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Cada tanto, Agustina Ayllón deja escapar una risa sincera, contagiosa y por momentos inquieta. No tiene reparos en confesar -segundos después de intercambiar un cálido saludo de bienvenida- que, a pesar del tiempo transcurrido desde que se convirtió en esposa del diputado nacional Francisco de Narváez (57), en 2001, no logra acostumbrarse a los reportajes. Con los años, el perfil bajo se convirtió en el mejor escudo para proteger su intimidad y la vida privada junto a sus hijos Milena (7), Juan (4) y Antonio (2). Sin embargo, la abogada de 39 años le hace frente al grabador con soltura y decisión. Poco a poco, revela pequeños retazos de su vida: las escapadas al campo de Luján, los sueños de volver a ser madre y la vocación solidaria que realiza desde hace diez años como vicepresidenta de la Fundación De Narváez. ''Trabajamos con distintas organizaciones armando programas de educación y salud destinados a los más chicos. La familia y la infancia son temas que siempre me interesaron. Si bien la realidad nunca deja de ser dura, desde el lugar que cada uno ocupa, puede dar una mano. Es la suma de todos lo que hace posible que algo, por más chiquito que parezca, pueda cambiar.''
-Tu vida tuvo un giro inesperado desde que Francisco decidió seguir una carrera política. ¿Qué cosas cambiaron a partir de entonces?
-El tiempo que uno debe dedicarle a la política es muchísimo. En ese sentido, la vida de la mujer de un político es bastante solitaria. De repente, tenés que empezar a arreglártelas sola. Sé que a veces puedo contar con Francisco en alguna reunión familiar y otras, no tanto. Es una condición que viene con el trabajo.
-¿Ya aprendiste a vivir con la exposición?
-No. [Se ríe.]
-Conociste a un Francisco empresario. ¿Qué tal fue la charla de ‘querida, quiero dedicarme a la política´?
[Risas.] Lo hizo muy bien. Me tiró la idea en nuestra luna de miel mientras descansábamos en Tailandia. Imaginate, me podía decir cualquier cosa que sabía que yo le iba a decir que sí. En su momento no me impactó tanto la noticia porque en realidad era poco consciente de lo que en verdad significaba sumergirse en la carrera política. Nunca me imaginé que podía ser tan intensa y exigente.
-¿No hay reproches?
-No, nunca le reclamo. Estar casi siempre sola ya me parece natural. [Risas.] Cada uno tiene su propia realidad y nos arreglamos bastante bien para no perdernos y estar juntos. Trato de aprovechar cada momento que estoy con él. Y te repito, a mí me gusta mucho la política. Me parece que es un buen lugar para aprender un montón de cosas. Eso sí, el mayor costo lo sufre la familia. Eso es lo más duro, sobre todo cuando uno de tus hijos te dice: ‘Extraño a papá´. Por suerte, sabemos que es sólo hasta las elecciones. Lo cierto es que Francisco es un excelente padre, muy dedicado y cariñoso. Los chicos lo adoran y saben cómo es su trabajo.
-Es bien conocida su admiración por Perón y Evita. De hecho, en un remate compró un traje de gala y la biblioteca completa del general. ¿Vos compartís ese mismo fanatismo?
-Yo no tengo una identificación con un político en particular, más bien rescato cosas de muchos líderes. Me parece valioso lo que hizo Francisco. Los libros podrían haberse perdido, pero están bien cuidados. Cuando los veo me producen una fuerte emoción.
-¿Qué cosas admirás de tu marido?
-Francisco tiene una capacidad de trabajo increíble; intentar seguirle el ritmo puede ser agotador. [Risas.] Me gusta que tenga convicción en lo que hace, siempre va para adelante y se compromete. Y eso me llena de orgullo.
-¿Cómo se conocieron?
-Yo estaba almorzando con unas amigas en el Paseo Alcorta y Francisco apareció y se sentó con nosotras. Ginette Reynal nos presentó.¡Era tan obvio que quería seducir! [Risas.] Yo era muy joven, tenía 23 años y a él lo veía como a un tipo muy grande. Hablamos durante dos horas. Recuerdo que pensé: ''Yo con una persona así me casaría''. Después, llegó la química y todas esas cosas que surgen cuando estás enamorada. Y acá estamos…
-¿Qué actividades comparten en familia?
-Los fines de semana nos vamos todos al campo de Luján para que los chicos estén un poco al aire libre, jueguen, se ensucien con barro y sean felices. Esa es la actividad preferida de Francisco. Se levantan a la mañana, arman un picnic y no vuelven hasta el mediodía. Los domingos nos juntamos con los hijos mayores de Francisco [frutos de su anterior matrimonio con María Sara Fecchino], Paco, Martín y Jazmín. Traen a sus hijos y siempre comemos asado. Somos una gran familia.
-¿Qué cosas te hacen feliz?
-El valor está en lo afectivo, porque soy feliz con el hombre que amo y con mis hijos. Después, si hablamos de las tonterías diarias, un mate y un buen libro realmente me alegran la vida.
-¿Hay algún sueño que te quede por cumplir?
-Muchos, pero en este momento me gustaría tener otro hijo. Ya está en nuestros planes. Vamos a ver… Ahora depende de Dios.
Texto: Jacqueline Isola
Fotos: Paul Roger
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