país. ¿Cuál es tu rol en ella?

-No hago un cameo, como se dijo, sino una participación y mi personaje es el de una actriz que podría ser de alguna manera yo, pero que no lo soy. Pedro escribió el personaje luego de que nos vimos el año pasado en el Festival de Cannes, cuando él como productor y yo como intérprete fuimos a acompañar a El ángel. Ahí estuvimos hablando mucho sobre la vida y, más tarde, a la hora de escribir el guion y mis diálogos, metió algunas cosas de nuestras charlas. El libro es maravilloso, creo que es uno de los libros más maravillosos que leí en mi vida y no me refiero solo a los de Pedro. Es bellísimo y casi una autobiografía. Es la historia de un director de cine, que compone Antonio Banderas magistralmente. Ellos se conocen tanto... Pedro lo dirigió extraordinariamente y Antonio dio el corazón por esta película.

-Además esta película marca tu reencuentro en un set con Banderas después de tantos años.

-Claro, ¡Antonio debutó conmigo! Suena raro, pero fue así. En Laberinto de pasiones (1982), una de las primeras películas de Pedro. Después actuamos juntos en El señor Galindez (1984), de Rodolfo Khun, junto a Héctor Alterio, y ahora en Dolor y gloria. Fue un hermoso reencuentro. Le tengo un enorme cariño. Creo que ha hecho un camino hermoso pero muy duro, porque me imagino que no debe ser fácil el día a día en Hollywood.

Avance de "Dolor y gloria". Fuente: YouTube

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- ¿Qué tipo de relación tenés con Almodóvar, a nivel personal y profesional, que los mantiene unidos?

-Evidentemente nos une la vida. Pedro es parte importante de mi vida, no solamente de mi trabajo. Le he seguido su historia desde sus comienzos hasta ahora y él a mí la mía. Supongo que eso no se rompe con nada. Nuestro vínculo es inquebrantable. Como actriz está claro que le gusto, conoce mis recursos, lo que puedo hacer y lo que no. Y, por otro lado, como lo conozco mucho, sé cómo ser dirigida por él. Esto hace las cosas mucho más fáciles para ambos. No es casualidad que con él haya conseguido el mayor hito de mi carrera, que fue Todo sobre mi madre. El rodaje de aquella película fue un placer absoluto y todo lo que pasó después con ella, ni qué hablar. Tengo tanto amor por esa película, tantos recuerdos y tanto agradecimiento.

Almodóvar es parte importante de mi vida, nuestro vínculo es inquebrantable

-Además de asistir al estreno de Dolor y gloria en Madrid, te vas a quedarás un tiempo más en España porque te van a entregar un premio a la trayectoria en el Festival de cine de Málaga. ¿Te gustan estos homenajes o los vivís como reconocimientos prematuros?

-Estoy muy emocionada, pero a la vez... Lo mejor va a ser que durante cada día del festival van a pasar una de mis películas, tanto de las españolas como de las argentinas. Aún no sé cuáles van a pasar, pero espero que haya algunas de las menos vistas y que adoro, como Otros días vendrán (2005), Sofacama (2006) y Matrimonio (2012). Ya me han dado otros premios a la trayectoria, evidentemente empecé muy joven... (Risas). De todos modos, estos tipos de premios me ponen nerviosa y me dan vergüenza. No tengo un narcisismo tan elaborado que requiera de este tipo de atenciones. Más bien estos premios me sorprenden y me asustan. Me digo: que pase rápido esa noche, que pase rápido. Me cuesta disfrutarlos. Los vivo con cierta tensión.

En nuestro país cada vez se pone todo más difícil para todos, no sólo para mí

-¿Sentís que en España se te valora y reconoce más que acá?

-En España realmente me siento muy querida, siento que por ahí algunas cosas me resultan más cómodas allí que aquí. Tal vez porque no es mi patria (aunque sí me segundo hogar), entonces cuando viajo para allá pienso que voy a una fiesta. Por otro lado, ahí no tengo que explicar nada, se me conoce mucho y muy bien. Acá, en cambio, me pasa con alguna gente joven que no me ve en la tele y entonces no tiene ni idea de quién soy. También aquí pesa más el tema de la edad, cosa que en España no sucede; y, bueno... también pienso que en la Argentina cada vez se pone todo más difícil para todos, no sólo para mí.

-¿En la Argentina se te discrimina por tus posiciones políticas?

-Yo no soy una militante política, pero sí me siento muy cercana al colectivo de Actrices Argentinas y he sido categórica con respecto a ciertos temas, entre ellos la despenalización del aborto. Y de repente algunas personas y medios no se sienten cómodos con mi claridad de pensamiento, sobre todo con mi postura política totalmente opuesta al modelo neoliberal que estamos viviendo en este momento. Y es por eso que... no diría que me la están haciendo pagar, pero sí que no se acuerdan de mí.

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