Instalado en Santiago, el actor chileno –ex de Juana Viale– se confiesa y revela cuánto lo marcaron las trágicas muertes de su hermano, sus padres y su hijo Ringo. “Los extraño todas las noches”, reconoce
1 minuto de lectura'

Se paró y se fue enojado de la iglesia donde velaban a su madre, Mariana Hölzel. Ese mismo año –2001–, su padre también había muerto de cáncer. Entonces Gonzalo Valenzuela tenía 23 años y la tragedia lo había golpeado, por partida doble, con cinco meses de diferencia. No era la primera vez: cinco años atrás, su hermano Fernando murió ahogado en una pileta en un accidente, un 31 de diciembre. "Cuando escuché al cura decir que mi mamá estaba en un lugar mejor, me fui diciendo: "No hables pavadas… Mi mamá no puede estar en un lugar mejor que este, no trates de consolarme. No me interesó ese consuelo, no quería que nadie me dijera que ella estaba mejor. El mejor lugar donde hoy podría estar mi mamá es con sus nietos y sus hijos", asegura Gonzalo en una valiente entrevista a la revista Sábado, de El Mercurio de Chile.
ACTOR A LA DERIVA
Pide algo para tomar, prende un cigarrillo y se acomoda en la silla de un hotel del barrio Lastarria. Gonzalo (37) mira con cierto recelo, pero con el correr de los minutos se relaja. El actor estrenará próximamente dos películas –El club, de Pablo Larraín, y El amor a veces, de Eduardo Milewicz– y comenzará a ensayar una obra. Lo inmediato son las grabaciones de una tira: Papá a la deriva, una comedia romántica para la televisión chilena, donde interpretará a Bruno, un capitán de la Armada que queda viudo y con cuatro hijos.
–Papá a la deriva está inspirada en La novicia rebelde. ¿Te gusta la película?
–Me fascina, ¿y sabes? Me pasó algo muy especial este año. Mi viejo, con quien tuve una relación extremadamente buena, yunta-yunta, tenía dos personajes que le fascinaban: el Capitán Garfio y el Capitán Von Trapp. Y cuando me llamaron para hacer de Garfio en el musical Peter Pan (se estrenó en enero) no pude decir que no porque es un encuentro con mi papá. Y luego, cuando me hablaron de Papá a la deriva y me dijeron que es como La novicia rebelde y que yo seré como Von Trapp, fue como: "Papá, ¿dónde estás?". [Se ríe].
Los recuerdos por su padre se mezclan con otra pérdida. Hace cuatro años, la muerte volvió a estremecerlo: su pareja de entonces, Juana Viale, tenía siete meses de embarazo cuando sintió que había problemas. Los médicos propusieron inducir el parto. Se llamó Ringo, pero no sobrevivió.
–Enfrentaste la muerte repentina de tu hermano, tus padres y un hijo. ¿Cuánto influyó todo eso en tu personalidad?
–Es duro, pero me ayudó mucho. Aunque suene fuerte, agradezco todo lo que me ha pasado porque soy lo que soy gracias a lo que me ha tocado vivir y por cómo lo he vivido. Si hay algo que duele, es la muerte de un hijo. Pero me levanto todos los días pensando en que si me muero hoy, me muero tranquilo. Pude ayudar a mucha gente gracias a esa experiencia.
–Ante dolores grandes, muchos recurren a la religión.
–Una vez leí una frase que hablaba de la religión como la búsqueda de un consuelo. Y así la entiendo hoy. Me parece bien buscar consuelo porque es necesario. Sobre todo cuando pasan cosas que no tienen explicación.

–¿Y vos recurriste a la religión?
–No.
–Te fuiste de viaje.
–Sí. Tenía ganas de desconectarme de todo. Cerré mi casa y me fui por seis meses a Europa. Solo. Y fue muy bueno. Es lo que pasa en los viajes, con gente desconocida, sin nadie que sepa de tu historia: te hace pensar y descubrirte, y me dio fuerzas para volver.
–¿Cómo lograste cicatrizar esas pérdidas tan dolorosas?
–Hay heridas que no se cicatrizan nunca. Ahora me acuesto en las noches y cada vez que pongo la cabeza en la almohada los extraño. Pienso en mi hermano, en mi vieja, en mi viejo. Cada vez que estreno algo es una satisfacción, pero también una pena muy grande. A mí me cuestan muchos los estrenos por eso, y es algo que voy a llevar toda la vida. No necesito cicatrizarlo, sino saber que me acompañan, y desde un buen lugar. Ellos están en mí. Mientras los recuerde van a seguir estando, y como eso pasa todos los días, están vivos de alguna manera.
–¿Le tenés miedo a la muerte?
–No. Pero no la quiero, por mis hijos, a los que quiero ver crecer. Quiero que ellos tengan a su papá hasta que se aburran. Y como no quiero que me pase nada, me cuido más que antes. Hago mucho deporte, ya no tomo alcohol, fumo lo menos posible. Pero, claro, el destino es el destino. Yo ando en moto desde los 18 años y sé que cruzando la calle me puede pasar un camión por encima y chau papá.
PAPA VALENZUELA
Aunque estaba desarrollando una carrera importante en Argentina –donde llevaba casi diez años–, en 2013 decidió regresar junto a su familia. En parte por el acoso periodístico con el que debía lidiar, pero también por las ofertas que tuvo de la televisión chilena. Hace un año se separó de Juanita, con quien llevaba nueve años. Pero los planes de seguir en Santiago se mantuvieron: él continuó con su trabajo en TV y ella participó en la serie Sudamerican Rockers y hace muy poco estrenó una obra en el Teatro Mori, propiedad de su ex. Valenzuela cuenta que su contrato en Chile es hasta el próximo año y que luego volvería a Buenos Aires, donde tiene ofertas que le gustaría concretar. De paso, marcaría un nuevo traslado junto a sus hijos.
–Tu hijo mayor tiene 7 años...
–Tiene 12, Ambar (la hija de Juana con Juan de Benedictis).
–¿La sentís como tu hija?
–Sí, absolutamente.

–Tras tu separación, ¿cómo cambió el día a día con tus hijos?
–Es difícil. Al comienzo fue más complicado, pero con el paso del tiempo todo se ordenó. Los veo todos los días, están una semana en mi casa y otra en la de ella, y cuando están con Juana, paso a darles un beso y cuando están en la mía, ella pasa también todos los días.
–Para los dos mayores, Ambar y Silvestre, debió ser más problemática la separación.
–Bueno, sí, porque Alí todavía es muy chiquitito. Les cuesta, pero lo entienden. Cuando uno es sincero, por mucho que no les guste, las cosas quedan claras.
–Tras la separación, ¿pensás en volver a rehacer tu vida?
–Yo tengo una familia muy linda. Pero pensar a volver a formar una pareja, no sé, hoy no lo tengo como un tema. Además, imaginate, tenemos un familión donde hay once primos: los tres hijos míos, cuatro de una de mis hermanas, tres de la otra y uno que tuvo mi hermano. Hace unas semanas nos fuimos todos a la playa.
–¿Qué tal sos como padre?
–Los niños son un mundo y es un trabajo descubrirlos. Ambar está en el colegio Alianza Francesa, que es laico y superestricto, cosa que a ella le gusta mucho. Silvestre (7) ahora está en un colegio Waldorf, porque tiene otra personalidad. Y Alí (3) va a un jardín que es Waldorf también y luego veremos.
RECUERDOS DE HERMANO
Tres veces a la semana, Gonzalo se levanta muy temprano para tener clases de boxeo en su casa, junto a otras seis personas. Su pasión por el box es tal que en 2012 debutó como boxeador en Tucumán con una pelea que ganó. Además, su hijo menor se llama Alí y este año pretende llevar un espectáculo con inspiración de box a las tablas. El actor ahora está concentrado en un deporte, pero hasta el año pasado jugaba tenis, vóley, fútbol, snowboard, motocross enduro y golf, su otra pasión, que practicaba desde chico en el Club de Golf Los Leones, donde su abuelo fue uno de los fundadores. "Tuve ofertas para ser golfista profesional cuando era chico, incluso representé a Chile en torneos, pero yo quería ser actor", afirma. Y eso lo supo a los 12, viendo actuar a su hermano Fernando. "Me tocó ver a mi hermano actuar muchas veces en teatro y en televisión. Entonces yo estaba en un colegio muy conservador (Mayflower) y llegó un profesor de Historia que además hacía teatro. El armó un primer grupo y me metí a actuar. Empecé a protagonizar todas las obras del colegio", recuerda.
–¿Te costó mucho convertirte en actor?
–Partí desde chico con esta vocación, pero cuando salí del colegio justo murió mi hermano. Y mi mamá no quería que estudiara teatro. [Hace silencio]. Así es que estudié Dirección y Producción de Cine. Me fue muy bien y le mostré a mi mamá que era uno de los tres mejores promedios, pero que quería hacer teatro. Yo me pagaba a escondidas los talleres de actuación trabajando como barman. Cuando invité a mi mamá a la muestra final se emocionó mucho. Ahí se dio cuenta de que todos los miércoles y viernes yo llegaba tarde a la casa por mis clases de teatro.
–¿Y entonces se convenció?
–Me acuerdo de que habló con Fernando González [su maestro] y le preguntó: "Dime la verdad, ¿Gonzalito puede ser un buen actor y vivir de esto?". Y Fernando le dijo que creía que sí. Y ahí mi mamá me agarró llorando y me dijo: "Ya, te pago la escuela, dale". Así es que para mí todo esto no es porque sí. Por eso quiero tanto mi trabajo y soy tan profesional en lo que hago, porque me ha costado mucho llegar hasta aquí, la peleé duro para ser actor.

–¿Tu hermano actor te daba consejos?
–Me alentaba, estaba feliz. Pero creo que nunca imaginó que me convertiría en actor, no pudo ver todo lo que ha pasado hasta ahora, al menos acá en la Tierra, no sé si se verá desde otro lugar. Pero yo le dedico cada estreno, cada obra, cada debut. Todo lo que hago va dedicado a mi hermano.
–Tu padre tampoco quería esta carrera para vos.
–Para mi viejo era una locura, no lo podía creer. Además, en esa época no era el boom del teatro ni había el campo laboral de ahora. En el colegio era buen alumno, podría haber sido ingeniero, porque me iba bien en matemáticas. A él le preocupaba mi seguridad económica. Y a mí no. Yo quería hacer lo que me apasionaba.
–¿Cuándo él se dio cuenta de que no había caso?
–Mi viejo me fue a ver a Sinvergüenzas. Fue la única vez que me vio actuar. Y me acuerdo de que se puso a llorar. No podía creer cómo el público aplaudía de pie y que su hijo lo hiciera reír de esa manera. Hace unos meses, encontré una carpeta que era de mi papá. La abrí y había un recorte de un diario con una nota mía. No sabía que mi viejo la tenía guardada, así que imagínate... De alguna manera, él siempre está presente.
Texto: Rodrigo Munizaga, para revista Sábado/El Mercurio
Fotos: gentileza El Mercurio/Chile
1La noche de Mirtha y Almorzando con Juana, por dentro: curiosidades, perlitas y lo que no se vio del reestreno de ambos programas
2Johanna Villafañe: de la picardía con la que irrumpió en los medios a su nueva vida como emprendedora y madre soltera
3Las Trillizas de Oro, sobre la denuncia contra Julio Iglesias: “Nunca vivimos nada de lo que se está diciendo de él”
- 4
El comentario de Chris Noth contra Sarah Jessica Parker, tras el homenaje que recibió la actriz en los Globos de Oro





