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Días después de su histórica visita de Estado al Reino Unido, donde Máxima desfiló por Buckingham con la tiara Stuart (la joya más valiosa del cofre de los Orange), el rey Guillermo Alejandro (51) desembarcó en tierras de Isabel II vestido con ropa de fajina. Camuflado, acompañado por doscientos intrépidos marines, pasó los primeros dos días de noviembre en las "highlands" de Escocia, a la intemperie, como parte de un estricto entrenamiento de supervivencia. Con sus propias manos y una pala construyó su "palacio" debajo de un árbol. Y comió lo que les ofreció la naturaleza, sentado junto al resto de sus soldados, alrededor del fuego. De acuerdo con el comunicado de la Casa Real, el entrenamiento le enseñó a "sobrevivir, moverse y funcionar en condiciones climáticas severas en zona montañosa. Navegar y elegir rutas seguras y alojamiento. También la práctica de varias técnicas de escalada y ascenso". Si bien no es usual ver a Su Majestad vestido con ropa militar como la que llevó en Garelochhead, no sorprende el espíritu intrépido y hasta excéntrico de Guillermo Alejandro: en mayo del año pasado contó que había estado trabajando part time como piloto comercial de KLM, la línea de bandera de su país, durante ¡dos! décadas.•





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