Malena Guinzburg, en cuarentena: "Lloro todos los días"

Malena Guinzburg, entre el Candy Crush, las lágrimas, el vino y el ukelele
Malena Guinzburg, entre el Candy Crush, las lágrimas, el vino y el ukelele Crédito: Victoria Gesualdi
Fernanda Iglesias
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1 de mayo de 2020  • 14:50

Desde que empezó el aislamiento obligatorio por la pandemia de coronavirus , Malena Guinzburg comenzó a escribir un "Diario de cuarentena" que decidió hacer público en sus redes sociales. En tono de humor, cuenta los problemas que enfrenta en su encierro: ruidos, insomnio, una lamparita rota y un dedo cortado son algunas de las peripecias que le tocó enfrentar en este tiempo.

Consultada por LA NACION, Malena, risueña, no desmintió nada de lo publicado: "Todo lo que cuento es cierto, la estoy pasando mal".

La cosa comenzó desordenada para ella porque la cuarentena la pescó lejos de su casa. "En noviembre comencé una obra para hacer unas refacciones y, para estar tranquila, me mudé a un PH que tenía que dejar a fin de marzo", relata. "Obviamente, no me pude ir y me tuve que quedar acá, donde sólo me traje ropa de verano y algunas otras cosas. En el medio estuve mal de amores, eso es lo que peor me tiene, pero se me junta con otros problemas como la presión del agua o el calefón que no sé encender porque no lo conozco bien y bueno, la paso pésimo".

Y aunque entiende que hay gente en situaciones peores que la suya, eso no la consuela. No se queja, pero extraña su vida de antes. "Me gustaba hacer teatro, salir de gira, ir a la radio, comer con amigos... Yo no sé si voy a aprender algo de todo esto, como dicen. No sé si voy a ser mejor persona o qué. Sólo sé que la estoy pasando mal y que desde que empezó la cuarentena estoy mucho más sensible: lloro todos los días".

También, aclara, tiene momentos en los que disfruta y se divierte. De lunes a viernes, desde su casa, sale al aire en Basta de todo, el programa de Radio Metro donde es columnista. "Eso me gusta, lo hacemos por Zoom y por lo menos nos vemos las caras, pero extraño estar en contacto con otros humanos, hace más de cuarenta días que no toco a nadie y necesito abrazar, besar, sentir al otro. Yo soy muy sociable y esto me cuesta".

Con los que sí tiene contacto es con sus vecinos. No los conocía de antes, pero ahora la adoptaron como una hija: le cocinan y le alcanzan, a través de la medianera, un plato con comida caliente. Malena suele acompañar esos manjares con un buen vino. "Tengo mucho más alcohol en sangre ahora", admite.

Otra cosa que le preocupa es el insomnio. "Me despierto todos los días a las 3 AM. Lo primero que hago es tuitearlo, después me quedo paveando con el celular o hago algún ejercicio de respiración. A veces me vuelvo a dormir a las 7 AM, es un quilombo". Y no es que no esté acostumbrada a vivir sola, porque hace bastante que solo comparte su casa con una gata. Pero, como ella dice la cuarentena la agarró "en un mal momento".

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Hoy cumplo un mes de encierro y mi cuerpo y cabeza lo saben!!!!

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Una de las cosas que la entretiene es jugar al Candy Crush. "Es una adicción -admite-. El domingo, por ejemplo, estuve todo el día jugando, con vidas ilimitadas. No hice ninguna otra cosa, más que eso". También toca el ukelele y le gusta cocinar, pero no hace actividad física en el encierro. "Yo caminaba un montón, sin embargo ahora estoy muy quieta, no me enganché con ninguna clase". Tampoco se obsesionó con la limpieza. "No tengo ese toc. Hago el protocolo cuando vuelvo del supermercado, pero no frenéticamente". Lo que sí continúa son sus sesiones de terapia, ahora online. "Igual, la psicóloga está peor que yo", bromea.

¿Cómo será la vida una vez que esto pase? ¿Servirá este aislamiento forzado como material para hacer reír? "Seguro todos vamos a hablar de la cuarentena y del coronavirus porque nos está afectando, pero, la verdad, hubiera preferido no tener de qué hablar antes que sufrir todo esto".

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