Marcela Villaflor Piazzolla: nieta de Ástor y sobrina de Azucena Villaflor, sufrió el suicidio de su padre y encontró un “regalo” de su madre que convertirá en película
A cincuenta años del golpe militar, la escritora y productora Marcela Villaflor Piazzolla presentó en sociedad Mientras tanto, un cortometraje basado en grabaciones inéditas de Diana, su madre, dirigidas al compositor de “Adiós Nonino”
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Marcela Villaflor Piazzolla es hija de Diana Piazzolla y Osvaldo Villaflor. Su madre murió hace dieciséis años y su padre cuando su hija había cumplido los quince. En su árbol genealógico se destacan nombres con resonancias culturales, políticas y sociales.
Marcela es nieta de Ástor Piazzolla y en su rama paterna se encuentra el nombre de Azucena Villaflor, una de las fundadoras de la organización Madres de Plaza de Mayo, asesinada durante la última dictadura militar, que irrumpió luctuosamente en nuestro país hace cinco décadas. “Llevo apellidos con mucho peso”, reconoce la escritora y productora.
Por estas horas, Marcela Villaflor Piazzolla se encuentra abocada a los destinos de un proyecto que se inició con el corto Mientras tanto, dirigido por las realizadoras Flor Berthold y Carla Scatarelli y protagonizado por Queli Berthold, inspirado en las grabaciones inéditas que Diana Piazzolla registró para su padre, el creador de partituras como “María de Buenos Aires”.
El material ya cuenta con un reconocimiento en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata como Mejor Cortometraje del Mercosur, otorgado por Recam.
El film propone un cruce entre documental y ficción a partir de un dispositivo narrativo singular: una charla póstuma imaginaria entre Diana Piazzolla y su padre, Ástor Piazzolla.
El proyecto nace del hallazgo de grabaciones registradas por la escritora y construye un homenaje que la rescata no solo como hija del gran músico, sino como mujer e intelectual, atravesada por el exilio, la enfermedad y una relación compleja marcada por la admiración y por todo aquello que quedó pendiente.
Marcela Villaflor Piazzolla, productora de este material, puntapié inicial a un futuro largometraje, tiene 48 años, nació en México, el país que cobijó a sus padres en el exilio de la Argentina.
“Mi padre fue preso político en nuestro país y, por una ley, pudo salir. Mis padres se casaron en Argentina y vivieron como pudieron ya que, mi papá, luego de la dictadura, quedó muy mal, padeciendo una gran depresión”.
Diana Piazzolla y Osvaldo Villaflor eran militantes: “Mi papá lo hacía en el peronismo de base y mi mamá, que también militaba en el peronismo, era bravísima, llegó a tomar YPF y era muy admirada por sus compañeros”.
Osvaldo Villaflor era primo de Azucena. “Pensar en ella es pensar en una revolucionaria y en una lucha que sigue aún hoy. Las Madres de Plaza de Mayo no bajan los brazos”, suma Marcela Villaflor Piazzolla, madre de cuatro hijos.
Diana Piazzolla escribió 36 mudanzas, una novela biográfica que refleja su destino nómade, por elección y por razones políticas. “Luego se mudó dos veces más, conformando una vida con varios lugares para habitar en México, Perú, Estados Unidos y Argentina”.
El largometraje que producirá Marcela Villaflor Piazzolla tomará como base ese material literario, más las grabaciones póstumas que Diana le dedicó a Ástor Piazzolla y otras que reemplazaban el correo epistolar y las comunicaciones telefónicas.
Incunable
-¿En qué consisten las grabaciones que hallaste?
-Encontré grabaciones que mis padres enviaban desde México a sus familiares en Argentina, porque llamar por teléfono era muy caro. En ese proceso de hallazgos, di con una grabación que no pertenecía a ese período mexicano, sino que era más reciente, donde Diana le hablaba a su padre, ya fallecido.
-¿Qué exponen esos audios?
-Le confiesa todo lo que no le pudo decir y lo que le hubiera gustado decir. Un gran hallazgo.
Esos parlamentos incunables se encuentran grabados en los dos lados de un casete. “Los encontré en medio de tesoros de mi madre que fui tomando una vez que ella falleció”.
En ese acervo aparecieron discos que habían pertenecido a Ástor Piazzolla, libros, anotaciones y grabaciones varias: “La última que escuché fueron esas palabras hacia su padre”.
-¿Qué te sucedió cuando escuchaste la voz de tu madre dirigiéndose a su padre?
-Lloré mucho. No todos los padres son Ástor Piazzolla, pero, sin embargo, refleja mucho lo que puede sentir cualquier hijo al pensar en aquello que no le dijo a sus padres. Fui a mi propia historia y pensé en cuántas cosas me hubiera gustado decirle a mi papá, con cuánto me quedé adentro.
-Eras chica cuando él falleció.
-Pero también madura, porque atravesé muchas situaciones que me hicieron crecer de golpe. De hecho, la pregunta que me hubiera gustado hacerle a mi padre es “¿cómo te puedo ayudar?”, porque él se suicidó cuando yo tenía quince años. El suicidio no tiene explicación y no hay que hacer preguntas sobre los por qué.
-¿Quedó algo pendiente con respecto al vínculo con tu madre?
-Pude decirle todo lo que sentía. Además, como fui madre a los 19 años, se generó algo que impactó fuerte en la familia.
Uno de los valores de la narrativa del cortometraje Mientras tanto es que interpela al espectador, en tanto se trata de una historia que propone la identificación. “Seguramente, quien vea el corto se preguntará ´¿qué casete grabaría y a quién se lo dirigiría?´”.
Marcela Villaflor Piazzolla recuerda algunas de las frases que su madre le grabó a Astor: “Nunca te vi llorar, tal vez escribir ´Adiós Nonino´ fue tu manera de hacerlo”.
-¿Cómo era la relación con tu madre?
-Nadie se podía llevar mal con ella, era muy amorosa, me contaba mucho sobre sus proyectos, pero, curiosamente, jamás me habló sobre los casetes, no sabemos qué hubiese querido hacer con eso, seguramente una novela. El proyecto lo tomé en honor a ella, para tenerla cerca. Pienso que estaría feliz con la película.
En cuanto Marcela escuchó esas declaraciones de su madre, entendió que había una misión por cumplir: “Si no se lo pudo decir a su padre, yo voy a hacer que, de alguna manera, se lo pueda decir”.
El futuro largometraje rondará en torno al imaginario de Diana Piazzolla, pero, en principio, no se contemplará la escucha directa de los casetes, se trataría de un material ficcional interpretado por una actriz.
Diana Piazzolla finalizó sus días amparada en un tanque de oxígeno, dispositivo que no le impedía llevar una vida casi normal. “Nada la detenía, era una gran luchadora. En su última internación, me dijo: ‘no sé si voy a salir de ésta’, casi como que nos estaba pidiendo, a mis hermanos y a mí, permiso para partir”.
Con su hermano Daniel, también nacido en México, en medio del exilio de sus padres, dio origen a la Fundación Ástor Piazzolla, Arte y Educación. La familia se completa con dos hermanos más, Mariana y Ariel, de nacionalidad argentina y fruto de la relación de Diana Piazzolla con otra pareja.
Años de plomo
-Ante la militancia de tu madre, ¿qué postura tomaba tu abuelo ástor?
-Él era un revolucionario como ella. Ástor desde la música y mi madre desde la política. Creo que, en un punto, la entendía, pero a Astor le daba mucho miedo. De hecho, mi mamá se entera que los militares la querían matar, porque (Bernardo) Neustadt se lo cuenta a mi abuelo. Fue él quien le dijo a su hija: “Diana, estás en una lista negra, te van a matar”. Ahí fue cuando mi madre se fue, mientras mi padre estaba preso en Villa Devoto, donde fue torturado. Cuando se sacaba la remera le podía ver las marcas de las torturas. Desde que nací, él padeció depresión. Como era muy curiosa, lo escuchaba hablar detrás de la puerta sobre sus amigos desaparecidos, por eso cargué con muchas mochilas.
-¿A qué te referís, puntualmente?
-Durante años soñé con Falcon verdes y gente que me perseguía, algo que reflejé en mi autobiografía, Las niñas grandes ya no toman biberón.
-¿Considerás que quienes no atravesaron una tragedia como la que le tocó transitar a tus padres, logran dimensionar la cuestión en su verdadera dimensión?
-Se habla mucho sobre los desparecidos y los exiliados, pero poco de los hijos y de las familias. En algún momento, a mis hijos más chicos les tendré que contar que su abuelo se suicidó y que es, en definitiva, un muerto más de la dictadura.
-¿Cómo fue en tu caso? ¿Cómo procesaste lo que les había sucedido a tus padres?
-Son muchos años de terapia, me costó entender, no sólo lo que vivió mi papá, sino también lo que atravesó y sufrió mi mamá, hubo una generación que tuvo que abandonar su país. Las marcas se graban de por vida, tengo 48 años y no puedo ver una película donde haya alguien que se suicide. Y no soporto que alguien diga “si me pasa tal cosa me suicido” o “me mato”. Eso en mi familia no se escucha, porque entendemos que no es broma repetir esas frases, porque hay gente que lo hace realmente. Sé que cuando les cuente la historia familiar a mis hijos, que son chicos, los voy a cargar con una mochila pesada, pero lo debo hacer.
“Noni”
Marcela Villaflor Piazzolla tenía quince años cuando falleció su abuelo Ástor y, a los pocos meses, pereció su padre. También un golpe demasiado duro para Diana Piazzolla, quien perdió a su padre y a su marido en poco tiempo.
-¿Cómo fue tu relación con Ástor Piazzolla?
-Tuve la relación que pudimos tener cuando se tiene un abuelo como Ástor, que es más de “allá” que de “acá”.
Marcela tenía siete años y su hermano Daniel había cumplido los cinco cuando sus padres decidieron regresar a la Argentina.
“Con mi abuelo nos conocimos en México, cuando él viajó para vernos”. En ese tiempo, Diana Piazzolla mantuvo charlas con el autor de “Verano porteño” que registró en su novela Ástor. “Allí fue cuando se reconciliaron”.
-¿Estaban distanciados?
-Sí, cuando mi madre dejó Argentina fue un golpe para toda la familia.
Hubo algunos hechos puntuales que también incentivaron el distanciamiento entre padre e hija. “Como tantos artistas que fueron obligados a hacerlo, mi abuelo tuvo que encontrarse con (Jorge Rafael) Videla, algo que mi mamá nunca le perdonó”.
-¿Cómo surge la reconciliación?
-Cuando se volvieron a ver, mi abuelo le confesó a mi madre: “Tenía miedo, te pido perdón”. Luego de eso, mi madre grabó algunas charlas y de ahí surgió el libro Ástor, que él amó.
-El miedo de Ástor Piazzolla, ¿era en relación a su propia vida?
-No lo sé, quizás el temor era en relación a su hija. No lo puedo saber, sería meterme en su cabeza.
-¿Pudo comentarle al entonces presidente de facto la situación de exilio de tus padres?
-No creo. ¿Cómo hablás con (Jorge Rafael) Videla sobre esos temas? ¿Para hacerlo reflexionar?
-Tus padres, por ser militantes peronistas, se encontraban en el exilio. Toda una paradoja, ya que el peronismo, en términos generales, no acarició especialmente la música y la figura de Ástor Piazzolla.
-La gente, en general, no apoyaba su música.
-La relevancia de su obra se da en nuestro país luego de su consagración europea.
-El rompió con lo impuesto, el tango tenía que ser de determinada manera, no podía ser diferente. Mi abuelo irrumpió con un vuelo que considero de avanzada.
-Disruptivo.
-Totalmente disruptivo. Fue difícil aceptarlo.
Dado el alejamiento geográfico, las diferencias conceptuales entre su madre y su abuelo, y su escasa edad, el vínculo entre Marcela Villaflor Piazzolla y su abuelo Ástor no fue lo suficientemente fluido, aunque logró atravesar algunos momentos de amorosa contención.
“No teníamos mucho tiempo para verlo, se la pasaba dando vueltas por el mundo. Por otra parte, cuando él enfermó yo tenía tres años. ¿Qué podía hablar con él? Además, había llegado a Argentina cuando había cumplido los siete, así que tenía una gran confusión en mi cabeza. De hecho, había dejado mi país, que era México; siendo una niña ya tenía un exilio encima. Con mi hermano no entendíamos a la Argentina, comenzamos el colegio hablando ‘en mexicano’. Me hicieron tanto bullying que tuve que aprender a hablar ‘en porteño’”.
No hay vestigios de la tonada de sus compatriotas chilangos. Aunque, con gusto, imita aquella melodía lingüística con precisión. “Amo a México”.
-Entonces, con tu abuelo los encuentros eran esporádicos.
-Y confusos, porque me enfrentaba a Ástor Piazzolla.
-Pero se trataba de tu abuelo.
-También era mi abuelo, con lo cual, todo era muy extraño. De todos modos, él era muy amoroso.
-¿Qué cosas “de abuelo” expresaba?
-Nos hacía regalos permanentemente y recuerdo que me preguntaba qué quería ser cuando fuera grande, un clásico de todo abuelo.
-¿Qué le respondías?
-“Bailarina”. En ese tiempo estudiaba danzas y esa era mi vocación.
-¿Te apoyaba en esa iniciativa?
-Me decía, “lo que vos quieras ser, si lo hacés con pasión, lo vas a lograr”.
-Él fue un claro ejemplo de la fusión del talento con el esmero pasional.
- En aquel momento, no entendí la dimensión de la palabra “pasión”, hoy la siento. Creo que hoy estaría muy orgulloso viéndome escribir teatro, produciendo la película.
Marcela Villaflor Piazzolla fue creciendo mientras la vida de su abuelo se aletargaba, producto de un ACV que, finalmente, y luego de varios años de padecimiento, pudo con su vida. “Lamentablemente, lo que más recuerdo de mi relación con él tiene que ver con el tiempo en el que estuvo enfermo. Él ya estaba en la cama y no podía hablar, así que nos comunicábamos de otra manera. Le abría la ventana de la habitación y él, con un gesto con los ojos, me daba a entender que no tenía ganas de que la cortina estuviera descorrida. Me acuerdo cuando le agarraba fuerte la mano y él ponía una cara inexplicable. Tanto se puede decir con la mirada. Le acariciaba las manos, le hacía bromas. Fueron los momentos donde más me sentí nieta. Paradójicamente, era una relación que no se basaba en las palabras, pero una mirada o un apretón de manos pueden decir mucho más”.
-¿Escuchás su música?
-Sí y se la hago escuchar a mis hijos, que son fanáticos de “María de Buenos Aires”.
Si de balances se trata, Villaflor Piazzolla reconoce, antes de finalizar la charla con LA NACION, que pudo confesarle a su abuelo aquello que más anhelaba poder verbalizar. “Por suerte le pude decir ‘Noni te quiero’”. Y el virtuoso músico apretó su mano, una vez más, y pestañó con recurrencia. Un código amoroso entre abuelo y nieta.
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