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Se vieron por primera vez en un muelle. Karina tenía sólo 18 años cuando conoció a Daniel Scioli, por entonces el deportista más destacado de la motonáutica nacional. El acababa de correr los 100 km del Delta, una prueba que ganó en varias oportunidades, aunque fue el mismo certamen que, en 1989, lo llevó a perder el brazo derecho. ''Me pidió el teléfono, se lo di enseguida, y me llamó esa misma noche. A partir de ahí comenzó una relación increíble'', rememora Karina.
Tal vez sea el clima que genera la gran chimenea encendida en el salón principal del Llao Llao. O la relajante vista al lago Nahuel Huapi. Pero Karina Rabolini (43) detiene su ajetreado día de trabajo para la producción de fotos de la revista ¡Hola! y algo sucede: con una sinceridad y una entereza que emociona, relata los pormenores de una historia que la llevó desde Elortondo, un pueblo en la provincia de Santa Fe, a aconvertirse en la primera dama de la provincia de Buenos Aires.
Karina Rabolini es hija de una maestra y de un comerciante que era dueño de una concesionaria de autos. Tiene dos hermanos: Andrea, dos años mayor que ella, y Santiago, doce años menor. Cuando ella cumplió 14, su familia se mudó a Buenos Aires y, pronto, un amigo de su hermana la contactó con una agencia de modelos y empezó a trabajar. ''Era muy chica cuando lo conocí a Daniel y llevamos veinticinco años juntos'', dice pausadamente. Convivían cuando él se accidentó en su lancha, La Gran Argentina (y perdió el brazo derecho), sobrevivió a un incendio en el que tuvo que saltar dos pisos para salvar su vida -se le fracturaron las dos piernas-, atravesó una profunda crisis de pareja que los mantuvo separados por cuatro años, en 2001 debió afrontar la quiebra de su empresa, y pasó tiempos difíciles cuando llegó a sus vidas Lorena, la hija de Daniel con otra mujer. ''Estoy acostumbrada a pelear contra la adversidad. Soy una convencida de que se sale adelante'', asegura.
Hoy es directora de la Fundación Banco Provincia y maneja una empresa con su nombre que vende cosméticos, fragancias, ropa y lentes. ''Mi gran desafío para 2011 es la maternidad. La lucha por quedar embarazada es muy difícil? La estoy volviendo a vivir en este momento'', explica.
-¿Cómo fue tu infancia?
-Yo era bastante salvaje. De hecho, mi madre me inscribió en un montón de cursos para ver si podía civilizarme un poco, volverme más femenina, porque vivía embarrada, rodeada de animales. Me mandó a aprender todo lo que enseñaban en el pueblo o en las cuidades cercanas: baile clásico, patín, dibujo, dactilografía, piano, inglés. Y si bien me quejaba bastante porque prefería ir a jugar, hoy le agradezco el enorme esfuerzo que hizo, porque la vida de pueblo es fantástica, pero encontrar oportunidades es muy difícil.
-¿Cómo fue tu adaptación cuando te mudaste a Buenos Aires, la gran ciudad?
-Me costó muchísimo, porque el cambio fue muy grande. En muchos casos la suerte me ha acompañado, pero siento que lo que conseguí fue por mi tenacidad y sentido de la responsabilidad. A los 15 años ya trabajaba.?
-¿Cómo llegaste al mundo de las modelos?
-Un amigo de mi hermana me llevó a una agencia. No era que disfrutara de ser modelo, porque en ese momento tenía todos los complejos que te puedas imaginar: venía del interior, tenía muchas inseguridades con mi imagen, y era tremendamente tímida, y lo sigo siendo, aunque con los años fui aprendiendo a manejarlo. En esa época todo era más fácil, las modelos no tenían el mismo protagonismo que ahora, ni ganaban tanta fortuna. Empecé porque me daba plata y la oportunidad de viajar, que es algo que disfruto mucho, porque aprendo. Yo hacía una vida distinta al resto, porque estaba en el backstage de los desfiles y tenía que ponerme a estudiar. Iba al colegio aunque estuviera enferma porque necesitaba las faltas para el trabajo. Pero eso me permitió ayudar a mi familia en un momento muy difícil y me dio un contacto con la prensa que después me fue ayudando en cada uno de los proyectos que emprendí.
-¿Cómo conociste a Daniel?
-A los 18 años, en la llegada de la carrera de los 100 km del Delta. En el muelle. Y fue inmediato. Pasaron veinticinco años ya, llevamos toda una vida juntos.
-¿Contando la separación?
-Sí, tuvimos muchos altibajos. De hecho, nos distanciamos durante cuatro años y volvimos. Dicen que uno se conoce cuando se separa. Daniel es mucho más que mi marido, es mi familia, mi compañero de vida, es la persona en la cual confío y a quien más apoyo. De él aprendí mucho. Es mi gran sostén y quien me impulsa a enfrentar los distintos retos. El me da libertad, jamás me puso trabas en mis sueños o desafíos: me acompañó siempre. Aun en los años en los que estuvimos separados, yo sabía que si tenía algun problema podía recurrir a él. Es una relación demasiado especial.
-¿La política tuvo algo que ver con el distanciamiento?
-No, no fue la política lo que nos separó. Empezamos a estar juntos de muy chicos. El me lleva diez años, y supongo que fue por inexperiencia.
-¿Por qué decidieron volver?
-Nos dimos cuenta de que él era el amor de mi vida y yo el de él. Sentimos que lo que teníamos era mucho más fuerte de lo que pensamos. Es muy difícil explicar por qué alguien ama a una persona. Encontré en Daniel a un amigo, un confidente, un gran compañero. A veces discutimos, a veces coincidimos, pero entre nosotros hay una conexión inquebrantable. Hay cosas que ni siquiera tenemos que hablarlas...
-El siempre te apoyó como empresaria, ¿no??
-El me ayudó mucho. Pero la falta de experiencia, el país, el hecho de que se trataba de una empresa familiar no ayudaron, porque en un momento la decisión era: me quedo sin familia o sin empresa, además de que la industria no estaba en su mejor momento. Todo eso, sumado a mis falencias, hicieron que fracasara, y me costó mucho levantarme. Tuve la chance de volver a intentar: Argentina me dio esa posibilidad y pude volver a reinsertarme laboralmente y encarar un emprendimiento. Siempre dicen que de los errores se aprende, pero hacerse cargo de un fracaso es fuerte, uno tiene mucho miedo y, sobre todo, mucha vergüenza.
-¿Qué momentos comparten?
-Las mañanas, porque los dos llevamos una agenda muy cargada. La cena también, pero por lo general hay más gente en la mesa. Siempre buscamos momentos para estar juntos. Daniel es muy rutinario y organizado. Así que yo lo acompaño en sus actividades. Los días que no trabajamos, desayunamos juntos, salimos a correr, almorzamos, dormimos un rato la siesta, pero al rato él se pone a leer cosas de trabajo. Y yo veo una película, porque a él no lo sentás a ver una peli de ningún modo? No se concentra, se duerme. En general, nos vamos a dormir temprano. Simple.
-¿Cuál de los dos es el más celoso?
-Yo soy terriblemente celosa. Le doy absoluta libertad para todo, y lo acompaño, pero las mujeres a su alrededor me dan celos.
-¿Qué cosas te obsesionan?
-El orden. Me cuesta mantenerlo en casa porque circula mucha gente, pero molesto bastante con ese tema. No me gusta abrir un cajón y que haya cosas mezcladas. Si hay un botón tiene que estar en la caja de los botones, soy tremenda y estructurada para el orden.
-¿Hablan de trabajo?
-En casa se habla de política todo el tiempo. Estoy informada, muy empapada de la política interna. Y con los años te vas dando cuenta de la importancia que tiene para el país, para la vida de la gente. Es una heramienta fantástica de ayuda. Como toda mujer, doy mi opinión, porque no lo puedo evitar, es más fuerte que yo. A veces coincidimos y otras no, y después Daniel resuelve lo que le parece, aunque me escucha.
-¿Por qué cosas discuten?
-Es muy difícil pelearse con Daniel, incluso en una discusión, porque no entra en polémicas. Te va llevando, no sé cómo hace, pero sigue charlando. Rara vez peleamos.
-¿Cómo fueron tus primeros encuentros con Lorena, su hija?
-Nada que ver con lo que es ahora. En el primer momento, me agarraron unos celos tremendos. Le dije a Daniel: ''Sé todo lo padre que quieras, pero no la mezcles en mi vida''. Por supuesto que lo primero que hizo fue todo lo contrario. Creo que tardó una semana desde que le dije eso hasta que me la presentó. Y a partir de ahí hemos tenido suerte, porque no fue un esfuerzo adaptarse, tenemos mucho en común, somos personalidades compatibles. Incluso, tengo muy buena relación con la mamá de Lorena. Siempre con mucho respeto por el lugar que ocupa la otra. Hoy Lorena trabaja conmigo en la empresa, en la Fundación y es mi gran compañera de vida. Su opinión es muy importante para mí.
-¿Eso te generó conflictos con Daniel?
-La primera vez que los vi juntos fue terrible. Porque yo veía una chica de 15 años abrazada a mi marido. Además, son igualitos y eso es fuerte. Me costaba entender que era su hija. Tenía miedo de ser desplazada.? Hoy tenemos una relación extraordinaria y delego mucho en ella. Es muy parecida a Daniel: estricta y responsable.
-Volviendo atrás, ¿cómo viviste el accidente de Daniel?
-En ese momento cursaba la Licenciatura en Sistemas en la facultad. Y, como tenía el complejo de modelo, siempre fui muy aplicada, me esforzaba y nunca me había llevado materias. Y ese día, mientras él estaba corriendo, estaba desconcentrada y rendí mal un examen. Volví a la oficina de mi papá y él me dijo que Daniel había tenido un accidente; pero no se animó a decirme que había perdido el brazo. Entonces partimos a Rosario, porque estaba internado, y cuando me estaba llevando al aeropuerto, prendí la radio. ''Le amputaron un brazo a Daniel Scioli'', escuché, y me dio un ataque de desesperación. Llegar a Rosario y hasta la clínica fue tremendo. El estaba en terapia intensiva y, por suerte, dormido. Tengo una imagen que no se me va a borrar nunca. ''¿Y ahora cómo sigue la vida, como sigue esta historia?''. Y cuando se despertó, él me hizo un chiste: ''Menos mal que fue el brazo y no otra cosa''. Me preguntó si lo iba a seguir queriendo y si quería casarme con él.
-Y se casaron…
-Si me hubieran dicho que mi marido iba a perder el brazo, hubiera entrado en pánico. Una vez que te pasa, las cosas se dan con naturalidad. Pensé: ''Sigue viviendo, pensando, respirando y es la misma persona de siempre''.
-Hace varios años que buscan tener un hijo, ¿qué sensaciones te provoca el proyecto de ser madre?
-De alguna forma, Lorena nos dio la posibilidad de sentir que somos una familia. Si bien no soy su madre, por el hecho de ser mayor, me siento así y eso es una experiencia increíble y le estaré siempre agradecida.
-¿Todavía querés quedar embarazada?
-Sí, claro. Hicimos varios tratamientos y ahora estoy haciendo uno de fecundación in vitro. Los anteriores fracasaron. Cada vez que falla un tratamiento es un tajo que se te abre en el corazón, es durísimo. Y te replanteás todo, pensás: ''Ya está, quizá no debería volver a intentarlo, quizá Dios no quiere que sea mamá'', y después volvés a considerarlo y, si bien las probabilidades no son tan favorables, hay pequeños porcentajes que siguen existiendo. Mientras haya esperanza, vamos a seguir intentando.
-Sos muy reservada con el tema.
-Hace dos años y medio que estoy haciendo tratamientos intensivos. Trato de no decirlo, pero es muy difícil aguantarse, porque una le pone tanta esperanza y va acumulando ansiedad… Pasa que cada intento demora mucho. Al principio vas haciendo tratamientos de ayuda, de asistencia y en estos últimos años son tratamientos in vitro. Cuando el resultado da negativo, pensás: ''¿Por qué, por qué, por qué?''.
-¿Consideraron la adopción?
-Todavía no lo planteamos, porque el día que me plantee la adopción será porque habré perdido las esperanzas de quedar embarazada. No digo de ser madre, porque una también es madre con un hijo adoptivo. Pero tengo miedo de que si considero la posibilidad de adoptar eso implique abandonar el sueño de quedar embarazada.
-¿Están de acuerdo en esperar?
-Realmente, nunca nos sentamos a hablar de la adopción. Daniel está tan ansioso como yo. Así que veremos qué pasa esta vez. Este año tengo mucha expectativa y concentro mis energías en ser madre, es mi prioridad.
-Tuviste una vida muy intensa, con momentos complicados. ¿Cuál te costó superar más?
-Cuando Daniel perdió el brazo pensé que él iba a cambiar completamente y que nuestra vida iba a ser otra. El incendio fue una gran pérdida porque se quemó todo, yo estuve en silla de ruedas y pensaba cómo iba a hacer para caminar, pero después llegaron las muletas y hoy camino. Aquello que antes te podía parecer muy difícil, luego lo vas superando. Lo que ya pasé, ahora me parece menos doloroso. Hoy lo que más me pesa es no poder quedar embarazada. Pero, como te dije, no perdimos la esperanza.
Fotos: Ignacio Arnedo
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